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Viernes, 15 Abril 2016 16:33

Extremismos, miseria y estupidez: semillero de bombas.

Escrito por  J. Aguinaga
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            Nadie en su sano juicio puede afirmar que DAESH no es una organización fascista-totalitarista. Nadie puede negar que sus prácticas son abusivas, inhumanas y continuamente cometen delitos de lesa humanidad. Tampoco podemos negar dos realidades un tanto más incómodas: DAESH obtiene su fuerza por la estupidez de occidente y sus brutalidades solo nos han tocado la vena sensible cuando han tocado París... no en ningún rincón de Asia o África. Hipocresía a la europea se demuestra cada vez que Facebook se inunda de banderitas en los perfiles, que pocas veces son de países no occidentales. Caso más hipócrita aún el brutal trato a los refugiados, olvidando la lección de la Segunda Guerra Mundial o de la Guerra de Bosnia.

Tampoco podemos obviar, a no ser que prefiramos ser ilusos, que varias son las fórmulas que debemos adoptar para combatir a dicho grupo. La acción militar es necesaria, lamentablemente, pero ajustada, con más operaciones de precisión y menos bombardeo masivo. La atención a los refugiados en imprescindible, pues en esos niños desamparados estamos en el fondo sembrando la semilla de futuros odios. El colapso económico del grupo debe ser otro caballo de batalla, evitando sus fuentes de financiación tanto legales, como ilegales, pues todas son inmorales. Lamentablemente, el malo conocido es mejor que el bueno por conocer, y en oriente medio, como se ha demostrado tras Irak, el avispero debe removerse lo menos posible, por lo que el régimen Sirio debe ser un aliado hasta acabar con DAESH, como mal menor. Tiempo habrá para que paguen sus culpas y delitos de lesa humanidad. Las potencias occidentales deben olvidar sus injerencias imperialistas y dejar de jugar con la región como si fuera un Risk. Olvidarnos también del apellido de este terrorismo (islámico) porque aunque venda bien en la cristiana Europa, los radicales religiosos de la cruz ni han sido, ni serán, ni por supuesto son, mejores que los de la media luna (el cristianismo y en su nombre ha cometido, comete y cometerá salvajadas iguales cuando no superiores a la de los terroristas del DAESH). Quizás juntando todo esto, la expansión del DAESH llegue a su fin en su región de origen, pero no es suficiente.

            Las personas que han atentado en Europa, eran europeas. Vivían y habían crecido en sistemas educativos europeos. Muchas de ellas habían sido ciudadanos normales, que les gustaba beber, el sexo, o el capitalismo. Solo hay que ver los videos propagandísticos de DAESH para observar cómo esto último, el lujo capitalista, es uno de los reclamos para los jóvenes europeos. Incluso podríamos afirmar que son un poco chonis, en sus formas. ¿Cómo han llegado a una destrucción de sus estructuras morales tan grande? ¿A qué se debe que abandonen su sociedad a está ese punto? ¿Cómo pueden odiar al ser humano occidental hasta el punto de no importarles inmolarse contra ellos? Quizás, en el fracaso escolar, el desmantelamiento del estado del bienestar y de las coberturas sociales en Europa, la riqueza per cápita o el nivel de paro de larga duración en los lugares de origen de dichos terroristas, que antes fueron personas, encontramos también una parte de la verdad. Y con ella, de nuestra responsabilidad como sociedad.

Las ideas, por radicales que sean, solo son dañinas cuando encuentran a quien las ejecute a cualquier precio. Si no tienen semillas, no explotan.

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