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Viernes, 10 Agosto 2012 02:00

Les Sataniques

Escrito por  M. de Mortimer
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Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. (Lucas 10:18)

 

Cayó del cielo sabio y bello… y reinó. El artista era ferviente súbdito de Satanás y quiso honrarle con cinco planchas tratadas al barniz blando.

Satán avanza con paso firme, raudo, clarividente, un enorme zueco sobre la catedral que derrumba para impulsarse, el otro zueco casi llegará al fin de la gran ciudad que ya no duerme pero simula extensa tumba. Es inmenso y extremadamente delgado, una fina carne en descomposición cubre sus huesos colosales. La luna ofrece un plateado ojo al periplo del gigante. Vemos así su indumentaria campesina, sombrero de ala ancha, largos cabellos lacios, estropeadas ropas, delantal repleto de siembra y, orgulloso de su trabajo, una terrible carcajada y unos santos ojos sarcásticos. La cosecha hará fortuna de crímenes y el jornalero Dios derramará sobre ella las siete copas de su ira. La perdición continuará su ciclo.

Satán empala a la bruja con la escoba. Sus cuerpos desnudos son un torbellino por los aires, giran sin control en preciosa escena. Las oscuras alas se recogen para el vértigo veloz, la sierpe del sexo se enrosca entre las piernas y alza soberana su cabeza. La bruja goza del martirio antes del maravilloso aquelarre.

Satán tiene el rostro de calavera de extraño caballo de gruesos dientes punzantes que salen del hocico, espesa barba de abundante crin y ebúrneos cuernos lunares. Sobre el marmóreo altar la virgen gime del soñado dolor que pronto expiará. El grandioso príapo de Satán se incrusta impasible en la feliz impúber. La despiadada posesión llevará a la mujer a un espasmo de delirio y muerte.

Satán es un Ídolo de piedra, príncipe de la Lujuria. Una hechizada mujer en furioso arrebato estalla ante la fálica estatua, que sonríe al innato placer. La locura de esta ceremonia de la carne alcanza la eternidad. Momentos después, caerá desangrada, con una amplia expresión de felicidad. La devota probará el místico estado de consunción del éxtasis. Un excitado elefante emprenderá entonces, el camino del cementerio.

Satán es ahora una bestia viciosa, un Fauno colgado en la cruz de Cristo. Toda la lascivia está en su rostro descompuesto. Ya no sonríe, la gravedad del ritual solemniza el deleite ancestral. La hilada de cirios flagela la oscuridad anunciando la gloria infinita de la sangre. Las libres patas monstruosas estrangulan a una mujer tirando de su hermosa cabellera negra. La bendita víctima declina lentamente su gozo, fatalmente extenuada, mostrándose radiante de luz bajo el erecto Satán.

Monsieur de Mortimer

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