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Martes, 26 Julio 2016 17:40

LA VILLAE ROMANA DE LA TORRASSA (Betxí-Vila-real) (1)

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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Este trabajo sobre la Torrassa lo voy a dividir en cuatro partes: La villae romana, la Vía Augusta, las monedas encontradas y los objetos hallados en la Torrassa.

La villae romana de la Torrassa

En el poblado íbero del Solaig de Betxí el hecho de detectarse en casi todas las cerámicas de la cumbre señales de cremación, induce a pensar que un trágico incendio, provocado o fortuito, puso fin al poblado, este podría haber sido provocado por la agresión cartaginense (230-218 a. C.), por el desarrollo de la II Guerra Púnica (218-201 a. C.) con la destrucción de Arse (Sagunto), o con la rebelión de los pueblos íberos de 197 a. C., que culminó con la campaña de represión de Catón contra los indígenas de 195 a. C.. Debido a este incendio el poblado del Solaig ya no volverá a habitarse (BREVA, 1990, 14). 

La conquista de los cartagineses primero y la acción romana después destruyeron totalmente la civilización íbera, que de este modo desapareció en su momento más brillante, sin haber iniciado antes su decadencia. La carencia de unidad entre las tribus íberas y de una verdadera tradición política, facilitaron la tarea igualitaria romana y aceleraron el proceso de romanización. Con la dominación romana se abandonaron los recintos amurallados de difícil acceso (El Solaig) y se ubicaron en asentamientos llanos y sin ningún tipo de defensa (La Torrassa). Esto supuso un cambio en el sistema de explotación agrícola, dejando el autoconsumo para dedicarse a la intensificación de la producción, orientándola en algunos casos, a la exportación. Este proceso culminará con los años, con el sistema de explotación agraria de las villaes romanas.

Tras la toma y destrucción de Sagunto por Anibal y la subsiguiente conquista por parte del ejército romano de los hermanos Escipiones, la zona de la Plana entró a formar parte de la órbita de Roma. La estructuración del territorio en el siglo II a. C. sufrió un reajuste, se empezó a incorporar poco a poco a la administración romana. En el paso del siglo II al I a. C. es cuando esta integración se dió por completo. Todos los poblados íberos existentes en lo alto de las colinas fueron abandonados. Esto lo sabemos por la inexistencia de las cerámicas campanienses B (siglo II a. C.) en sus niveles. Por otra parte empezó a surgir las villae de tipo romano, donde encontramos cerámica campaniense B. La presencia de fragmentos de cerámica íbera y formas derivadas de ella, nos indican que la población que se encontraba en los asentamientos íberos, se trasladaría a estas nuevas villaes, por tanto la gente de estos nuevos habitats serían los propios íberos, incluso se hablaría íbero en dichas villaes, hay que hacer constar que la romanización en la Plana Baixa fue mucho más rápido y fuerte que en otras zonas castellonenses. Hasta los nombres romanos son adoptados por los íberos, quienes abandonaron los suyos tradicionales.

Aunque no se sabe los detalles de este proceso de romanización, posiblemente se debió a la política de Roma el progresivo despoblamiento de los núcleos tradicionales íberos y el aumento de núcleos dispersos formados por caseríos íberos que posteriormente, se convirtieron en villaes, no podemos descartar que la proliferación de estos caseríos se debió a un ambiente de paz impuesto por el férreo control de Roma. En un principio Roma no se planteó romanizar el territorio, sino ocuparlo y explotarlo, pero la relación privilegiada de Sagunto con Roma debió favorecer la economía de estas tierras y su progresiva asimilación a la forma de vivir de los romanos (JÁRREGA, 2010, 549).

Los romanos intentaron hacer una pequeña Roma en nuestras tierras. Las colonias y sus territorios adyacentes, eran extensiones de Italia en la provincia, gobernadas como calco de la urbe y habitadas por ciudadanos latinos o romanos, no indígenas. Los veteranos licenciados de las legiones eran sus habitantes naturales, pues en su Italia natal la aristocracia acaparaba las mejores tierras.

Los romanos construyeron importantes obras hidráulicas en el término de Betxí, para poder regar los campos, el agua la recogían de la fuente de Fontanars (o de la Canaleta), situadas en el cauce derecho del río Seco en el término de Onda y por medio de canalizaciones, como la Acequia Mayor y el Acueducto conocido popularmente como l´Arquet,1 hoy destruido, iban a la Bassa Seca y desde aquí la distribuían ala villae romana de La Torrassa.

