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Viernes, 16 Mayo 2014 16:07

Las circunstancias del reino de Macedonia anteriores a Filippo II.

Escrito por  J. Aguinaga
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Para acercarnos verídicamente a la figura de Alejandro III de Macedonia y todo lo que significó, no podemos partir de otro punto que no sea conocer el entorno y las características humanas, geográficas y culturales en las cuales se gestó tal personaje clave para conocer la antigüedad más próxima. Alejandro fue él y sus circunstancias. El entorno será, como en cualquier investigación, el escenario a partir del cual realizar nuestras indagaciones. Un escenario que consta con pocas fuentes, aún menos fuentes directas, dependiente en gran medida de los hallazgos arqueológicos y de las fuentes grecorromanas y que en la actualidad vive cierta controversia política, derivada de la interpretación en base al presente y de diferentes intereses modernos.

Geográficamente hablando, el territorio que conformaba el antiguo reino de Macedonia es muy distinto al que comprendía a las polis griegas, siendo este más fértil, frondoso y rico que la vecina península del Peloponeso. Macedonia era un reino rodeado de altas montañas (la más imponente el monte Olimpo de 2917 m.), que confirieron un marcado carácter a sus habitantes e incluso originaron según algunas interpretaciones la misma raíz del nombre de Macedonia. De igual importancia fueron los recursos hídricos de los que contaron los habitantes del reino. Ríos caudalosos, sin el gran estiaje que presentan los ríos peninsulares y rodados de fértiles llanuras, denominadas Ematia y Pieria, donde se localizó la mayoría de la civilización macedónica.  Esta riqueza hídrica también derivó en problemas de salubridad, con abundantes marismas y pantanos generando por ejemplo focos de malaria.

La dualidad geografía entre montaña y llanura generó por ejemplo la división, podríamos denominar administrativa, entre Baja y Alta Macedonia, con una gran independencia y protección de esta última parte del reino. En cuanto al clima, no era comparable al mediterráneo, ya que presentaba veranos muy calurosos y de intenso calor húmedo, en gran parte derivado de los abundantes recursos hídricos de la zona. Por su parte, los inviernos serían muy fríos, característicos de zonas montañosas, con abundantes bajadas de temperaturas que propiciarían congelaciones. Dichas características originaron una población de marcado carácter y costumbre trashumante y una menor presencia de poblamientos estables o desarrollo de grandes ciudades.

En cuanto a los recursos, Macedonia fue un reino rico en recursos forestales, con abundante madera de buena calidad (utilizada por ejemplo en sus famosas sarisas). Abundaban también ríos auríferos, y eran conocidas las minas de oro del monte Pangeo, además de numerosas explotaciones de hierro, cobre, níquel… que otorgaban numerosos recursos y una gran ventaja a los monarcas macedónicos frente a sus vecinos.

Como todos los reinos de la antigüedad, y numerosos estados y colectivos modernos, el reino de Macedonia intentó dotarse de un origen mitológico como mínimo a la altura del de sus vecinos. Con la gestación de la figura de Macedón, origen del pueblo de Macedonia, lograron emparentar, al menos mitológicamente con los fundadores de los pueblos griegos: Deucalión, Heleno y Pelasgo a través de diversas genealogías. Parece ser que las diferentes interpretaciones y genealogías responden a los intereses coetáneos al tiempo en que se formularon: adaptándose a la realidad macedónica.

En cuanto a su casa real, los macedonios emparentaban, según su origen mítico con la Casa Real de Argos. Era costumbre localizar el origen de las casas reales en territorios de cierto prestigio cultura y renombre histórico, alejados del territorio que gobiernan. Mediante cierto relato de Heródoto por ejemplo se logra emparentar a la casa real argeada nada más y nada menos que con Heracles. Otro de los ascendentes de la casa real macedónica sería, según la mitología, del héroe Perseo.

En cuanto a las características del estado macedónico previas a la llegada de Filippo II, dos son las teorías sobre sus características que encienden el debate historiográfico aún en nuestros días y que son irreconciliables desde los preceptos utilizados:

-En una primera teoría, el estado macedónico se articularía de una forma que podríamos denominar constitucional, donde la asamblea del ejercito tendría entre otras capacidades la de designar y elegir al nuevo monarca cada vez que fuera necesario y con jurisdicción legal para juzgar los casos de asesinato.

-En una segunda teoría, el estado macedónico sería un estado personificado en la figura del monarca, de manera autócrata. El poder del rey, similar al monarca absoluto, solo se vería condicionado por la búsqueda de apoyos puntuales para sus acciones. La asamblea del ejército no tendría aquí poder efectivo alguno.

Estas dos teorías explican desde puntos completamente antagónicos las acciones ocurridas en el periodo a estudiar, y ambas encuentran en la tradición y el estudio moderno abundantes pruebas que las legitiman y que al mismo tiempo falsean la contraria. Cabe nombrar que la primera teoría fue formulada por Granier en 1931 y las críticas que generaron la segunda teoría tienen su origen en Francisci en 1948. La falta de pruebas concluyentes y de fuentes directas sobre el periodo, así como el que la mayoría de las referencias existentes se refieren al reinado de Filippo II y de Alejandro III, la discusión sobre las características del estado macedónico está lejos de finalizar. El estudio de las actuaciones de Filippo II y Alejandro III, por su parte, reaviva aún más el debate en vez de apaciguarlo. Interpretaciones modernas tienen puentes entre ambos puntos de vista.

Una vez establecidas las características anteriormente referidas, sería necesario establecer si los macedonios eran realmente griegos, osimplemente asimilaron por prestigio su cultura. No pocas interpretaciones modernas originan pocos conflictos con esta misma pregunta.

Los macedonios tuvieron una serie de características propias que les diferencian de la mayoría de los griegos, como son: la parresia o libertad de palabra ante sus reyes; el tomar el vino puro y no diluido en agua como los griegos; la discusión de los asuntos políticos mediante el banquete en lugar de la existencia de un espacio público, con los riesgos que comportaba el abuso del alcohol; la práctica habitual de la poligamia; la no existencia de preeminencia en el primogénito sobre el resto de hermanos, si no de aquel de mayor valía (en principio) o popularidad; la iniciación guerrera de sus ciudadanos mediante el uso de la violencia, tratándose de una sociedad fuertemente militarizada; la inexistencia de una religión cívica asociada a cada urbe; la aceptación de las relaciones sexuales entre hombres como algo socialmente aceptable e incluso recomendable; por último, frente al valor ciudadano del conjunto representado por las polis griegas, el presentar el acto individual según los preceptos homéricos como acto de valor. Todas estas peculiaridades encienden el debate, entre otras muchas, de si los macedonios fueron realmente griegos.

Según establece Heródoto son la religión, la lengua y la descendencia las que establecen si un determinado pueblo pertenece a un ámbito o no. En el caso macedónico, la falta de fuentes fiables y de pruebas concluyentes sobre el periodo, muy interpretado por fuentes posteriores, solo indican que es un debate que se prolongará y encenderá según intereses en el tiempo.

Por lo que respecta a la historia, Macedonia aparece frecuentemente bajo influencia Persa y alejada de los preceptos helenos. No obstante, la misma evolución del reino, sobre todo a partir del reinado de Alejandro I Filoheleno y una vez finalizadas las Guerras Médicas, el acercamiento fue cada vez mayor hasta el dominio real de Grecia en manos de Filippo II tras la batalla de Queronea, con el aniquilamiento del batallón tebano y la capitulación ateniense, en el 338 a. C.

Con esta batalla, finalizó el sueño de la hegemonía de las polis griegas y empezaba la época de los grandes reyes: Filippo II y Alejandro III.

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