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Lunes, 20 Mayo 2013 18:23

UN POETA TABERNARIO: ABU NUWÁS

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot. La Taberna nº 15. ISSN: 2255-0828.
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Un enorme eunuco se adentra en una taberna de mala fama. Ha buscado por todo Bagdad al poeta libertino y al fin lo halla perfumado de vino y prendado del goce de un rubio muchachito. El califa lo hace llamar para distraer así sus hondas preocupaciones. Quizá la ingeniosidad de su recitado le permita al bardo llenar de oro su bolsa vacía para derrocharla después a los pies de Baco y Eros.

Este protagonismo del poeta Abu Nuwás en Las mil y una noches hicieron de él un personaje de leyenda. Sin embargo, su trascendencia literaria y licenciosa va mucho más allá que esta imagen de agudo bufón de la corte. La obra de Abu Nuwás (nacido en una región de la actual Irán), escrita entre los siglos VIII y IX y vinculada a la poesía báquica, revela a un autor que hizo gala de su libertinaje y que a través de la metáfora del vino enarboló una poética de la vida basada en hallar el placer sobre todas las cosas, desobedeciendo todos los preceptos de su época.

            Entre los recursos preciosistas que enaltecen el vino, por los versos de Abu Nuwás se descubre el fino escarnio de las convenciones árabes. Su poesía hedonista es devota de la taberna, por donde emergen el vino y la belleza de los jóvenes coperos. Poeta urbano, aborrece la vida errante del desierto y admira el refinamiento persa frente a la vulgaridad árabe. Las prescripciones dogmáticas islamistas fueron mordazmente parodiadas. Una vida libre, de costumbres reprobables para una gran mayoría de su sociedad, que mostró ufano entre la corte y la taberna, entre el eventual compañero de ebriedades y el califa. Poeta al fin, de voz propia, renovador de la lírica tradicional árabe.

Abu Nuwás, a quien no importaron espadas y combates y solo persiguió la estrella del placer, que tuvo el desenfreno como único guía, que estimó por confidente cualquier tertuliano de sabia palabra, que ahuyentó sus pasos de todos los que reprimen sus deseos, que trocó felizmente su fe por una orgía, que renegó de la marcha cansada del camello por el vértigo artístico de una copa persa de oro labrada, que maldijo las dunas infinitas del desierto por la certeza del ondulante mancebo, que eligió la senda mística del vino para hallar a Dios, que huyó de su religión y gozó de lo prohibido, que mataría el miserable Ramadán si pudiera matar un mes, que habitó el paraíso en cualquier taberna y bebió su néctar hasta la muerte, que dilapidó su riqueza en noches innombrables, que dejó como única voluntad ser enterrado bajo un sarmiento que riegue sus huesos… Abu Nuwás.

 

POEMAS (traducción de Jaume Ferrer Carmona y Anna Gil Bardají)

 

Amigos míos de la tribu de los Banu Mahzum,

dadme a beber, al cantar el gallo al alba,

un vino tinto y robusto, embriagador,

criado por los nabateos, década tras década,

envuelto y protegido en las tinajas selladas

como una doncella en el gineceo

a la que brindan toda atención.

Entre viñedos, a la sombra de los emparrados,

fui a visitarla como un pretendiente

y sin dolor desfloré el sello de la virgen

que brotó como si resplandeciera el sol

entre nubes de tormenta. Entonaba sus quejidos

y creímos escuchar el delirio febril de un enfermo.

Luego se puso a cantar, como un pájaro junto al agua,

al verterlo para servirlo en las jarras de plata.

Al final, como a una novia, la condujeron al cristal

y allí ardió llameando con su manto de fuego.

La bebida es mi solaz, mi dicha y goce extremo.

De ella, nunca en mi vida, me saciaré.

 

●        

 

Cuando se alejó mi amado

y de él me fueron privadas

las cartas y la atención,

se acrecentó mi nostalgia

intensa fue mi pasión,

y por poco me matan

el recuerdo y la aflicción.

Llamé entonces al diablo

entre llanto y desazón:

“¿No ves cómo me afligen

Insomnio y tribulación

y cómo ha ulcerado

mis ojos la emoción?

Si no devuelves la estima

del amado al corazón,

y sé que puedes hacerlo,

no escucharé más canción,

no recitaré poemas,

ni dejaré que el alcohol

serpentee por mis venas.

Leeré con devoción

el Corán hasta aprenderlo

y colmar su comprensión.

Cumpliré con el ayuno,

cumpliré con la oración

y dedicaré mi vida

a una buena acción.”

No pasaron ni tres días

desde tal conversación

que regresó el amante

suplicándome el perdón.

 

NOTA BIBLIOGRÁFICA

Para una aproximación crítica a la obra poética de Abu Nuwás: Cantar al vino, edición bilingüe de Jaume Ferrer Carmona y Anna Gil Bardají, Madrid, Cátedra, 2010.

Modificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2015 18:04

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