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Viernes, 22 Mayo 2015 17:42

La apología del fascismo en el cine Hollywoodiense.

Escrito por  J. Aguinaga
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Que la sociedad norteamericana tiene poderosos lobbies que acaparan poder y capacidad de decisión tanto sobre la administración como sobre las distintas industrias no es una novedad para nadie. Que esos lobbies no dudan en apoyar a talibanes, dictadores o incluso gobiernos socialdemócratas cuando les interesa económicamente tampoco es una sorpresa. La hipocresía del autoerigido guardián de la democracia en el mundo es conocida, solo hay que ver las persecuciones a inmigrantes, afroamericanos, comunistas o cualquiera que ponga el duda el americanway of life que tantas muertes y miserias produce entre su misma población. 

No es sorprendente también que una de sus industrias más boyantes, junto con las armas y la comida basura, la cinematográfica, esté al servicio de dichos lobbies. Podemos recordar films propagandísticos como los protagonizados por John Wayne animando a los jóvenes estadounidenses a la guerra, o a John Rambo luchando contra los malvados comunistas codo con codo con los luchadores por la libertad talibanes.

La última moda en las salas de cine es el cine de superhéroes. En él, confundido con el verdadero heroísmo clásico (que supone el sacrificio del héroe), seres individuales se erigen en guardianes de una supuesta paz y de unos supuestos valores frente a aquellos que los amenazan. Da igual cuantas leyes infrinjan, cuantos destrozos causen o cuantas personas pongan en riesgo para salvaguardar el sistema, que es lo único importante. Y por supuesto todo aderezado con multitud de barras y estrellas, que no falten.

Este falso heroísmo basado en las viñetas es peligroso en cuanto infunde en el inconsciente de las masas de espectadores (ajenos al mínimo espíritu crítico, muy jóvenes en su mayoría) que consumen este cine en grandes cantidades, la idea de la existencia de un salvador, alguien que vela por lo que es correcto y lo que no, sin rendir cuentas a nadie (no hay ninguna autoridad moral democrática que mande en los superhéroes). Este “superhombre” tergiversado no es diferente al utilizado por los regímenes fascistas para legitimarse, extraído de lecturas muy sesgadas de Nietzsche y que si cala en el sustrato ciudadano, puede ayudar a fomentar, llegado el momento, regímenes autoritarios alentados por masas de enfervorizados ciudadanos que aplaudirán el final de sus libertades por el bien común defendido por un individuo, sin preguntarse quién le ha elegido para ello.

Quizás este artículo sea alarmista en demasía, o quizás, de vez en cuando, haya que mirar más allá de las apariencias, a ver qué ejemplo estamos ofreciendo.

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