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Miércoles, 01 Marzo 2017 18:48

El Fielato Central de Betxí

Escrito por  José Francisco Blasco Cobeño
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 Durante el año 2013 se llevó a cabo la primera fase de actuacción en el Palau-Castell de Betxí, consistente en la eliminación de elementos impropios de su Claustro renacentista. En agosto de 2014 se restauró el portal rústico del Palau. La restauración non finito duró cuatro semanas, y de ella han salido vestigios del pasado del edificio, como el rótulo Fielato Central, comestbles y ¿verduras?1que evidencia la importancia social del edificio en etapas anteriores.

 

Foto del Portal rústico del Palau-Castell de Betxí.

 

El Fielato era el nombre popular que recibían las casetas de cobro de los arbitrios y tasas municipales sobre el tráfico de mercancías, aunque su nombre oficial era el de estación sanitaria, ya que aparte de su finalidad recaudatoria servía para ejercer un cierto control sanitario sobre los alimentos que entraban en los pueblos y ciudades.

En el Fielato Central se cobraba el impuesto de consumos, que era un impuesto indirecto, que fue establecido en España en 1845 (la Reforma tributaria de Mon-Santillán). Este impuesto gravaba la entrada en las poblaciones de muchos de los productos de primera necesidad (de comer, beber y arder) como la leche, carne, pescado, vino, aceite, jabón, trigo, paños, carbón, frutas y ganado bovino, lanar y cabrío entre otros. Estaban exentos del pago de estos arbitrios de consumo, el carbón vegetal, el cok y la leña con destino a la industria; los cereales, granos y legumbres secas, destinadas a la siembra; los aceites medicinales y los olorosos objetos del comercio de perfumería.

En el año en que se estableció el impuesto de consumo, Betxí pertenecía al partido judicial de Vila-real. Formaban la población 384 casas de buena fábrica, distribuidas en varias calles de figura regular y piso cómodo a pesar de carecer de empedrado, y 3 plazas, la 1ª la mayor de 400 pasos cuadrados, la de San Roque (plaza de la Piedad) y la del Pozo (placeta de Sant Joan). Había casa municipal, cárcel pública, un antiguo Palacio de los señores marqueses de Ariza, un hospital sin más rentas que las limosnas de los vecinos, una escuela de instrucción primera elemental, asistida por unos 50 alumnos, otra de niñas frecuentada por igual número de alumnos, ambas pagadas por los fondos del común con 2.000 reales anuales la primera y 700 la segunda; una iglesia parroquial bajo la advocación de San Antonio, servida por un cura de provisión del diocesano en concurso general, y un beneficiado; una fuente en el término (Fontanars), 2 pozos públicos (uno en la calle San Pedro y el otro en la placeta de Sant Joan) para el surtido del vecindario y otros 4 más en casas particulares.

Fuera del pueblo estaba el cementerio en paraje ventilado (antiguas escuelas Grupo Cervantes) y junto a él una ermita denominada del Calvario en la que había un hermoso crucifijo. En la muntanyeta de Sant Antoni existía una cantera de piedra de mármol negro. En El Solaig se hallaba poblado de algarrobos y olivos, existiendo tres minas de cinabrio1 y hacia el oeste una cordillera cuyo punto principal llevaba el nombre de Monserrat, y donde también se explotaban dos minas de cinabrio.2 Tres caminos cruzaban el término, el de Borriana,3 el de Nules y el de Onda: los demás eran de herradura o veredas. La correspondencia se tomaba de Vila-real tres veces a la semana.

Se producían algarrobas, vino, aceite, trigo y maíz cuya mayor parte se cosechaba en Borriana, judías, cáñamo, seda, higos, frutas y hortalizas; había un poco de ganado lanar; había caza de conejos, perdices y algunas liebres, pescándose algunos barbos y anguilas en la fuente antes mencionada, la cual era tan abundante, que no sólo se regaban con sus 900 hanegadas de huerta, sino que recogidas en dos balsas daban impulso a dos molinos harineros que formaban parte de su industria, con tres fábricas de loza, de vidriado negro en los que se ocupaban unas 30 personas, telares de lino ordinario, algunas alpargaterías y tres molinos de aceite.

El comercio se reducía a la exportación de frutas sobrantes y de los productos de alfarería. Todos los miércoles se celebraba un mercado no muy concurrido. La población de Betxí según datos oficiales constaba de 280 vecinos (unas 1.348 personas). El presupuesto municipal ascendía a 13.000 reales, cubriéndose con fondos de propios y reparto vecinal (MADOZ, 1845-1850).

La mayoría de la población de Betxí, aún vivía en la zona intramuros, pero el pueblo se alargó por calles como Barranco o Sant Antoni y se expandió por caminos como el Real. Se vivía en modestas casas de labrador, muchas de ellas de dos pisos. Muchas calles tenían nombre religioso: Piedad, El Carmen, San Pedro, Trinidad o la Purísima y sólo unas pocas de origen civil: de la Cantarería (c/Sacramento), de los Naranjeros.

En el campo predominaba el secano, cubierto mayoritariamente de algarrobos, viñas y olivos, mientras que en las escasas zonas de regadío habían moreras, cáñamo y pequeñas plantaciones de cereales, hortalizas y legumbres para autoconsumo.

Algunos betxinenses se dedicaban a tiempo parcial, a trabajos de transformación agrícola, en almazaras, molinos harineros, telares de lino y a la elaboración de alpargatas. Habían unos pocos que estaban completamente desligados de la agricultura, dedicados a la explotación de minas de mármol negro y de cinabrio, y a la elaboración de cerámica.