Las primeras villaes en la Plana Baixa aparecen en los años 50 a. C. cuando Sagunto tuvo la condición de colonia romana. Una vez habían fundado una colonia, se procedía a adscribirle el territorio que le rodeaba, este se dividía y se tomaba como referencia las vías principales de Sagunto y se procedía a prolongarlas de forma imaginaria y a crear líneas paralelas, de manera que pudieran servir para crear una especie de damero de parcelas rectangulares, a este proceso se le llamó centuriación. Esta ocupaba una franja de tierra bastante estrecha entre Sagunto y el río Mijares, que era el límite norte del área de influencia de Sagunto. Por el interior no penetraba mucho más allá del trazado de la vía Augusta, llegando hasta los actuales núcleos urbanos de la Vilavella y de Vila-real, pero no más allá. Con la centuriación es cuando el agro de la Plana Baixa comenzó a ser efectivamente romano, con la implantación de las villae. El camino del Palmeral que pasa junto a la Torrassa y la muntanyeta de Sant Antoni, lo podemos hipotéticamente identificar con uno de los cardines (Norte-Sur) de la centuriación que al parecer existió en esta zona de la Plana (JÁRREGA, 2010, 477 y 550).

Con la política de reconciliación y paz de Octavio Augusto (27 a. C. - 14 d. C.) se inició un nuevo periodo en el Imperio romano, en el cual la ciudad de Sagunto recibió el título de municipium, que la equiparaba en derechos con la propia Roma. Con Augusto se inició la fase de romanización efectiva de los habitantes de Hispania, en el sentido de abandonar la vieja cultura y convertirse en romanos de provincias, y a ello no fue ajena la Plana Baixa. Todo ello comportó la defunción de la cultura íbera, que no debió ser un proceso traumático (más allá del primer momento de la conquista) sino paulatino y voluntario.

Entre los siglos I y III d. C. nuestras tierras tenían una gran densidad de población, dispersa en villas rústicas (villaes), estas tenían una parte dedicada a la vivienda y otra al trabajo, son los antecedentes de nuestras masías. La villae romana constituía el centro de una finca agraria de una cierta envergadura cuya finalidad era producir excedentes, siendo la villae el núcleo de residencia, gestión y administración de esta propiedad. Nuestras villaes en la zona de la Plana Baixa se asientan entre finales del siglo I a. C. al I de nuestra Era. Los restos de estas edificaciones rurales son más bien escasos, debido al continuo aprovechamiento de las estructuras por las distintas culturas y épocas, musulmana, medieval; un ejemplo de villae romana es nuestra Torrassa.

Este yacimiento se localiza en la partida del Pla Redó, donde se encuentran los límites municipales de Betxí y Vila-real, y se cruzan los caminos del Palmeral y la Raya de Betxí-Vila-real. Está cerca de la muntanyeta de Sant Antoni, y a unos 2 km hacia el sur de la Bassa Seca.

De las villas romanas existentes en la Plana Baixa, la más importante fue la Torrassa, en una categoría intermedia se encontraban las villas Vora Riu Sec (Les Alqueries) y el Tosal (Nules) y en una categoría inferior se encontraban Bonretorn (Les Alqueries), El Salt (Vila-real) y posiblemente la Muntanyeta de Sant Antoni (ARASA, 2004, 109). No sabemos si estos asentamientos eran independientes entre si o bien que existiese una jerarquización. En el caso de La Torrassa, tenía El Salt, un asentamiento pequeño a 1´5 km de distancia.

Los restos arqueológicos de la Torrassa pertenecen, esencialmente, a los siglos I y IV d. C., aunque existe la posibilidad de que la fecha sea anterior si tenemos en cuenta la existencia de un fragmento de campaniense A y de barniz rojo pompeyano del siglo I a. C., que podría corresponder a un asentamiento íbero anterior o a una villa romana republicana. Ello da idea de la gran perduración cronológica de la villa (JARREGA, 2010, 196).

