Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Jueves, 13 Septiembre 2012 02:00

Cuando los bohemios vestían frac azul

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot. La Taberna nº 7. ISSN: 2255-0828.
Valora este artículo
(0 votos)

funo

 

Yo soy un bohemio como vosotros; un hijo de las musas, sin más patrimonio que un drama inédito, el traje que veis y los dorados sueños del poeta (Pérez Escrich, El frac azul, 1864)

 

Frac azul, pantalones negros, botas de charol y un sombrero de copa. Tal podía ser la indumentaria de un joven poeta llegado a Madrid desde cualquier pueblo provinciano con la ferviente ilusión de conquistar el Parnaso y ceñir la gloria del laurel. A mediados del siglo XIX, la capital española era un hervidero de sueños truncados para artífices de la pluma, convertidos muchos de ellos -y otros que no lo eran-, en sucios mendigos o en peligrosos hampones. Difícil de discernir entre decorosos bohemios y artistas del sablazo, para aquella gloriosa pléyade la Fama sintió pereza de honrarles con sus timbres sonoros. Un reducido grupo ha sobrevivido entre los harapos de la historia literaria, queden aquí estrellados: Florencio Moreno Godino, Roberto Robert, Antonio Altadill, Pedro Escamilla, Pelayo del Castillo o Pedro Marquina.

Una vida dedicada al teatro, a la prensa satírica y a tributar sagrada alianza al dios Baco, pues sus estómagos desconfiaban de aquella tierra prometida que rezumaba leche y miel para el gozo del biempensante filisteo. Como diría uno de sus epígonos, el agua solo era consentida para un baño en el Manzanares. El éxito de un drama proporcionaba varios duros para una curda de aguardiente, si antes no había sido hipotecado a medio centenar de taberneros. Las miserias de la bohemia teñían el frac azul de un glauco lacrimoso, pero el soberbio porte de sus figuras mostraba la arrogancia incomprendida de su aristocracia espiritual. El trabajo regular o la dedicación familiar eran pestilencias para su refinado olfato. Alguno de ellos rehusó un empleo en la administración pública por repugnarle a su conciencia ser “sanguijuela del Estado”. Aquellos que no sucumbieron a tan alto ideal y porfiaron en su honrada voluntad libérrima, eran sabedores del angustioso fin: un hospital se presentaba mucho más suculento que el abandono en una fría calleja. Sin embargo, el mañana no existía y la próxima pensión o casa de huéspedes no importaba si era el banco de algún parque o el alfombrado colchón del Retiro. La necesidad extrema de un sustento para sus raquíticos cuerpos les forzaba a improvisar versos para la escena o para el periódico o revista de turno. Tocados de genialidad para el juguete cómico, la poesía brotaba fácil durante el embriagador viaje nocturno por la ciudad que les repudiaba y admiraba a partes iguales. Sí, admirados por un público ávido de estrenos, por desalmados empresarios teatrales “protectores” de sus obras y por reputados dramaturgos a quienes encumbraban con su labor de “negros”.

Olvidada en la inmerecida mugre de la historia, esta primera generación española de escritores bohemios antecedió a las venideras desde su elegida marginalidad social, el canto a la musa del arroyo o con la aparición del poeta en las barricadas, siempre con la nítida protesta hacia el orden y siempre elevado el arte a valor supremo.

A la muerte de uno de estos excéntricos personajes, un ilustre escritor le dedicó una elogiosa semblanza donde, si bien ponderaba el exceso en sus costumbres antisociales, se lamentaba de que el hombre de talento deba mendigar a cualquier político estólido para poder subsistir. Mucho tiempo después, las cosas no han cambiado.

 

Visto 3255 veces Modificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2015 18:03

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos