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Jueves, 19 Enero 2017 17:50

Tetrarquía.

Escrito por  J. Aguinaga
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Lejos de caer en el tópico, profundizamos en él, las dos Españas siguen hoy más vigentes que nunca, pero hay que añadir una nueva dimensión. Como en todos los países de nuestro entorno, ya que no sería aplicable este modelo a países en vías de desarrollo o anclados en estructuras productivas y sociales antiguas, hay una división de intereses o capacidades entre clase dirigente y población. Cierto es que este modelo no es novedoso, y es producido por cierta especialización, pero en este país, existe además una subdivisión interna en estos dos estamentos.

Hay dos Españas, y dos iconos nos la recuerdan en cualquier paseo por una zona turística. Simplificando mucho la idea, dos pegatinas o recuerdos para turistas ejemplifican una división que no es nueva. No se produjo ni siquiera con la guerra civil, ni con el franquismo, sino que fue uno de los detonantes de ambas tragedias. Un turista, puede elegir entre comprar un recuerdo con forma de toro, o uno con la figura de El Quijote junto a Sancho Panza y sus monturas. Tan sencillo como eso, tan complejo al mismo tiempo.

Hay una España anclada en la antigüedad, de pensamiento arcaico, rechazo al aperturismo y a cualquier tipo de innovación. Esta España ve como agresión cualquier crítica o sugerencia de cambio y no quiere cambiar nada. Es una sociedad temerosa, privada de la alegría del cambio y ajena a cualquier influencia extranjera, de pensamiento. Vive acomplejada por sus propias autolimitaciones, y por las que le impone una mala comprensión de las herramientas sociales. Una mala comprensión que ha sido generada también por sus elementos de control, su clase dirigente, para poder perpetuar sus privilegios. Es un nuevo tipo de sociedad estamental. Alimentada durante siglos por el poder, esta España, que hoy en día no podemos llamar ni inculta ni analfabeta, aunque sí falta de capacidad de crítica o de autocrítica, permanece impasible como la roca, que solo se quebrará por el paso del tiempo, no por los elementos, aunque los tenga todos en contra. En la actualidad, esta es la mayoría del país. Podría representarse perfectamente por la pegatina del toro.

Hay otra España, abierta a la innovación. En constante convulsión y combustión interna, pues está siempre pendiente del cambio y de la modernidad. Históricamente han sido minoría o bien, incluso directamente expulsados del país. Solo en breves momentos de nuestra historia reciente han obtenido la primacía en la gobernanza, con resultados no siempre beneficiosos. La riqueza de ideas y la complejidad de sus estructuras la hacen de difícil comprensión, pues requieren el esfuerzo de su integrante por la superestructura. No siempre se puede saber si el cambio o la tendencia defendida es mayoritaria o buena. Además, la presencia del debate de ideas, tan necesario como la discrepancia, la hace aparecer más debilitada frente al supuesto anterior, siendo entonces menos apreciada por la mayoría, tan pendiente de la uniformidad simplificante. Podríamos decir que a esta sociedad la identificaría la imagen de Alonso Quijano, Sancho Panza y sus monturas.

Por encima de estas dos tendencias, están sus respectivas clases dirigentes. A una de ellas, es relativamente sencillo acceder. La otra, es prácticamente imposible de cambiar su estructura, con familias que se perpetúan en el tiempo. Esta es la explicación más plausible a como, en una sociedad completamente corrupta, sigue ganando unas elecciones el gran corruptor. Son mayoría, pero no ganaran siempre.

    

Modificado por última vez en Jueves, 19 Enero 2017 17:54

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