Este yacimiento fue dado a conocer por el catedrático de árabe y hebreo de las Universidades de Salamanca y Granada, Pascual Meneu Meneu en tres publicaciones de 1901 (HERALDO DE CASTELLÓN, 12 y 15-III, 2 y 16-IV-1901), 1903 (AYER Y HOY, 1903, XLI, 389-392) y 1911 (ARTE Y LETRAS, 1911, VI y XIII, 2-5), nos cuenta que: “al pié del Puig de Pascues (Sant Antoni), lado noreste, se halla un yacimiento romano, que debió ser pueblo o colonia agrícola, en la que las artes e industrias se conocían bastantes adelantadas, juzgando por las monedas, objetos de plomo, estaño, cobre, piedras labradas, artefactos (…) Torrasa, nombre recibido de una asolada torre, de fábrica atapiada, aunque poco gruesa, que se levantaba en el centro del emplazamiento de la estación romana”(MENEU, 1911, IV).

Meneu ofreció excavar parcelas dejándolas listas para el riego a cambio de los hallazgos que pudiera hacer. También compró alguna que después de excavada, la vendía al anterior propietario por el mismo precio (ESTEVE, 1993, VI, 26).

Traver (1909 y 1920) recoge la que posiblemente es la referencia documental de este yacimiento. Se trata de un protocolo del año 1569 redactado por el notario Gabriel Avinent donde se realiza un reconocimiento de los mojones que delimitan el termino municipal de Vila-real. Al llegar cerca de Betxi indica: “Lo tretse que està junt a un cup de argamassa prop de les parets de uns corrals ques diu antiguament se nomenava mesquitella; lo catorze que esta junt al riu Sech”. Traver señala que el primer mojón y el cup d´argamassa se encontraban dentro de la finca de José Bonet. La numeración de los mojones sigue el sentido de las agujas del reloj y el mojón catorceavo situado junto al río todavía se conserva, por lo que es probable la identificación del citado cup d´argamassa con las ruinas de la Torrasa. Es muy posible que el topónimo mesquitella fuese utilizado antes que el de Torrassa para referirse a estas ruinas.

La Torrassa podría tratarse del lugar citado en la carta puebla de Vila-real de 1274, como la antigua vocatum Misquitella que a su vez se puede referir a la Turri vocata Mesquita que el rey Jaime II estableció en 1316 a favor de Gilabert de Centelles de Nules. El término antigor significa ruinas, Mesquitella se designa a unas ruinas del siglo XIII, siendo un diminutivo de Mesquita, lugar de culto musulmán. Cuando se realiza la conquista cristiana en el siglo XIII el lugar era conocido como un lugar de culto musulmán (mezquita, oratorio) ya en ruinas.

La villae de la Torrassa situada en el campo y destinada a actividades de transformación agrícola, constaba al menos de dos partes bien diferenciadas, la pars urbana (zona destinada a vivienda, más o menos lujosa) y la pars fructuaria (zona rústica destinada al almacenamiento y transformación de los productos agrícolas), en las que tenían un papel prioritario los habitáculos para las actividades de transformación y almacenamiento (prensas, depósitos de decantación, almacenes).

De los restos que quedaron, podemos descartar que fuese una torre, como el nombre de torrassa haría pensar, ya que sus paredes eran demasiados delgadas, para un recinto fortificado, y los restos corresponden a una construcción de estructura más compleja, cosa que unida a la existencia de gruesas moles y de un lecho de mortero con superficie lucida, rectangular de 3 m², nos hacen pensar que las piedras de molino, servían para moler aceitunas o prensar la uva, y el lecho de mortero sería la sola del depósito para recoger el aceite o el vino.

En la Torrassa hubo un gran torcularium,2 con al menos tres grandes presas y otras dos más pequeñas. El liquido obtenido del prensado era decantado o almacenado en depósitos o “lacus”. Un elemento característico del almacenamiento de vino, aceite y cereales en el mundo romano eran las grandes tinajas o dolias, que se enterraban parcialmente, sobresaliendo sólo la parte superior.

Se ha sugerido que el yacimiento de la Torrassa podría corresponder a una propiedad de considerable tamaño cercano al latifundio. Se trataría de una explotación agraria bien emplazada, que contaba con cinco grandes piedras de molino para moler las aceitunas o prensar lauva, lo que se supone que se trataría de una costosa instalación industrial y que además dispondría de costosas obras de canalización de agua, que necesitaban para regar los olivos y las vides. La presencia de un total de cinco contrapesos apunta a la existencia de un importante centro de producción de carácter excedentario. Las instalaciones contaban con un pavimento cerámico de opus spicatum y otro más reducido de mortero (ARASA, 2004, 100-102).

En 1924 Esteve vio el yacimiento de la Torrassa, de su perímetro quedaban tres paredes que se levantaban más de dos metros por encima del camino, al faltar una parte no sabemos como sería la planta, posiblemente cuadrada, en cuyo interior se conservaba un trozo de pavimento formado por 193 ladrillos rectangulares colocados en forma de espiga (opus spicatum); este pavimento debe corresponder al que menciona Doñate. Indica Esteve que las mencionadas estructuras no corresponden a una torre (pese al topónimo), sino a construcciones más complejas, y de paredes demasiado estrechas como para corresponder a una fortificación. Esteve menciona también un largo muro de poco más de un metro de altura, que se veía a lo largo del camino.

La parcela de Vila-real permaneció dedicada al cultivo del olivo hasta 1937 y luego tierra yerma, cuando la zona quedó pendiente de una transformación. Durante este largo periodo de tiempo, la zona estuvo vigilada por el historiador Jose Mª Doñate Sebastiá y por guardas jurados del término, ante la falta de colaboración del propietario de la parcela y a la espera de poder salvar algunos restos cuando se iniciaran las nuevas labores agrícolas con utillaje moderno. Como la espera se hizo tan grande, se hizo cargo de la vigilancia, Lorenzo Gozalbo Delás, que tenía una propiedad cercana. En 1966 fue visitado por los arqueólogos Fletcher y M. Tarradell. Cuando finalmente se roturó este yacimiento para plantar naranjos en 1967, las operaciones de salvamiento de los materiales, que iban apareciendo se convirtieron en una auténtica aventura detrás del despojo que iba dejando la excavadora. Empezaron a recoger abundante material pero muy fragmentado, que fueron estudiados en 1969 por Doñate. Más adelante, fue prospectado igualmente por Esteve, Mesado y V. P. Serra. Hoy difícilmente se localizan restos en la zona de Vila-real, y desafortunadamente ya no es posible encontrar ninguno por el término de Betxí. (DOÑATE, 1969, XII, 221-222).

 

Reconstrucción de una prensa romana de Mayoralguillo de Vargas (Cáceres), idéntica a la que había en La Torrassa.

Doñate consideró que la zona estudiada correspondía a una almazara, de la que se encontraron tres contrapesos de gran tamaño de piedra, con unas dimensiones de 1´45 m de alto y 1´27 m de diámetro; tenían perforaciones en el eje y escotaduras laterales, algunas de ellas en forma de cola de milano. Tres de estas piezas se conservan, dos en una plaza de Les Alqueries y la otra sepultada en el camino de la raya de Betxí-Vila-real. Las otras dos se encuentran en la rotonda de la Avenida 1º de Mayo con Joaquín Dualde, con unas dimensiones máximas de 1´12 x 0´92 m y de 1´10 x 0´62 m, estos dos contrapesos fueron recuperados y trasladados al Palau de Betxí por Meneu, tienen un peso medio de 3.671 kg. Doñate documentó también la existencia de varias habitaciones, una de las cuales presentaba un muro que estaba cimentado sobre sillares calcáreos.

Los contrapesos llevan las típicas entalladuras en forma de cola de paloma para el encaje de los stipites y debieron ser utilizados en tres prensas de viga accionadas con mecanismo de sucula (torno). En el torcular (departamento de prensado), además del contrapeso ubicado en el punto de potencia, se hallaban los principales elementos diferenciales de la prensa: los sillares con oquedades para la empotradura de los arbores, el ara y la balsa de decantación. Un grueso cable formado por tiras de cuero se enrollaba tanto a la viga como al tambor de la sucula. El giro del tambor, accionado manualmente a partir de los vectis hacía bajar la vigaque comprimía los racimos de uva, o las aceitunas depositadas en los serones y colocadas en el ara. El mecanismo permitía, en la fase final del proceso, elevar el contrapeso hasta dejarlo suspendido en el aire.

