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Viernes, 20 Enero 2017 20:34

LA VILLAE ROMANA DE LA TORRASSA (Betxí-Vila-real) (4)

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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Objetos hallados en la villae de la Torrassa

Los numerosos objetos arqueológicos encontrados en la Torrassa fueron estudiados por Doñate (1969) que publicó un importante lote de materiales cerámicos, entre los que destaca un relieve de mármol blanco roto en la parte superior que representaba un grupo constituido por un arbolito, una cabra, un niño en actitud de mamar, y un pastor o vigilante que velaba por el animal y el infante. El grupo descansa en una repisa primorosamente cincelada. Aunque no se dice nada de su tamaño se supone que era reducido. Meneu mostró la pieza a J.R. Mélida, entonces director del Museo de Reproducciones de Madrid, que consideró que era una imitación de los siglos XVII- XVIII por el motivo decorativo utilizado en el repié, que según su opinión nunca aparecía en la antigüedad. Decepcionado Meneu, reconoció que fue objeto de un engaño (ARASA, 2004, 109), y así lo hizo saber en las páginas de la revista Ayer y Hoy (AYER Y HOY, 1903, XLI, 389-392).

Ferran Arasa no pudo analizar la pieza, ya que se desconoce si la conserva algún particular, considera muy improbable que se trate de alguna falsificación. El tema descrito recuerda claramente el de la nimfa Amaltea. Según el mito griego, Rea, después de dar a luz su tercer hijo, Zeus, por protegerlo de su marido Cronos se lo entregó a Gea, que lo llevó a Creta y lo escondió en la cueva de Dicte, donde lo dejó al cuidado de las nimfas Andrastea, Io y la nimfa-cabra Amaltea, que lo alimentó con su leche. Las figuras de la cabra, el niño mamando y el árbol son inequívocos; la otra figura puede ser la del hermano adoptivo de Amaltea, Pan, o la representación de la isla de Creta, que también suele aparecer en el grupo. La representación del mito nos aparece incuestionable en la antigüedad de la pieza (ARASA, 2004, 109-110).
Meneu efectuó posteriormente excavaciones en el lugar donde encontró el fragmento escultórico, cuenta que había encontrado 3 arrobas (más de 30 kg) de fragmentos de restos de mármol blanco, pardo y rojizo. Los estudios referentes a esta última exploración fueron publicados por este en 1910. El hallazgo de fragmentos de placas de mármol, así como la posible presencia de elementos escultóricos, permiten afirmar que se trataba de una villae romana de una cierta riqueza, pese a que la ausencia (al menos, aparente) de elementos lujosos como mosaicos, capiteles y fustes de columna hagan dudar a Esteve sobre el grado de riqueza de este asentamiento (ESTEVE, 2003, 144-145).
La villae de La Torrassa fue visitada por numerosos investigadores y encontraron los siguientes objetos:

Meneu cita una inscripción sobre cerámica de caracteres desconocidos, tal vez íbera y describe dos piezas supuestamente encontradas en las obras de transformación de una de sus fincas, un relieve de mármol blanco y una tosca figura femenina de barro cocido con anchas caderas y pechos marcados. Pero antes había realizado excavaciones y encontró un arete de hueso, tuberías de plomo, fragmentos de columnas y balsas para la elaboración de vino o aceite. Otros hallazgos son recipientes de vidrio, un anillo, arquitas funerarias, muchos enterramientos con cubierta de tejas y 7 monedas. Meneu cita: estaño, cobre, piedras labradas, artefactos, lámparas, tejas de 0´5 m planas y marcadas con signos de fábrica, ladrillos de pavimento, hoces, cuchillos, espejos, esqueletos y sepulcros, dentro de los cuales han aparecido cajitas de metal y pizarra, pomitos de vidrio estilo fenicio mate y frascos de vidrio labrados adornados con cordones e hilos de la misma sustancia que se enroscan desde la base al cuello en forma de espiral. Entre tanto hallazgo se encontraron dos objetos de estaño cuya forma actual ofrece la figura de dos letras orientales (…) (HERALDO DE CASTELLÓN, 12 y 15-III-1901).

