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Jueves, 25 Junio 2015 17:07

BAJO TU SOMBRA, JUNIO... UN POEMA DE PABLO GARCÍA BAENA

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna nº 39. ISSN: 2255-0828.
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funo“Como la generación de las hojas, así también la de los hombres”. El verso de Homero asimilaba la eventual condición humana con el ritmo estacional de la naturaleza. Así, nada más elocuente que la cita escogida de Gabriel Miró, “Es la felicidad la que tiene su olor, olor de mes de Junio”, para anteceder al poemario Junio (1957) de Pablo García Baena. Libro de rebosante vitalismo en que la sensual plenitud del poeta se asocia con la llegada del verano. El amor descubierto entre el calor estival extasía la felicidad de los sentidos.

Sin duda, García Baena es uno de los grandes poetas del siglo XX. Su nombre permanece unido a la revista cordobesa Cántico (1947-49 y 1954-57), junto a sus amigos poetas Ricardo Molina, Juan Bernier, Juio Aumente y Mario López. Cántico discurrió por caminos estéticos no habituales en una época dominada por la poesía existencialista y social. Hubo que esperar a los años setenta para una primera vindicación, con el estudio de Guillermo Carnero, que subtitulaba “Un episodio clave de la historia de la poesía española de posguerra” (1976).

En Junio siguen presentes el versículo y el estilo preciosista, pero el tratamiento del deseo marca una ruptura en la trayectoria poética del autor, pues desaparece el tono elegíaco. El primer poema de la obra, “Bajo tu sombra, Junio...”, supone una perfecta introducción sensorial de la particular orquestación del locus amoenus que se exhibirá en los textos siguientes. García Baena, gustador de las correspondencias baudelerianas, hace que música, colores y aromas se integren en su celebración hedonista. El poeta siente la llegada del amor y observa el paisaje que le ofrece un junio exhuberante. Frente al calor del estío, símbolo de esta plenitud pasional, el ansia de sombra -o de noche, en otros poemas del ciclo-  para la consumación del goce.

            La sensorialidad vitalista de García Baena realiza un himno a los dioses paganos. En la Naturaleza se propagan los sentimientos jubilosos del poeta, que, sumado a la imaginación pagana, llena el texto de una fuerte erótica sensibilidad. Como dice Julio Calviño, “erotismo difuminado en su pansexualismo”, dado que la Naturaleza, en este momento del año, le incita a celebrar el placer sexual: parras, vides, torrentes, bosques... son observados y confiados a la expansión sensualista del poeta. La vehemencia de su deseo hace que desfilen ante sus ojos dríadas desnudas (ninfas de los bosques de gran belleza) coronadas con pámpanos, racimos exprimidos como amantes en plena pasión o  “los labios en espera del beso ansioso / que escapa de tu boca roja de dios impuro”.

El color rojo es asociado al amor desatado, sinestesia de larga tradición, aunque usada con una fuerza original que invade todo el poema con gran intensidad: “yedra de sangre”, “antorchas de tus árboles / ardiendo en la púrpura vesperal”, “pájaros espumeantes de fuego”... “El zagal cantando con un junco en los labios” completa el cuadro pagano que envuelve el deseo del poeta, como si se tratara del cortejo de Baco, rebosante de vino y amenizado por la flauta de Pan, símbolo del desenfreno sexual.

            La contemplación del paisaje a la sombra del amor parece contener momentos serenos y apacibles, pero en aquello que el poeta se detiene a observar o sentir se proyecta su interior impetuoso: “Quiero oir el inquieto raudal de los torrentes, / el crujido de las ramas bajo el peso del nido / y el resonante silencio de las constelaciones”. Porque la vitalidad de García Baena es casi agresiva, como se sugiere en el último verso: “y mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha”, que, como expresa Luis Antonio de Villena, sirve para resumir y significar todo el conjunto. El empleo de la palabra “dicha” es un ejemplo de precisión y sutileza del lenguaje poético de García Baena, pues “con el sentido de fatum, suerte, destino, en lenguaje vulgar, según la creencia pagana de que la suerte individual se debía a las palabras pronunciadas por los dioses al nacer el niño” (RAE). El mundo pagano es sutilmente aludido, pero no acaba ahí. El poeta, abrasado por la pasión extrema, nos remite a la fábula mitológica: Apolo, identificado con el sol, mata por error a su amante Jacinto, de quien nació la planta con el mismo nombre. Quizá también, haya una velada alusión homosexual.

            Junio de Pablo García Baena se publicó en un momento, 1957, en que la poesía social ocupaba un lugar de privilegiada atención. En este libro abundan los elementos transgresores que hacen de los poetas de Cántico, y concretamente de García Baena, recorrer un camino único en la lírica de la posguerra. Existe una evidente desrealización en Junio que nos transporta a un mundo pagano, aunque con elementos de la Naturaleza fácilmente reconocibles del territorio andaluz.Asistimos a una celebración del amor vivido en plenitud, pero es un amor que exalta los placeres de la carne y no se vincula a la normalidad social, como pueda ser el conyugal o el heterosexual.

 La disidencia -formal, expresiva y de contenido- de las obras de Pablo García Baena y del grupo Cántico propiciaron su aislamiento en los años cuarenta y cincuenta y el posterior olvido que se prolongó durante varias décadas. Fue en los setenta cuando la generación de los novísimos recuperó a estos poetas, admirando su esteticismo, su culturalismo y su poesía heredera del Modernismo y la generación del 27.

 

BAJO TU SOMBRA, JUNIO...

Bajo tu sombra, Junio, salvaje parra,

ruda vid que coronas con tus pámpanos las dríadas desnudas,

que exprimes tus racimos fecundos en las siestas

sobre los cuerpos que duermen intranquilos,

unidos estrechamente a la tierra que tiembla bajo su abrazo,

con la mejilla desmayada sobre la paja de las eras,

la respiración agitada en la garganta

como hilillo de agua que corriera secreto entre las rosas

y los labios en espera del beso ansioso

que escapa de tu boca roja de dios impuro.

Bajo tu sombra, Junio,

yedra de sangre que tiende sus hojas

embriagando de sonrisas la pared más sombría,

la piedra solitaria;

Junio, paraíso entre muros, que levantas la antorcha de tus árboles

ardiendo en la púrpura vesperal,

bajo tu sombra quiero ver madurar los frutos,

las manzanas silvestres y los higos cuajados de corales submarinos,

la barca que va dejando por los ríos lejanos sus perfumes,

los bosques, las ruinas,

las yuntas soñolientas por los caminos

y el zagal cantando con un junco en los labios.

Quiero oír el inquieto raudal de los torrentes,

el crujido de las ramas bajo el peso del nido

y el resonante silencio de las constelaciones

entreabriendo sus alas como pájaros espumantes de fuego

al fúnebre conjuro de los nocturnos pífanos.

Bajo tu sombra quiero esperar las mañanas fugitivas de frescura

y los atardeceres largos como miradas

cuando todo mi ser es un canto al amor,

un cántico al amor entregado,

mientras las manos se curvan sobre las espaldas desnudas

y mis párpados se tiñen con el violento jacinto de la dicha.

Modificado por última vez en Domingo, 25 Octubre 2015 18:09

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