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Viernes, 13 Julio 2012 02:00

Nadar para morir en la orilla

Escrito por  J. Aguinaga
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Periódicamente a lo largo de la historia, las cuencas mineras han sido un foco de levantamiento proletario y de reivindicación de justicia e igualdad. Fue la cuenca minera de Asturias la primera en conocer la democracia que nos traía el caudillo con voz de pito en la década de los treinta y es allí donde se ve una vez más que el abrazo del liberalismo económico aprieta y ahoga al personal. Mi solidaridad para con los mineros que han demostrado que juntos pueden lograr muchos más que por separado. Ojala fueran ejemplo para más sectores de la sociedad.

No obstante, si tengo un apunte que hacer a las reivindicaciones mineras: no tienen futuro. Me explicaré: deberían ser los mismos mineros los que evitaran que sus hijos, nietos o familiares entraran a trabajar en un sector que lleva años agonizando y sobreviviendo de ayudas. Unas ayudas que, vaya por adelantado si les fueron prometidas, deben recibir. Mi pregunta es otra: ¿Qué se hace con esas ayudas?

Por qué si son para pagar sueldos y equilibrar la balanza económica de las minas, están prolongando el desenlace. La mina no debería ser el futuro de nadie tal y como es en España. En los años 80 y principios de los 90 ya tuvimos reivindicaciones mineras en Asturias y lograron subvenciones pero… ¿para qué fueron usadas? ¿Se generó un modelo productivo alternativo? ¿Se invirtió en nuevas industrias? ¿Se consiguió un fuerte sector servicios? ¿Se invirtió en I+D+I? la respuesta es NO. Se siguió invirtiendo en la mina.

Puedo entender que mineros de cincuenta años puedan y deban recibir subvenciones hasta que su oficio se extinga. Un oficio que en el mundo moderno y competitivo no es rentable, pero no por ello debemos tirarlos a la basura, tienen derechos como trabajadores y personas. No entiendo ya, teniendo en cuenta los antecedentes, que haya mineros jóvenes. ¿Acaso esperan continuar viviendo de subvenciones una generación más? ¿Y luego otra?

Quizás no les hayan ayudado sus gobernantes y dirigentes, que en este país ellos mismos eligieron hay que recordar. Quizás a nadie le guste asumir que su presente es pasado. Pero si alguien no se lo dice, dentro de veinte años tendremos una nueva generación de mineros que pedirá subvenciones para sobrevivir y alimentar a sus hijos…unos hijos que terminarán en la mina. ¿No merecen un futuro mejor?

No son culpables los mineros y sus familias, pero sí un poco responsables de su situación. No solo hay que darles medios para una reconversión industrial y un cambio de modelo productivo, hay que aprovechar esas subvenciones. Hay que aprovechar el momento. Es un mal endémico de este país utilizar las ayudas para dejarlo todo como está, porque a nadie le gusta cambiar. Parten de la premisa falsa que algo funciona, pero ¿necesitaría subvenciones si funcionara?

Cambiar es bueno. Evolucionar mejor. Esa mentalidad conservadora de no tocar nada, la que padecemos la mayoría cuando nos van bien las cosas o eso creemos, a la larga, tan solo será nadar para morir en la orilla.

J. Aguinaga

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