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Martes, 26 Julio 2016 17:26

LA MÚSICA ANTES QUE NADA (II): EN TORNO A LA “SONATINA” DE RUBÉN DARÍO

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna, nº XLIX, ISSN: 2255-0828
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“Sonatina” es uno de los poemas más famosos de Rubén Darío, pero considerado siempre -en palabras de Álvaro Salvador- “como un delirio virtuosista, superficial y frívolo de la estética dariana”, interpretación un tanto apresurada a nuestro entender, pues posterga algunos valores significativos de su contexto estético. 

Desde el título se nos anuncia la temática musical, de hecho, lo sonoro va a permanecer por encima de la historia que nos narra el poema, cuya forma va a lograr una gran autonomía. Dicha narración está enmarcada en un mundo de fantasía, en un cuento de hadas, cuya protagonista, la princesa-niña, se siente presa en su palacio y espera la llegada de algún príncipe salvador. En principio se recoge en “Sonatina” un argumento tradicional que el autor adorna con sus imágenes refinadas y estetizantes: bellas flores y metales preciosos que consiguen un valor cromático, mariposas, aves -el amado cisne simbólico-, animales fantásticos y mitológicos y miradas hacia Oriente. Asimismo, como observó Julián Pérez, “Darío está reescribiendo el tópico romántico del amor perdido, pero desprovisto de patetismo y de su contexto trágico. El cuento de hadas distancia al lector del motivo: le quita soporte psicológico, y resalta lo lúdico”.
El poema está compuesto de sextetos alejandrinos de ritmo dactílico, una modalidad -ya percibida en Rosalía de Castro- que alcanzaría gran repercusión durante el Modernismo gracias, precisamente, a esta sonatina dariana. La regularidad del ritmo contribuye a ordenar la “música” del poema (las sílabas tercera y sexta de cada hemistiquio siempre son las acentuadas). Sin embargo, en la obra del nicaragüense predomina la “melodía”, la “impresión musical”, por encima del ritmo, que tiene esa citada “función ordenadora”. Recordando las confesiones del poeta: “Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la harmonía verbal, una melodía ideal. La música es solo de la idea muchas veces".


Los estudios fonéticos de Navarro Tomás demuestran que las correspondencias semánticas coinciden con los acentos rítmicos constitutivos del verso. La distribución de los timbres vocálicos contribuye a regularizar la entonación. Se observan repeticiones vocálicas que aportan su grado de musicalidad. Así por ejemplo, en los dos primeros versos las vocales “e