Doñate (1969) cita: un pavimento de opus spivatum, constituido de losetas cerámicas de forma rectangular, de unos 10 x 6 x 2´5 cm formando espiga. También aparecieron ladrillos cuadrados de 21 x 4´5 cm. El material recogido estaba formado por abundante vidrio, piezas de
hierro, bronce, plomo, hueso y marfil. De cerámica se recogieron fragmentos de grandes tinajas (dolia), ánforas, cerámica común, lucernas, tubos (tubuli), que pueden ser testimonio de un horno, aunque no se puede descartar que hubiesen formado parte de elementos balnearios de calefacción y una pieza de cerámica que debió ser usada como separador para la cocción de piezas en un horno (DOÑATE, 1969, XII, 205-240).

Doñate entre los materiales inventariados de cerámica cita:
Entre los siglos II-I a. C.: un plato de cerámica campaniense A, de procedencia itálica, es la pieza más antigua encontrada.
Entre los siglos I a. C. al I d. C.: un fragmento de fuente de barniz rojo pompeyano, de procedencia itálica.
Entre los siglos I al II d. C.: 47 fragmentos de sigillata hispánica (de las formas Mezquíriz 4-
5 y Dragendorff 15/17, 27, 29 y 37), pertenecientes a platos y sobre todo a copas, entre los cuales había uno con el sello del ceramista Agiliani procedente de los talleres Tritium Magallum (Tricio, La Rioja).
Entre los siglos II-III d. C.: 6 fragmentos de sigillata africana A, procedente de Túnez, correspondientes a dos boles (de la forma Hayes 9) y una cazuela (de la forma Hayes 8), y un fragmento de sigillata clara B (de la forma Lamboglia 2, con decoración de ruedecilla), procedente del valle del Ródano (Francia).
Siglo III d. C.: varios fragmentos de sigillata africana C (de la forma Hayes 50), procedente de Túnez.
Siglo IV: un fragmento de una copa de sigillata hispánica tardía. Entre los materiales inventariados de metal cita:
De hierro: había 8 clavos y una plancha rectangular de 240 x 40 x1/2 mm con 9 remaches, varios fragmentos de lámina, 4 clavos, una posible tapadera de lucerna, un disco con perforación central, un asa, una varilla con un extremo más grueso y una anilla en el otro y una lanceta.
De plomo: varios fragmentos de lámina, uno de ellos con un remache, una anilla de 10 cm de diámetro exterior y 7 cm de interior, de 4´5 cm de altura y 1´7 kg de peso y una lámina de
120 x 25 x 3 mm con tres orificios.
De piedra: 5 fragmentos de placas de mármol, uno de ellos con estrías como de pilastra; varios fragmentos de pizarra; una posible tesela de piedra dura de color azul prusia y escoria de fundición. El haber encontrado una posible tesela ha servido a algunos autores a lanzar la hipótesis de que en la villa existiera algún mosaico (Fletcher y Alcácer (1956); Bru (1963); Balil (1976); Georges (1979); Melchor (1994); Arasa (1998)), en prospecciones recientes realizadas por el propio Ferran Arasa, no se han encontrado más teselas.
De vidrio: numerosos fragmentos, mayoritariamente de tonalidades verdosas, pero también blancos y uno morado, pertenecientes a asas, cuellos y bordes, algunos de grandes fuentes, y uno tal vez de una pulsera de color negro.
De hueso: se encontraron varias agujas, un fragmento tal vez de cierre de una caja y una pieza de marfil.
De fauna: se identificaron huesos de ovejas, cabras, caballos y cerdos, además de numerosos colmillos de jabalíes.

Esteve entre los materiales inventariados cita:
De cerámica: ladrillos de pavimento, pesos de telar, fragmentos de tejas y dolia, una gran tapadera, abundantes fragmentos de sigillata de reducido tamaño, tres vasos y un bol de cerámica común.
De bronce: un pequeño recipiente, dos clavos, la cabeza de otro, una barrita prismática con anilla, la aguja de un broche, un pasador, una anilla, un posible torques con una hoja de hiedra en su extremo, una pieza en forma de media luna, una pieza que imitaba el tronco de un árbol, un remate decorativo, un pequeño bronce fusiforme, un trozo de lámina alargada, una varita en forma de arco con un botón en su extremo, un posible fragmento de asa, un pasador con botón y el borde dentado,
el arco incompleto de una fíbula y una plomada sin la anilla.
De plomo: una plaquita cuadrada; un gran recipiente metálico de posible uso funerario. De vidrio: numerosos fragmentos.

Figura 1: Contrapesos de La Torrassa en el lugar de su hallazgo (Norberto Mesado).

 

 

Figura 2: Objetos metálicos de La Torrassa (Arasa).

