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Viernes, 15 Marzo 2013 19:01

PRODIGIOSOS MIRMIDONES. ANTOLOGÍA Y APOLOGÍA DEL DANDISMO

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot. La Taberna nº 13. ISSN: 2255-0828.
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funoEl hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono, según la RAE, significa al dandi. La simpleza de esta definición sobrevive en la imaginería popular, por este motivo se agradece el libro que han coordinado Leticia García y Carlos Primo, Prodigiosos mirmidones. Antología y apología del dandismo (Madrid, Capitán Swing, 2012), donde nos acercan al verdadero significado del dandi a través de la literatura. 

Los estudios sobre este fenómeno tan singular han sido escasos en español. Francisco Umbral, Luis Antonio de Villena -prologuista de la obra que reseñamos- o Félix de Azúa han abordado el tema desde la acertada perspectiva de ejemplificar el dandismo a través del comportamiento vital y artístico de algunos de sus más representativos integrantes. Porque, como ponderan los autores de este proyecto en su introducción, existen tantos dandismos como dandis, con todo su derecho a contradecirse.

                El título de esta antología y apología del dandismo ha sido escogido entre la capital aportación teórica al concepto de Baudelaire, quien asimiló el dandismo a los mitológicos mirmidones, pueblo esforzado en cultivar unos campos pedregosos, como el dandi labora su incomprensión entre la sociedad. Aunque el dandismo es producto del siglo XIX, los antecedentes pueden ser muchos, Alcibíades o Julio César son propuestos por el poeta de Las flores del mal. En Prodigiosos mirmidones se celebra la figura del dandi mediante la creación literaria: fragmentos de novelas, relatos cortos y textos ensayísticos -la inclusión de pasajes poéticos hubiera completado la antología-. La imagen del dandi se fraguó, sobre todo, en la persona de George Bryan Brummell, árbitro, como suele decirse, de la elegancia inglesa del periodo de la Regencia. La originalidad de la vestimenta y la peculiar insolencia de su comportamiento lo convirtieron en leyenda. Así es como el dandi de carne y hueso se convirtió en personaje de ficción en las novelas conocidas por “Fashionable Novels”. Ejemplos cimeros son los protagonistas de las tres obras recogidas aquí -Disraeli, Vivian Grey; Lister, Grandby; Bulwer-Lytton, Pelham-, en que la provocación irreverente de sus actitudes y la delectación por una apariencia singular, distinguían sus periplos por exclusivos salones aristocráticos infestados de una sociedad mediocre.

            Bastante más escasos son los textos teóricos sobre el dandismo, convertidos en clásicos fundamentales los pioneros de Barbey d´Aurevilly, Balzac y Baudelaire. Era, por tanto, necesaria la inclusión de estos tres capítulos, que ensanchan el fenómeno al terreno intelectual. Porque Brummell solo dedicó su vida a ser un dandi; más tarde inspiró la vida y la obra de escritores y artistas, que pudieron ser dandis ellos mismos. Resulta irresistible la cita baudeleriana en relación a la creencia de que el dandi solo es un ser extremadamente elegante: “El dandismo ni siquiera es, como parecen creer un gran número de personas poco reflexivas, la inmoderada afición a la toilette y a la elegancia material que se le ha atribuido. Para el perfecto dandi, esas cosas no son más que un símbolo de la aristocrática superioridad de su espíritu”. Queda así consignada la rebeldía del dandi, que la hará ostensible con una elegancia disidente que representa lo accesorio de su protesta. Con la absorción francesa del dandismo, éste confluirá con el simbolismo y sus preceptivas de esteticismo decadente. Otra figura destacará en este nuevo panorama del dandi: el conde Robert de Montesquiou, que, aunque fue un refinado poeta, se le ha recordado por ser el modelo del dandi finisecular, inspirador de algunos personajes literarios de gran relevancia, entre los que destacan el barón de Charlus proustiano y el duque Des Esseintes de À rebours -A contrapelo- de Huysmans. La presente antología recoge el primer capítulo de esta última obra, novela crucial del decadentismo donde su excéntrico protagonista consagra su retirada del mundo parisién al placer de unos ideales estéticos que representan una absoluta oposición al gregarismo de su sociedad. Como un hijo de Des Esseintes puede considerarse otro antologizado, el increíble personaje de inusitados programas estéticos y perversidadesque se exhibe en Monsieur de Phocas de Jean Lorrain.

            Muestras reveladores de que el traje o cualquiera de sus complementos son solo el vestigio más superficial del dandi, lo hallamos en los textos aquí recogidos de Albert Camus o F. Umbral. En el primero de ellos, el título del escritor francés no puede ser más esclarecedor en cuanto a sus intenciones: El hombre rebelde. Así Umbral vincula a Larra con el dandismo, como uno de los grandes críticos cuyo chaleco de tisú equivale a las espuelas de oro de Quevedo o a la capa de Valle-Inclán.

            Prodigiosos mirmidones alberga también otras sorpresas muy oportunas que debemos agradecer. Se trata de la inclusión de textos poco conocidos de autores españoles que gozaron de gran fama durante el primer tercio del siglo XX y que merecen una recuperación más allá de los estudios académicos. Los relatos aquí seleccionados de Eduardo Zamacois, Álvaro Retana y Antonio de Hoyos y Vinent difunden la imagen del dandi, de evidente ascendencia francesa y decadente, que había trascendido en la época. Otra de las gratas sorpresas corresponde al lúcido artículo de Robert de Montesquiou “Del snobismo”, traducido por primera vez al español.

El dandismo ha estado presente en una amplia literatura y las propias vidas de algunos de sus autores son objeto de estudio del fenómeno. La confusión entre arte y vida ampara una realidad común del dandismo. El satanismo o rebeldía románticos, el vestido a contracorriente de la moda, las insolencias verbales, la frialdad de las actitudes provocadoras o esa dimensión difusa que comparte con el arte, son solo algunos signos perceptibles -asimismo, insuficientes- del dandismo originario que debemos recuperar frente al significado corriente de hoy en día. El dandi, melancólico y soberbio, manifiesta una disidencia con el presente. Lo dijo Baudelaire: “el dandismo es el último destello del heroísmo de las decadencias”.

 

Modificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2015 18:04

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