La mayoría de las vías que comunicaban el núcleo urbano con los campos, minas o localidades vecinas todavía eran malos caminos de tierra. Pero no convertían en Betxí en un núcleo aislado, sino que estaban diariamente recorridos a pie o en carros, tanto para ir al trabajo como para enlazar con la estación ferroviaria que desde 1862 había en Bellaguarda (Les Alqueries), o por acercarse directamente a Onda, Vila-real o a la misma capital provincial, ya fuera por motivos familiares, comerciales o administrativos (BADENES, 2015, 15-17).

En el Diccionario de la Administración Española de Marcelo Martínez Alcubillaen el apartado referente a la contribución de consumos, se recogen una serie de artículos para el correcto funcionamiento de los fielatos, entre los que destacamos:

  • Art. 37. Los fielatos serán abiertos a la salida del sol y cerrados a la puesta del mismo.

  • Art. 41. Los fielatos centrales reconocerán y adeudarán las especies que concurran a ellos al tiempo de entrar y salir de los mismos.

  • Art. 42: Donde no existan fielatos exteriores deberán establecerse uno o más interiores según lo exijan las conveniencias del servicio.

  • Art. 45: Donde sólo existan fielatos interiores, la circulación de especies para dirigirse a ellos, sólo podrá verificarse por las calles designadas al efecto con marcas o rótulos visibles.

El pueblo de Betxí al ser pequeño no tenía fielatos exteriores, como ocurría con localidades más importantes de su entorno, sino interior, estaba localizado en el Portal rústico del Palau-Castell de los marqueses de Ariza (plaza Mayor).

En la segunda mitad del siglo XIX una élite social ostentaba la propiedad de gran parte de la tierra del término municipal y controlaba el poder político del municipio, formando una oligarquía local, los Franch, los Doñate, los Piquer, o los Meneu ostentaban el poder local, enfrentándose con la burguesía de Valencia para garantizar su prepotencia (LORENZO-RIUS, 1987, 106).

El impuesto de consumos eran frecuentemente utilizados por los ayuntamientos de la Restauración como vivero de corrupciones y como castigo para sus enemigos políticos. Los propietarios y comerciantes de naranjas los atacaban porque creían que dificultaba su venta en el interior del país. Para muchos los consumos eran una carga inútil para aumentar la Hacienda municipal, con frecuencia los numerosos funcionarios necesarios para tener constantemente vigiladas las entradas de la población se llevaban con su sueldo una parte importante de lo recaudado (GARRIDO, 1983, 31-35).

Sus diversas formas de gestión y su propia naturaleza, provocaron un alto grado de ineficiencia y fue durante mucho tiempo muy criticado por gravar los bienes de primera necesidad, ya que perjudicaba a las clases más modestas y que pronto se hizo muy impopular.

Las protestas contra el impuesto de consumos recibieron el nombre de motines de consumos, como el ocurrido en Betxí en los primeros días de agosto de 1879, en que las fuerzas de la Guardia Civil se reconcentraron en el pueblo, con el objeto de evitar la alteración del orden, amenazado a causa de la cobranza del impuesto de consumos (LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA, 5-8-1879, 2).

Los consumos fueron abolidos en 1911 por el gobierno de José Canalejaspor tratarse de una de las más antiguas reivindicaciones de las clases populares.

BIBLIOGRAFÍA

BADENES MARTÍN, Miquel Àngel (2015): Manuel Ferrandis i (1865-1920). Un betxinenc de rostre desconegut, XIII Vila de Betxí, Betxí, Publicacions de l´Ajuntament de Betxí.

GARRIDO HERRERO, Samuel (1983): Naranja y sociedad en el Vila-real de principios de siglo. El motín de 1908, Vila-real, Andarull. III Certamen literari “ Ciutat de les Taronges” Maig 1983. Publicacions de l´Ilustrissim Ajuntament de Vila-real.

LORENZO GÓRRIZ, Antonio-RIUS CASTELLANOS, Salvador (1987): El Amillaramiento com a fet documental: el Libro de Amillaramiento de Betxí de 1866, Castelló, Actes del I Congrés d’Història de la Plana, Diputació de Castelló.

MADOZ IBÁÑEZ, Pascual (1845-1850): Diccionario Geográfico Estadístico Histórico de España y sus posesiones de ultramar, Vol 16, Madrid.

1 La Amistad, Tirabeque y la Impertérrita propiedad de Juan Perarnau (La Gaceta de Madrid julio de 1840).

2 La San Lorenzo propiedad de Lorenzo Lleó (La Gaceta de Madrid julio de 1840). Entre 1844 y 1845 se denuncia la mina Descuido.

3 El camino de Borriana era de herradura. El 21 de julio de 1861 La Gaceta de los caminos de hierro en su página 9 informaba que se ha resuelto ya el establecimiento, de una estación en Borriana, en la vía férrea de Valencia a Tarragona. Se construirá en el sitio conocido por la Bellaguarda (Les Alqueríes), camino de Betxí, y distante sobre media hora del referido pueblo. Por tal motivo decidieron ampliar el camino de Borriana, de siete kilómetros de longitud. El periódico La España del 3 de diciembre de 1867 en su página 1 informaba que tocaba a su conclusión las obras del trozo últimamente subastado del camino de Betxí a Bellaguarda. 

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