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Miércoles, 23 Julio 2014 17:26

ANTONIO DE ZAYAS, POETA DEL MODERNISMO HISPÁNICO EN EL AÑO CRUCIAL DE 1902

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot. La taberna nº 29. ISSN: 2255-0828.
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La investigación literaria suele rescatar nombres injustamente olvidados, cuyas trayectorias artísticas resultan imprescindibles para comprender las estéticas de su momento. En este entorno de recuperación literaria asoma Antonio de Zayas Beaumont (1871-1945), el poeta más nítidamente parnasiano del Modernismo hispánico. 

 

Las experiencias juveniles de Antonio de Zayas junto a los hermanos Machado informan del entusiasmo cultural y bohemio durante el cambio de siglo, a través de la pasión por el teatro, la poesía y el recorrido por los cafés madrileños. Su participación en las tertulias de Eduardo Benot y Juan Valera nos muestran el talante e inquietud intelectuales del joven poeta. Alrededor de 1900, Antonio de Zayas figura entre los escritores modernistas que emprendieron la renovación literaria. Así lo testimonia su presencia en los más importantes cenáculos y revistas, como son las tertulias de Juan Ramón Jiménez y Francisco Villaespesa, y las colaboraciones en Revista Ibérica, Helios y Renacimiento. Un conjunto de seis poemarios durante la primera década del siglo conforman su obra modernista que, sin embargo, manifiesta paulatinamente su posterior inclinación hacia postulados literarios e ideológicos tradicionalistas y conservadores. Su traducción de Los Trofeos de José María de Heredia -obra cumbre del parnasianismo- consolidaría su imagen de poeta parnasiano y, como expresó Rubén Darío en una elogiosa semblanza, aumentaría sus prestigios.

Otros hechos destacables proyectan su relevancia entre la minoría modernista, vinculados con la ferviente oposición a los estamentos oficiales del idioma: su vehemente reseña en favor de La copa del rey de Thule de Villaespesa, su artículo pionero en cuanto a la revalorización de Góngora publicado en Helios, o su firma en el manifiesto de reprobación al homenaje nacional a José de Echegaray, premiado con el Nobel de Literatura. Quizá no haya mejor cita -aunque sea excesiva- para destacar a Zayas como escritor de vanguardia en este inicio de siglo como aquella de Juan Ramón Jiménez -según refiere Ricardo Gullón-, en que se lo consideraba el importador de los primeros libros parnasianos y simbolistas a España.

Mientras tanto, su pertenencia a la antigua nobleza granadina, duque de Amalfi por herencia paterna, y su exitosa andadura en la carrera diplomática - Ministro Plenipotenciario en México y Rumanía o Embajador en Argentina-contribuyen a fraguar su imagen de aristócrata distinguido y cosmopolita. Asimismo, su personalidad poética, como aspiración de época, mostraba una aristocracia espiritual muy particular, adscrita al estilo elegante y marmóreo del Parnasianismo.

Antonio de Zayas irrumpió en la escena modernista con Joyeles bizantinos y Retratos antiguos, ambos poemarios publicados en 1902. Obtuvieron el aplauso generalizado de la crítica, fundamentalmente, desde las reseñas elogiosas de los círculos modernistas, como las de los hermanos Machado, Manuel y Antonio, o Ramón Pérez de Ayala.

Inspirado a partir de su desempeño diplomático en Estambul, donde el autor fue destinado entre febrero de 1897 a junio de 1898, Joyeles bizantinos se muestra como una de las obras iniciadoras del Modernismo en España. Singularmente, su adscripción al Parnasianismo le diferencia del resto de poetas modernistas, reuniendo las características esenciales de sus antecesores franceses: eliminación del yo, impasibilidad, poesía escultural, culturalismo, perfección formal y preponderancia por temas históricos, paisajísticos y artísticos con afán descriptivo. Así, el protagonismo de cada poema recae en la evocación de cada asunto, donde la forma esteticista e impersonal no oculta cierta sugestión emotiva de lo observado. La ocultación del yo y la actitud impasible consiguen un distanciamiento entre el poeta y su obra, presentada como traslación de las emociones estéticas y equiparada a una poesía visual. La plasticidad de la obra es precisa al interpretar lo visible, pero sin renunciar a alusiones imaginativas de carácter culturalista, o a sugerir sensaciones auditivas u olfativas, conformando una percepción sensorial del poema que manifiesta el nuevo estímulo modernista. Entre los procedimientos estilísticos destaca el uso predominante del epíteto, que conforma el trazo preciso de la técnica parnasiana, junto a un lenguaje suntuoso y metafórico, acentuado por los recursos fónicos, que invocan una dimensión esteticista y sugeridora.

            El exotismo de Joyeles bizantinos se inscribe en el orientalismo finisecular, que subraya la alteridad frente al mundo occidental, y se adapta perfectamente a la estética parnasiana: gusto por lo antiguo, lejano, raro y prestigioso en cuyo marco se acomodan los fines esteticistas. Aunque el exotismo más representado es el musulmán, también aflora la antigua civilización bizantina, representada en la obra zayesca a partir de evocaciones y descripciones de sus más importantes testigos arquitectónicos. Por otro lado, el poemario acude puntualmente a ciertas actitudes cercanas al Decadentismo finisecular: melancolía, escenas de ocaso y noche, de belleza y angustia, motivos relacionados con la muerte, junto con la temática orientalista donde la impasibilidad y esteticismo parnasianos se conjugan con cierta delectación por los temas de crueldad, violencia, decadencia y erotismo de matices transgresores. La diversidad cultural de Estambul, con el dominante sello islámico, y la sugestión melancólica de un esplendor pasado y de enclave propicio al misterio y la fantasía, sugieren una suma ecléctica de las estéticas finiseculares dominadas por el parnasianismo distintivo del autor.

            En cuanto a los elementos formales, Joyeles bizantinos también participa de la renovación modernista. La utilización del soneto compone la gran parte del libro, estrofa predilecta de los parnasianos y que el Modernismo recuperó con nuevos matices a un lugar de prestigio. El uso de una versificación que, prescindiendo de ciertas rigideces tradicionales, se flexibiliza en conjunción con las impresiones perseguidas en el poema, ocasionó las reticencias de los retóricos. Sin embargo, fue aplaudido por la juventud literaria, encomiado por Antonio Machado, quien calificó de “adelanto” hacia el ideal de la métrica moderna.

El desarrollo ecfrástico de muchos poemas de Joyeles bizantinos, asociado al carácter visual de la poética del autor y a los propios referentes artísticos evocados, anticipasu siguiente libro, Retratos antiguos (1902), traslación de ciento siete retratos pictóricos -en su mayor parte, renacentistas y barrocos- a otros tantos sonetos. El poemario contribuye a la aspiración de hermandad entre las artes que el Modernismo hispánico impulsó con renovado empeño. Una relación, la que establecen pintura y literatura, de prestigiada y antigua tradición, en cuyas estéticas parnasianas y simbolistas se orquestó el origen de la poesía con afinidades más claramente pictóricas en la modernidad. La obra zayesca representa un caso inédito en la literatura española al asumir como exclusivo asunto poético este arte visual. También representa un modelo original de poesía ecfrástica en la literatura europea.

            Retratos antiguos se divide según las escuelas pictóricas de la galería poética: italiana, española, germánica, francesa e inglesa, y en sus respectivos pintores. La ocultación del yo es ahora más acusada, y cada soneto supone la exposición distanciada del poeta de cada personaje pictórico, donde se articula un discurso traspositivo que conjuga, en diferente equilibrio, las correspondencias artísticas y la propia evocación del retrato con sus rasgos externos y psicológicos. En los procedimientos descriptivos destacan los destinados a sugerir la personalidad del retratado según la interpretación de los rasgos pictóricos, característica relevante que incide en la naturaleza de la écfrasis como discurso modelador del poemario. La impasibilidad y ocultación del yo niega cualquier correlato con el estado anímico del poeta. Sin embargo, la exploración en algunos retratos de un entorno y una actitud vital característicos de la sensibilidad simbolista, enriquece la trasposición poética y propicia que la frialdad parnasiana se armonice con cierta emotividad representativa del artista finisecular.

Antonio de Zayas, con la creación de Retratos antiguos, representa el primer poeta en el uso de la écfrasis de las letras españolas en el siglo XX en las estéticas parnasianas y finiseculares, al concebir todo un libro de sonetos que se corresponde con un museo de retratos.

Modificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2015 18:07

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