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Sábado, 19 Enero 2013 10:33

LO REPRIMIDO O LA TENTACIÓN DE SAN ANTONIO

Escrito por  Monsieur de Mortimer
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Félicien Rops

 

lo reprimido, en su retorno, sale a la luz desde lo represor mismo (Sigmund Freud)

 

 

            

Como premonición del sabio, el viejo eremita estudiaba el ejemplo de José, firme en la tentación de la esposa de Potifar. La única abundancia de la triste morada eran grandes volúmenes que escondían el inefable secreto de la llama divina. Y los deseos más reprimidos escenificaron su fuego sobre la pureza de la contemplación del asceta.

           

El horror se hace carne y el monje rechaza la inmundicia de su alucinación. La cruz de Cristo sostiene apenas una mujer desnuda, quizá una antigua diosa olvidada; su corona de pálidas rosas no puede detener el vuelo libre de los áureos cabellos; su erótico desmayo es el inadmisible rechazo de la concupiscencia. El escarnio de la inscripción, la burla romana de la cruz, ha sido retirado por EROS. El Diablo asoma bullicioso detrás, un amplio manto rojo cardenalicio cubre todo su cuerpo menos los cuernos que lo perforan, la lúbrica esmeralda exangüe del rostro y las retorcidas manos de marchita elegancia que sujetan el cadáver de Cristo, rígido en su muerte sin voluntad. La inocencia estilizada hasta el esqueleto y las inexpugnables miradas cavernosas, dicen que dos querubines se divierten con la escena. Y un cerdo consumido de vicio todo lo observa impasible, acomodadas sus pezuñas sobre las Sagradas Escrituras.

 

El terrible escorzo del eremita permite la exhibición de una piel oscurecida de virtud bajo el andrajoso hábito. Mientras, el ímpetu torrencial de sus barbas baila al unísono con los cabellos del pecado que desprecia con repugnancia histriónica. La belleza del cuerpo femenino, su perfección de estatua animada que desfallece por la ambición del deseo, consuma la perdición de la santidad. Los ojos del eremita posarán extasiados ante la llamada del placer durante la fugacidad eterna de la tentación demoníaca.

 

El triunfo de la tentación hubiera salvado la Libertad.

 

  

Félicien Rops, La tentación de San Antonio (1878)


Modificado por última vez en Sábado, 19 Enero 2013 12:07

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