Gracias a las descripciones que nos han dejado Meneu, Doñate y Esteve, podemos saber la distribución de las distintas partes de la villa. La parcela que estudió Doñate está colindante con los caminos de la Raya de Betxí-Vila-real y del Palmeral: la parte levantada por la roturación era casi toda de labor, contando sólo en la parte este había una faja de unos 12 metros con cobertizos utilitarios, en los que había un lagar, aparecieron en él dos cilindros de piedra caliza, que consideramos piezas principales de una prensadeextracción de aceite.1 Otro quedó enterrado en la misma raya a tres metros del mojón del término y luego había dos más en el Palau; idéntico uno y otro y del mismo diámetro pero sólo de 55 cm de altura. La parte edificada tenía una de sus paredes cimentada con sillares calizos, traídos probablemente de la muntanyeta de Sant Antoni. Estaba techada con la clásica tégula y del piso se conserva un fragmento de medio metro cuadrado, oculto en la base de un ribazo. Estaba formado por losetas de barro cocido, rectangulares cuyas dimensiones se aproximan a 10 x 6 x 2´5 cm colocados en sentido vertical y formando espiga. De dolium sólo llegaron a ver más que grandes fragmentos, daban la impresión de estar ya rotos con anterioridad, a la acción de las maquinas. La tierra sigilata se mostró abundante, así como fragmento de ánfora. Y algo que llamaba la atención era la superabundancia de vidrio” (DOÑATE, 1969, XII, 221-232).

El área descrita debió de ser la pars fructuaria de la villa, que era la zona de transformación de productos agrícolas para la elaboración del vino o del aceite. El muro descrito debía de ser uno de los que cerrarían el gran edificio que contendría al menos las cinco grandes prensas a las que corresponderían los citados contrapesos (ARASA, 2004, 107-108).

Meneu no describe con más precisión el yacimiento y sólo podemos deducir la existencia de una área funeraria extensa en la que se encontraron numerosas tumbas, de inhumación y algunas con ajuar. Dicha necrópolis debió de extenderse a ambos lados del camino de acceso a la villa, que posiblemente arrancaba en la Vía Augusta.

Es muy probable que la Torrassa fuese una explotación agraria bien situada, es de suponer que al lado de la Vía Augusta por ser una gran villae. Regida por un dominus (propietario), al no ser un sitio señorial, este debió de estar aquí poco tiempo y que tendría su residencia en Sagunto, donde vivían familias ricas y poderosas, o en alguna villa próxima (¿Sant Antoni?, por los restos romanos encontrados por Meneu) (ESTEVE, 2003, 144-145).

Para Esteve y Meneu, la Sebelaci romana estaría en la Torrassa. La mansión de los propietarios de la villae de la Torrassa estaría en la Muntanyeta de Sant Antoni, y a ella pertenecerían los restos de obra romana que vio Meneu en la ermita, según este: “antes que ermitorio debió ser ciudadela en la antigüedad, periodo colonial, pues debajo de la cisterna actual y a sus lados se observan asases, cimientos de carácter oriental al estilo de las murallas del puerto de Denia…”(MENEU, 1911, IV). Para establecer la mansión debieron desplazar a los lugareños indígenas, dispersándose sus pobladores por los bajos de la muntanyeta (ESTEVE, 2003, 148).

BIBLIOGRAFÍA

ARASA GIL, Ferran (2004): Alqueries, el temps de un poble. Alqueries y su territorio en época romana, Castellón, Servicio de Publicaciones de la Diputación Provincial de Castellón, pags 75-146.

BREVA FRANCH, Francesc (1990): Art a Betxí, Betxí, Publicacions de l´Ajuntament de Betxí.

DOÑATE SEBASTIÁ, José María (1969): Arqueología romana de Villarreal, Valencia, Archivo de Prehistoria Levantina. Tomo XII, Diputación Provincial de Valencia, pags 205-244.

ESTEVE i GÁLVEZ, Francesc (1993): En memoria de Pascual Meneu, Castellón, Ateneo de Castellón nº6: Anuario 1992-93, Diciembre de 1993, pags 19-32.

ESTEVE i GÁLVEZ, Francesc (2003): La vía romana de Dertosa a Saguntum, Castellón Diputación de Castellón.

JÁRREGA DOMÍNGUEZ, Ramón (2010): El poblamiento en la plana en la época romana, Castelló, Publicacions de la Universitat Jaume I. Servei de Publicacions de la Diputació de Castelló.

MENEU MENEU, Pascual (1911): Yacimientos arqueológicos en Betxi, Castellón, Artes y Letras nº 1, 2, 4, 6, 7, 11, 12, 13 y 14.

1 Se interrogó a labradores, pero dijeron no haber visto en los pueblos cercanos, ninguna prensa que utilizara piedras de este tipo.

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