Figura 3: Tambor de columna enterrrado
(Valero).

Figura4: Basade columnademármol blanc(Arasa)

Figura5: Fotografía de la cabeza de bronce de una divinidafemenina (Arasa).

 

Arasa cita:
Entre los siglos IV-V d. C.: un fragmento de sigillata africana D, con decoración del estilo
A2-A3.

 

Miguel Blasco y Albert Ventura cuentan que en 1987 se realizaron obras para la construcción del Canal Cota 100, que discurre por el mismo camino de la Raya. En el tramo de la zanja que atravesaba el camino del Palmeral aparecieron varias grandes tinajas o dolia, tal vez en su emplazamiento original, que rompieron las maquinas, cuyos fragmentos más grandes fueron recogidos por ellos y guardados por D. Miguel Blasco en una alquería de su propiedad.
En el yacimiento, al borde del camino de la Raya, a unos 100 metros de su cruce con el del Palmeral, se conocían dos columnas del mismo tipo de piedra situados a la entrada de un huerto recayente al término de Betxí. También recogieron un tambor de columna de caliza oscura situado en dicho lugar junto a otro que se encontraba hincado en la tierra. Este tambor tiene unas dimensiones de 60 cm de largo por 37 cm de diámetro máximo (fig. 3).
Los materiales recogidos posteriormente en superficie son:
De cerámica:
Segundo cuarto siglo I d. C.: los de sigillata hispánica son más numerosos, con fragmentos pertenecientes a boles, platos y copas decoradas, entre los que destaca una base con la marca Ex. O. G. F. Pat, procedentes también de la alfarería de La Rioja.
Tercer cuarto siglo I d. C.: un fragmento de sigillata itálica y un fragmento de sigillata sudgálica.
Siglo I d. C.: numerosos fragmentos de cerámica de paredes finas pertenecientes a diferentes producciones.
Entre los siglos II-III d. C.: algunos fragmentos de sigillata africana A, pertenecientes a platos y cazuelas.
Siglo III d. C.: algunos fragmentos de sigillata africana C.
Siglo IV d. C.: un fragmento de sigillata africana D, decorado con motivos circulares impresos y una cazuela de sigillata lucente procedente de la Galia.
La cerámica común: es muy abundante; la mayoría de procedencia local, pero hay algunos fragmentos de cazuelas y tapaderas de procedencia africana; también se encontró un gran fragmento de mortero. Destaca la presencia de algunos fragmentos de cerámica de tradición íbera con perfiles característicos y decoración pintada, algunos contrapesos de telar y fragmentos de tubos (tubuli) para la conducción de agua.
En cuanto a los recipientes para el transporte y almacenamiento: se han identificado fragmentos de ánfora vinaria de procedencia itálica, fragmentos de ánfora vinaria de procedencia tarraconense y de ánfora olearia y de salazones de procedencia andaluza. También de cerámica es una cabecita moldeada toscamente conservada en una colección particular.
Las ánforas de la forma Dressel 2-4, son claramente vinarias, por lo que podemos relacionarlas con la producción de vino saguntino, la producción de vino en la Plana debió de ser importante, el vino saguntino sería la primera industria de la Plana, parece ser de que no gozaba de buena reputación en cuanto a su calidad, pues Juvenal en sus Saturae y Frontón en sus Epistolae dan a entender su baja calidad. Gracias a las marcas que tienen las ánforas se ha podido rastrear el vino de Saguntum hacia el sur en Lucentum (Alicante) e Illici (La Alcudia-Elche) y a lugares tan distantes como Roma, el interior de las Galias y las islas Británicas. Debió de producirse también aceite, aunque no sea posible detectarlo arqueológicamente, ya que es difícil diferenciar los lacus vinarios de los olearios (JARREGA, 2010, 539).
Para el comercio del vino desempeñó un papel importante los puertos marítimos, el principal era el Grau Vell de Sagunto además habían unos pequeños embarcaderos como el de la Torre de Onda y Calamó en Borriana, Ben Afelí en Almassora y La Gola de l´Estany en Nules, en estos se realizaban una navegación de cabotaje, no sabemos si estos pequeños embarcaderos tenían alguna relación de dependencia con Sagunto. La actividad exportadora de vino de la Torrassa debió comenzar desde los primeros años del siglo I, momento en que se inició la fabricación en Sagunto de ánforas Dressel 2-4, en cuyos recipientes el vino completaba su fermentación, además de servir para su transporte.
Elementos metálicos encontrados por Roberto Tarazón:
De bronce: la cabeza de una pequeña figura femenina con casco (fig. 5), dos arcos de fíbula, la tapa de una pequeña lucerna, un pequeño cincel, una varilla, una anilla, apliques y elementos ornamentales de diferentes formas, 3 clavos y pequeñas láminas perforadas.
De hierro: fragmentos de plancha y una arandela, un pequeño fragmento de hematites especular y otro de escoria vitrificada.
De plomo: un proyectil de honda de 80´18 gr de peso, un ponderal en forma de disco de 133
´98 gr, otro posible ponderal de forma cónica y perforado de 45 gr, una pequeña bola, 7 fragmentos de diferentes formas y varios fragmentos de lámina.
De estaño: piezas y restos de fundición.
De vidrio: hay fragmentos traslúcidos y de color verde de distintas tonalidades, lisos y decorados, y al menos uno de ventana que puede datarse a partir del último tercio del siglo I d. C.. A partir de la época de Augusto se produjo y se generalizó rápidamente el vidrio soplado, por lo que
los vasos, botellas, ungüentarios y otros recipientes de vidrio aparecen asociados a los yacimientos de época imperial. Sin embargo, la extrema fragilidad de este material es la causa de que aparezca casi siempre demasiado fragmentado, por lo que en la mayoría de los casos los perfiles de las piezas no son reconocibles (JÁRREGA, 2010, 418). De los vidrios encontrados en la Torrassa hay una extensa gama de verdes, abundan los claros (incoloros) y sólo se ha visto un ejemplar de violado. En la zona de la Plana Baixa tan sólo podemos destacar los vidrios de la Torrassa, por lo que sería muy probable que se elaborase o fabricase vidrio en ella.
De elementos decorativos: pequeños fragmentos de estuco, entre ellos uno pintado de color verde, dos fragmentos de placas de revestimiento, uno probablemente de jaspe de la Cinta de Tortosa y otro de mármol blanco veteado con adherencias de mortero, y una pieza moldurada de mármol blanco con patina amarillenta, que debió ser por sus reducidas proporciones una basa de columna decorativa.
La parcela en que Meneu realizó excavaciones era de su propiedad y estaba situada al otro lado del camino de la Raya, al oeste, en el término de Betxí, y estaba enfrente a la descrita por Doñate, pero indica que el relieve de mármol se encontró en otra próxima, situada más al norte, en esta zona se encontraron, tambores de columnas y basas de columnas.
Las basas y tambores de columna labrados en esta piedra, son piezas de labra grosera, que se recubre con estuco para darles un acabado más regularizado y solían pintarse. Su presencia indica posiblemente que la villa contaba al menos con un peristilo o patio porticado en la zona residencial, y quizás también con algún pórtico en las zonas rústica o fructus. Las basas constan del zócalo o dado de forma paralelepipédica y el imoscapo. Los capiteles son semielaborados, sin decoración, con ellos se pretendía mantener el embellecimiento arquitectónico, al tiempo que se reducía el coste (ARASA-AGUILELLA-X. MESADO, 2014, XXXII, 80-81).

