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Miércoles, 23 Noviembre 2016 17:23

Reflexión primera sobre la reforma educativa ¿Qué queremos evaluar?

Escrito por  J. Aguinaga
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La reforma educativa del ministro Wert, cuyo retiro dorado en París pagamos todos los contribuyentes, sigue adelante, con su plena implantación en el presente curso. El cambio de cabeza en el ministerio solo ha servido para con un rostro quizás más amable, continuar su vergonzosa aplicación. Quizás algún miembro de la ciudadanía se escandalice por el precio de dicho retiro, pero lo cierto es que pocos alzan la voz protestando por el sistema de revalidas. Y esa factura la pagaremos en nuestro futuro.

Si ya había voces que pedagógicamente ponían en duda el valor de la misma selectividad, el sistema de reválidas (que solo es la punta visible de una reforma más perversa) lo es todavía más. Centrándonos solo en las reválidas, que como digo, solo es la punta del iceberg, vamos a lanzar algunas preguntas que inviten a la reflexión.

Si desconocen el sistema, puede que se escandalicen, pero si el alumnado pierde ya en la práctica un curso preparándose para pasar un examen (segundo de bachillerato), que marcará su futuro profesional y su desarrollo personal, ¿cómo van a desarrollar sus capacidades cognitivas si tienen que invertir dos cursos en dicha preparación?

Por otra parte, conocido es que la velocidad de aprendizaje y de desarrollo cognitivo no es común a todos los humanos. Cada persona presenta un desarrollo cognitivo con más facilidad para determinadas competencias y una mayor dificultad de desarrollo para otras. Pero esta realidad no les incapacita para desarrollar de manera eficiente las más complejas para cada realidad. Solo necesitaran más tiempo o esfuerzo. ¿Debemos permitir que a los dieciséis años quede marcado un quizás brillante futuro profesional por un desarrollo cognitivo más tardío en determinadas competencias? Es más, ¿hay una edad que fije donde el desarrollo es óptimo y donde debe eliminarse el concepto vocacional? Si apenas podemos fijar socialmente el límite para la toma de decisiones, dejando de lado la legalidad, ¿cómo vamos a decidir a temprana edad, o a determinada edad quien es apto para qué profesión y quién no? En realidad, ¿no estamos condicionando bajo otros principios dicho desarrollo, sin tener en cuenta la realización personal?

Por último queda el acceso a la universidad. ¿Cómo se regulará? ¿Será un sistema justo como la selectividad o será un modelo eficiente aún por desarrollar? ¿Puede un examen igual a sujetos diferentes establecer las capacidades de un ser? Y si es así, teniendo en cuenta que al llegar a la selectividad (o como quieran llamarla) habrán superado ya tres pruebas, ¿no estará el sujeto ya condicionado por los resultados previos, sin tener en cuenta el propio desarrollo y su velocidad?

Lo cierto es que a mi entender, la reforma actual del sistema educativo es elitista, y pretende crear un país de empleos de baja cualificación, para proseguir con un modelo productivo de mano de obra barata en el sector industrial y servicios masivos de baja calidad en el sector servicios, cuando no privatizados. Carne para la picadora capitalista, donde en lugar de añadir valor añadido al resultado del trabajo, se abaratan costes con salarios bajos y trabajadores poco cualificados. Con todos los respetos para las dignas profesiones especializadas, un país de camareros de bajo costes, de sirvientes sumisos y de obreros sin posibilidad de mejorar ni de reivindicación. Un paraíso capitalista, un modelo que ya se aplica en países en vías de desarrollo. Un modelo que yo no quiero.

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