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Viernes, 21 Diciembre 2012 12:06

Trébol bíblico

Escrito por  M. de Mortimer
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funo

  1. I.Creación del hombre y despido del Paraíso

 

Arrojó  pues, al hombre y puso delante del jardín de Edén los querubines y la llama de la espada flameante para guardar el camino del árbol de la vida. (Génesis, 3, 26)

De sí mismo aburrido, con trabajo

(castigo duro al hombre en próxima hora)

creó de la primitiva historia, aurora,

y la tierra estoica hacia sí contrajo,

 

de cuyo polvo, corto idilio y bajo,

a semejanza e imagen, sin demora,

Adán de su moldear (y su señora),

nombre inspirado en sucio estropajo.

 

Una serpiente les abrió los ojos

arrastrándoles al prohibido fruto;

más se abrieron en Dios con los abrojos

 

de sus hijos: “Tú, animal astuto,

y Adán y Eva, no tendréis más arrojos,

la inmortalidad, solo yo disfruto.”

 

 

 

  1. II.El becerro de oro

 

 

Ahora, déjame que se encienda mi cólera contra ellos y los consuma. (Éxodo, 32, 10)

 

“Quien esté por Yahvé, venga a mí”. Y se reunieron en torno a él todos los hijos de Leví. Les dijo: “Cíñase cada uno la propia espada al muslo. Corred y recorred el campamento de una punta a otra y mate cada uno a su hermano, a su amigo, a su pariente”. (Éxodo, 32, 26-27)

 

Yahvé dijo a Moisés: “Al que ha pecado contra mí, le borraré yo de mi libro”. (Éxodo, 32, 33)

 

 

Bajó a la cumbre con sus nubecillas

Dios... ¿qué se cocinaba con su hornillo?

Entre ruido mostrar, como caudillo,

en relieve del dedo sus cartillas.

 

Pero rompió iracundo las tablillas

Moisés, viendo en oro un becerrillo,

y sin pasar de ello pasó a cuchillo,

por buscarle a su jefe las cosquillas,

 

niños, viejos (sin distinción), doncellas

(con súplicas a Dios salvó algún cuello).

Y más propia de Marte estas batallas:

 

“Colgado está quien no siguió mis huellas”

dijo Yahvé, y con menos atropello:

“A mis verdugos, cuelgo estas medallas.”

 

 

 

  1. III.La conquista de Jericó

 

 

Toda la plata y el oro, todos los objetos de bronce y de hierro sean consagrados a Yahvé y entren en su tesoro (Josué, 6, 19)

 

Y entregaron al anatema todo lo que había en la ciudad, hombre y mujer, jóvenes y viejos, incluso los bueyes, ovejas y asnos, pasándolos a filo de espada. (Josué, 6, 21)

 

 

Yahvé, de las conquistas gran monarca,

trompetas púsole a la paz carneras.

Venció a Jericó un coro de hordas fieras,

siete soplones y una arcana Arca.

 

¿Ciudad temida de derrotas parca?

Si la vigilia de un asedio: ojeras,

los desplumados cantos: orejeras.

A tales sinfonías Dios embarca,

 

entre las lluvias de los corvos cuernos

y de las roncas voces destempladas

(siete vueltas de vómitos, marea

 

acervada, más tantos llantos tiernos),

que solo un gran tesoro ahora rodea

a Yahvé… y las vidas inundadas.

 

 


Modificado por última vez en Domingo, 30 Diciembre 2012 12:28

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