BIBLIOGRAFÍA

ARASA GIL, Ferran (2004): Alqueries, el temps de un poble. Alqueries y su territorio en época romana, Castellón, Servicio de
Publicaciones de la Diputación Provincial de Castellón, pags 75-146.
ARASA, Ferran - AGUILELLA, Gustau - MESADO, Xavier (2014): Algunes peces arqueològiques conservades al Palau-Castell de
Betxí (la Plana Baixa, Castelló). Notes sobre l´actividad arqueològica de Pascual Meneu (1857-1934), Castelló, Quaderns de Prehistòria i Arqueologia de Castelló, Vol 32, Servei d´Investigacions Arqueològiques i Prehistòriques (SIAP), Diputació de Castelló, pags 77-93).
DOÑATE SEBASTIÁ, José María (1969): Arqueología romana de Villarreal, Valencia, Archivo de Prehistoria Levantina. Tomo XII, Diputación Provincial de Valencia, pags 205-244.
ESTEVE i GÁLVEZ, Francesc (2003): La vía romana de Dertosa a Saguntum, Castellón Diputación de Castellón.
JÁRREGA DOMÍNGUEZ, Ramón (2010): El poblamiento en la plana en la época romana, Castelló, Publicacions de la Universitat
Jaume I. Servei de Publicacions de la Diputació de Castelló.

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