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Domingo, 25 Octubre 2015 17:26

TEATRO FANTÁSTICO (II): EL ANTECEDENTE DE THÉOPHILE GAUTIER

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna, 42, ISSN: 2255-0828
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“Pero hay un teatro que me gusta; es el teatro fantástico, extravagante, imposible, donde el honesto público silbaría implacable desde la primera escena a falta de entender una palabra.”

Théophlile Gautier, Mademoiselle de Maupin

La cita de Théophlile Gautier bien pudiera haber inspirado el título de Jacinto Benavente Teatro fantástico (1892), obra inaugural del teatro modernista español. La novela del escritor francés Mademoiselle de Maupin, publicada en 1835, recoge en uno de sus capítulos algunos de los fundamentos estéticos del teatro simbolista europeo finisecular y del llamado teatro de ensueño del modernismo hispánico. Quizá el antecedente gauteriano no ha sido destacado por la crítica -en España no se traduciría la novela hasta el año 2007-, pero sorprende como texto premonitorio de una peculiar dramaturgia que se empezará a desarrollar medio siglo después. El teatro renovador expuesto en Mademoiselle de Maupinse sobrepone al drama romántico y vislumbra el futuro teatro simbolista, que se opondrá a las coetáneas teorías naturalistas.

            La obra de Gautier, iniciada desde el seno del Romanticismo, representa un auténtico mosaico de las direcciones literarias que cristalizarán en el fin de siglo. Autor de novelas, crítico de arte o periodista, su faceta lírica alberga el germen de la modernidad literaria, reconocido por Baudelaire como su maestro. El prefacio de Mademoiselle de Maupin es célebre por su proclama del Arte por el arte, de la visión provocadora de la inutilidad de la belleza, “No existe nada realmente hermoso si no es lo que no puede servir para nada”, en oposición a un arte utilitarista o con fines morales o doctrinales y con un manifiesto repudio hacia la hipocresía burguesa.

            En el capítulo XI de la novela, Gautier introduce por medio del narrador una extensa e intermitente divagación sobre lo que él denomina un “teatro fantástico”. Se trata de un monólogo metaliterario en que el autor formula su teatro ideal, compuesto de una escenografía imposible que remite a una imaginación fundamentalmente poética. Se exhibe en esta “fantástica” escena un decorado y unos personajes propios del lirismo pictórico del autor, reunidos entre una suntuosa ornamentación y una creativa ficción teatral que tiene en su belleza visual y en su evasión extravagante de la realidad sus propuestas más provocadoras. Como podría decir Benavente en su Teatro fantástico, Gautier concibe esta obra ideal en un mundo ensoñado: “En este teatro escrito para las hadas y que debe representarse al claro de luna”.

            Al hilo de esta exposición, los personajes de la novela ensayan y finalmente representan -ellos mismos como únicos espectadores- la obraComo gustéis, “nombre elástico que responde a todo”, y que alude a la comedia shakesperiana. La elección de esta obra es significativa, pues el dramaturgo inglés supuso una notable influencia del teatro simbolista. Benavente incluyó una pieza en su Teatro fantástico basada en la comedia Mucho ruido y pocas nueces, vinculada en su estilo y en su fecha de composición a Como gustéis. La novela de Gautier,con sus máscaras travestidas y la ambigüedad entre la condición masculina y la femenina, traza una sutil correspondencia con la obra de Skakespearey acentúa su complejo juego de identidades. La “intriga vaporosa”, la androginia o el perpetuo estado de ensoñación, remite a la lectura simbolista del teatro de Maeterlinck o Benavente.

            Mademoiselle de Maupin iluminará la senda del esteticismo decadente en la novela -A contrapelo de Huysmans o El retrato de Dorian Gray de Wilde-, de la poesía parnasiana y, en suma, del concepto de sacralización de la Belleza de los escritores finiseculares. En cuanto al teatro, destinado a la impresión escrita más que a la representación y al éxito comercial, la dramaturgia esbozada en Mademoiselle de Maupin es inquietantemente innovadora por representar un lejano antecedente decimonónico del simbolismo y del “ensueño modernista”. Muchos son sus puntos de encuentro. La negación de la inspiración romántica, en favor de la amarga idea de la perfección y el arduo trabajo de la búsqueda de la belleza artística. La plasticidad escénica, la deshumanización de los personajes y sus máscaras ambiguas y sugerentes. El distanciamiento temporal y espacial junto a la concepción fantástica e irreal de la ficción teatral. La aparente frivolidad e indolencia del juego escénico. Todo conducido por “palabras simbólicas” que interpretaban los deseos más ocultos y que se erigían en un arte salvífico frente a la desesperanza vital.

Modificado por última vez en Lunes, 26 Octubre 2015 19:20

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