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Viernes, 18 Septiembre 2015 14:59

En los albores de un nuevo Ludismo.

Escrito por  J. Aguinaga
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Los dioses ayudan a los hombres que se ayudan a sí mismos, y esto es mediante el trabajo.

Virgilio

Que el progreso suele ser imparable es una máxima equiparada a verdad absoluta, aunque la historia nos ha demostrado que a todo momento de esplendor y progreso puede seguir una época de transformación, oscuridad e ignorancia.

El Ludismo surgió en una Inglaterra que vivía la explosión de la revolución industrial. Los trabajadores de los telares principalmente vieron amenazado su sustento por la incorporación masiva de maquinaria de vapor. El trabajo manual, especializado y delicado que efectuaban sus manos pasó a poder ser efectuado por unas máquinas muy primitivas, y generó la ruina de sus economías familiares. En una sociedad donde solo tiene valor el beneficio continuo, los salarios disminuyeron y el artesano fue sustituido por el operario con baja cualificación. Era el progreso.

Vaya por delante que esta columna defienda ante todo el progreso de la humanidad, y por ello alertamos de que vivimos en la actualidad un nuevo proceso de características similares, donde la revolución tecnológica y de la información va a sustituir muchos oficios y maneras de trabajar por máquinas, computadoras o operarios poco cualificados, como ocurriera antaño.

Y de la misma manera, nuestra sociedad, volcada en un capitalismo consumista opresivo no va a mediar entre progreso y sociedad garantizando la subsistencia de los afectados. Dejados a su suerte, serán pasto de trabajos poco cualificados, de reconversiones forzadas al sector servicios, o de subvenciones eternas por no hacer nada. ¿Pero es esta una solución? La pasividad ante un problema solo acrecienta su arraigo, poniendo en riesgo de infección al resto del miembro, en este caso la sociedad.

La solución no pasa por una reconversión en un sector servicios primarios. No podemos pasar a ser una sociedad de camareros, peluqueros y restauradores (con todo respeto para los que ejerzan dichas profesiones). Tan solo un reparto equitativo a cargo del estado de la riqueza puede apostar por una sociedad de profesores, médicos, investigadores, científicos…auténticos generadores de riqueza futura. Una riqueza que no debe medirse en lo económico inmediato, si no en lo potencial y social.

No solo hablamos del llamado occidente. La globalización ha procurado un proletariado de servicios al primer mundo y un intervencionismo de este en acumular y acaparar recursos que provoca una de las crisis migratorias más importantes de los últimos siglos. Ver a los refugiados como una carga o como una inversión es reducirlo todo a un espectro económico que dista mucho de ser ni siquiera una ciencia, no hablemos ya de una ciencia exacta.

El empleo precario, el analfabetismo 2.0, el fracaso escolar, la criminalización del docente, la proliferación de industria del ocio…todo esto, si un sustrato fuerte que arraigue y eche raíces, es solo pan para hoy, y conflicto para mañana. Una sociedad fuerte y socialista, con una ciudadanía educada, crítica y activa que le aleje de dogmas es lo único que puede impedir que el conflicto se geste y aquel que no tenga nada, arriesgue todo por tener algo. Y son más.

Denme la libertad para saber, pensar, creer y actuar libremente de acuerdo con la conciencia, sobre todas las demás libertades.

John Milton

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