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Viernes, 12 Septiembre 2014 15:15

UNA CATA DE VINO CON LETRAS DE ORO

Escrito por  Monsieur de Mortimer
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El monje beodo

A sílabas contadas, que es gran maestría, escribió esta historia un clérigode San Millán de la Cogolla.El monje virtuoso entró cuerdo en la bodega y salió loco. Tanto vino había bebido que fue émulo de Noé y amenazaba consumir el caldo bermellón que Jesucristo tuvo a bien ofrendar en las bodas de Canaán. Con la curda a cuestas se alzó de la tierra dura y se encaminó a la iglesia. El demonio en figura de toro quería cornearle las entrañas, luego, convertido en can herirle a colmilladas y, más tarde, en forma de león iba a ser devorado. Lástima que la Gloriosa desterrara al diablo a sus abismos y no siguiera el ejemplo de las hijas de Lot.

Oratorias de mancebía

La celebérrima alcahueta ofreció su mesa a sus dos enamorados, cada cual con su ramera. Para ella, un vaso de bon vino, pues nada ocurre en su vida que no le hable a este tertuliano omnipresente. ¿Habrá mayor elogio?: con dicho compañero forraba sus vestidos navideños y le mantenía alegre y caliente todo el año, pues le quitaba la tristeza del corazón más que el oro y el coral; más  propiedades tiene, declamaba, que los cabellos de sus jóvenes enamorados. Una sola docena de veces a cada comida, si no es convidada, decía conversar con este fiel amante. ¿Quién quiere paraíso que agüe el vino?

El sabroso licuor del pícaro

Las proféticas palabras del ciego dieron al modélico pícaro en la cumbre de toda buena fortuna: “…eres en más cargo al vino que a tu padre, porque él una vez te engendró, más el vino mil te ha dado la vida”. Porque si moría por el vino, también habría de vivir de él. La mística degustación del muchacho no cegó a su amo en transportarlo a las estrellas con un buen jarrazo. Años después, el oficio de pregonero -el más infame, decían- le alzó a experto vinícola y a matrimonio de favor y ayuda, pues así de caudaloso fue el comercio de los vinos de un gran señor.

Mojones manchegos

El más insigne escudero de la andante caballería tuvo en su linaje a los más grandes mojones (catavinos). Dieron muestra de su sabiduría al probar el vino de una cuba. Ante la perplejidad del dueño, uno dijo que sabía a hierro, el otro a cordobán. El vino se vendió sin dificultades y, al limpiar la cuba, apareció una pequeña llave pendiente de una correa de cordobán.

Taberneros convencidos de Neptuno y áureos bebedores

El Madrid de las cuatrocientas tabernas albergó placeres y pendencias, además de insignes puntuales parroquianos: “Hoy hacen amistad nueva, / más por Baco que por Febo, / don Francisco de Quebebo/ y Félix Lope de Beba”. La Hora en que la Fortuna con seso se llevó al averno a los taberneros aullaba de espanto ante la falacia del vino: “esperaba antes pescar en la copa ranas que soplar mosquitos”. 

 

http://3esoelalquian.blogspot.com.es/2011/11/el-monje-borracho.html

Modificado por última vez en Viernes, 12 Septiembre 2014 15:18

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