Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Jueves, 13 Abril 2017 17:16

¿ADIÓS AL PARAÍSO?

Escrito por  Javier Méndez de Vigo
Valora este artículo
(0 votos)

El dilema de la “izquierda tradicional” es que perdió el norte y la referencia. Lo que le llevó a aceptar el lenguaje, la cultura y la ideología de un capitalismo senil. Al defender una “democracia” a nivel abstracto y sin contenido se convirtió en subalterna y en brazo de la hegemonía del capital y de la burguesía. Cuarenta años después pretende volver al paraíso. Esta izquierda echa de menos el capitalismo de la abundancia, aquél al que pretendió darle un “rostro humano”. Una izquierda que vive en el complejo freudiano y que todavía piensa en un padre que murió hace ya décadas.

Slavoj Zizek nos describe nuestra realidad y lo que somos con aquella libertad tecnológica que nos da este capitalismo senil. Un capitalismo que nos ha transformado en una mónada solitaria cuyo cerebro es continuamente bombardeado de infinitas imágenes donde nos vemos inmersos en una realidad virtual donde la existencia de modelos y figuras nos ordena caminar hacia ese paraíso impenetrable, mientras millones de seres humanos viven en la miseria inhumana y casi animal. Este paraíso que nos conduce a una distopía tiene un precio que no es otro que “desertización de la vida cotidiana, la hiperaceleración del ritmo, la extrema individualización de las biografías, y la precariedad laboral, lo que a menudo significa una competencia desenfrenada” [Problemas en el paraíso, Anagrama].

Una izquierda que ha aceptado la hegemonía cultural y política del capital hasta camaleónicamente transformarse en un social-liberalismo. Una prueba patente es la ideología económica que plantea la dirección política del PSOE con José Carlos Díez Y J. Sachs. Este último, asesor del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional (brazos armados de la economía capitalista), pero que además fue asesor de varios gobiernos del ex bloque soviético a los que impuso el “Ajuste estructural” [cuyos dos ejes principales fueron la austeridad y la privatización masiva de la propiedad estatal de los medios de producción]. Un proyecto muy de izquierda, para ser fichado actualmente por la dirección del PSOE. Por lo visto esta es la política que nos espera.

El social-liberalismo hace tiempo que abandonó el proyecto de Pablo Iglesias y lo que defendía este partido histórico de la izquierda española. Frente a esto por lo visto prefiere inclinarse hacia la libertad y dejar la igualdad como mero apéndice de aquella. Han abandonado la dialéctica, que, desde la Revolución Francesa, existe entre ambas. Una dialéctica que no puede entenderse sin la fraternidad. El problema reside en que el social-liberalismo prefiere la caridad a dicha fraternidad.

El Estado de Bienestar lleva camino de convertirse en el “estado de malestar”. El paraíso [capitalista] sólo duró 40 años, donde ni siquiera hubo pleno empleo. Un paraíso que fue viable a base de sangre y sudor y, al mismo tiempo por la época de crecimiento de postguerra. Fue una época en la que la clase obrera gracias a sus organizaciones obreras y sus luchas conquistó los derechos sociales y económico. Pero esos años ya no son posibles. El capitalismo senil y decadente, ante la desaparición del enemigo se ha enorgullecido hasta llegar al clímax.

Las condiciones que hicieron posible la existencia del paraíso capitalista ya han caducado.

El pacto keynesiano ya no es viable, ni siquiera se plantea o si se piensa es sólo bajo mínimos. El “salario diferido ya no lo quiere nadie, era una conquista que se mantenía gracias a la posibilidad de otro mundo (que ya no existe). Hoy se culpabiliza a aquél que está en paro, no tiene derecho más que a las migajas. Y si por alguno fuera, se le excluiría. Hoy queda sólo el infierno de la “caridad”.

Una caridad que se deja en mano de los otros, las ONGs. Los derechos quedan obsoletos o incluso se convierte en obligaciones. El que queda fuera no tiene derecho a sobrevivir a no ser que gracias a las migajas que se le da tenga “la obligación” de una contraprestación a bajo precio. Y a los de dentro del sistema se les obliga a ceder derechos sociales y se les chantajea. El trabajo se convierte no ya en una necesidad o bien en una “relación” que permite la integración social. Desaparecen las condiciones que hacían posible un trabajo digno… El infierno ha vuelto para quedarse y sólo el “factor subjetivo” puede cambiar esta realidad que se parece más bien a un malestar de fin de civilización.

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos