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Jueves, 19 Enero 2017 17:55

DE LA ÉCFRASIS AL CULTURALISMO: VISIONES DE TIZIANO EN LA POESÍA ESPAÑOLA CONTEMPORÁNEA (I)

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna, nº LII, ISSN: 2255-0828.
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La figura y la obra del pintor renacentista Tiziano han suscitado en la literatura española contemporánea algunos textos poéticos que indagan en los conceptos de écfrasis y culturalismo. Autores diversos como Antonio de Zayas, Manuel Machado, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Luis Antonio de Villena, Antonio Colinas o Guillermo Carnero, celebraron la belleza artística veneciana y el encomio al pintor. Pero adscribieron el texto literario lejos del mero motivo laudatorio para  convertirlo en un nuevo enunciado artístico. Desde la estética modernista hasta los años recientes, en la lírica evocación de la pintura, por medio de la escritura ecfrástica, ex pictura poesis,trasluce un procedimiento culturalista especialmente unido a las respectivas poéticas y al universo particular de los citados escritores.

En su último poemario Desolación de la Quimera (1962), Luis Cernuda desarrolla un proceso culturalista que alumbrará a la generación novísima. Los motivos literarios, históricos, pictóricos o musicales son utilizados como correlato a su intimidad. En “Ninfa y pastor, por Ticiano”, el canto del deseo cernudiano se representa mediante la analogía del viejo pintor y su vital anhelo por la creación de belleza. Los estudiosos del poema lo han considerado como culturalista y su mismo título ya enmarca la retórica de la écfrasis.

La pintura referida admite la identificación entre arte y vida, elección que se amplifica con la correspondencia objetivada entre el sujeto poético y el pintor, unidos por su edad avanzada, la implacable ansia de creación y la sugerencia de una pasión por el cuerpo humano que permanece aún incólume en la vejez. Se trata de un discurso ecfrástico articulado según los códigos literarios cernudianos, más allá de una simple transposición lírica, enmarcado en la pulsión poética esencial de La realidad y el deseo (1924-1962).

La écfrasis posibilita el vínculo de todos estos elementos, concertada en el poema para su voluntad de transmitir la experiencia vital del poeta a modo de exemplum -como se ha señalado en un reciente estudio de Victoria Pineda-. La interpretación que conlleva la écfrasis conduce al poeta a seleccionar, transformar o narrar algunos elementos de la descripción, aquello que los modernistas Antonio de Zayas o Manuel Machado ya habían teorizado y que aludieron como modificaciones o dejar volar la fantasía e inexactitudes, respectivamente. Así, entre otras notas ecfrásticas dirigidas y seleccionadas al efecto final del discurso poético, la sugestión del deseo, destaca, por un lado, la mención a la técnica de Tiziano: la utilización de los dedos como sustituto del pincel, y por otro, la importancia capital de la mirada lasciva.

Otro aspecto del poema cernudiano en que la crítica se ha debatido es en el hecho de la figura femenina como símbolo de la belleza en un autor en las antípodas del canto al amor heterosexual. El argumento más plausible que se ha resuelto es la relevancia analógica del viejo pintor y su deseo creador y pasional.

Aportar al respecto de esta conclusión, que en una pintura de juventud de Tiziano, “Alegoría de las tres edades del hombre” (1512), la escena en primer plano es idéntica a “Ninfa y pastor”, salvo que los sexos de la figuras son opuestos a esta última. El hombre es quien aparece desnudo y la dama quien interrumpe su música al poner su mirada en él. La elección del lienzo de madurez es una marca incontestable de que Cernuda concentraba su atención en el emblema del anciano artista, pero, por otro lado, es una muestra de que el culturalismo no comporta necesariamente la absorción de todos los elementos analógicos, sino que sirven, en algunos casos, como abstracción ideal o afinidad emotiva en su contenido. Más aún cuando la ninfa es un ser mitológico, distante de la realidad humana -asimismo, posible emblema de amor inalcanzable, agudizado por la asumida longevidad de Cernuda-. La exhibición de esta belleza en un cuerpo femenino ha sido impuesta por la écfrasis, pero la clave de su idealización culturalista la hallamos en la propia obra del poeta.

 

NINFA Y PASTOR, POR TICIANO

 

Lo que mueve al santo,

La renuncia del santo

(Niega tus deseos

Y hallarás entonces

Lo que tu corazón desea),

Son sobrehumanos. Ahí te inclinas y pasas,

Porque algunos nacieron para santos

Y otros para ser hombres.

 

Acaso cerca de dejar la vida,

De nada arrepentido y siempre enamorado,

Y con pasión que no desmienta a la primera,

Quisieras, como aquel pintor viejo,

Una vez más representar la forma humana,

Hablando silencioso con ciencia ya admirable.

 

El cuadro aquel aún miras,

Ya no en su realidad, en la memoria;

La ninfa desnuda y reclinada

Y a su lado el pastor, absorto todo

De carnal hermosura.

El fondo neutro, insinuado

Por el pincel apenas.

 

La luz entera mana

Del cuerpo de la ninfa, que es el centro

Del lienzo, su razón y su gozo;

La huella creadora fresca en él todavía,

La huella de los dedos enamorados

Que, bajo su caricia, lo animaran

Con candor animal y con gracia terrestre.

 

Desnuda y reclinada contemplamos

Esa curva adorable, base de la espalda,

Donde el pintor se demoró, usando con ternura

Diestra, no el pincel, mas los dedos,

Con ahínco de amor y de trabajo

Que son un acto solo, la cifra de una vida

Perfecta al acabar, igual que el sol a veces

Demora su esplendor cercano del ocaso.

 

Y cuánto había amado, había vivido,

Había pintado cuando pintó ese cuerpo:

Cerca de los cien años prodigiosos;

Mas su fervor humano, agradecido al mundo,

Inocente aún era en él, como en el mozo

Destinado a ser hombre sólo y para siempre.

 

Modificado por última vez en Viernes, 20 Enero 2017 20:34

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