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Viernes, 26 Mayo 2017 20:25

Lo que perdimos un 2 de mayo.

Escrito por  J. Aguinaga
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Se escribe esté artículo un dos de mayo, mientras se asiste impertérrito a las celebraciones en la comunidad de Madrid de un alzamiento ciudadano en contra de la ocupación Francesa. Se junta además otro hecho cabecero de noticiarios, un derbi balompédico en la Copa de Europa, para regocijo de las masas. Este episodio de la historia del Reino de España, nombre oficial de nuestro país, suele ocultarse tras llamamientos al patriotismo barato de los nacionalistas españoles, y rechazo enérgico y no mucho más ilustrado del resto de nacionalismos que salpican, cada vez más, este estado moderno que algunos llaman España. Omito este término voluntariamente por inexacto, porque al llamarlo así omitimos una información bastante importante: en este país existen beneficios según la cuna en la que se nazca. De otra forma, sería la III República Española. Llamémoslo por su nombre, reino de España, con la esperanza que recordar nuestra condición de súbditos nos ayude alguna vez a liberarnos del yugo de la monarquía y toda su basura adyacente.

En la Guerra del Francés (un término que me viene en gana utilizar por más adecuado a mí entender) perdimos la primera oportunidad histórica de nuestro país de liberarnos del yugo de la monarquía. Con el vitoreado regreso de “el Deseado” no solo se cerraba una etapa de cambio, es que renunciábamos inocentemente al aperturismo. Gran parte de nuestros intelectuales tuvo que exiliarse a Francia con nuevo advenimiento de los Borbones, y quedó sembrado asimismo un atraso cultural histórico que, si bien venia ya regado por una falta imperante de burguesía, se agravó en este tiempo con el aplauso general del vulgo español. La modernidad, inexistente por la época, pasó de largo y gran parte de las miserias que nos sobrevivieron en el siglo XX provienen de las tempestades sembradas con el abandono de los afrancesados, término utilizado incluso de forma despectiva que escondía en el fondo el odio por parte del ignorante al ilustrado. Las clases dirigentes, mayoritariamente oligarquía agraria, demandaban peones, no obreros. Y la educación, en manos de la siempre oscura Iglesia Española, se proveía de almas dóciles, no de críticos.

Nadie nos asegura que una ocupación militar francesa, llena de abusos como buena ocupación militar por otra parte, nos hubiera enfocado a un camino mejor. Pero al elegir el oscurantismo borbónico en lugar del camino de las luces, el pueblo español en su conjunto eligió, sin saberlo, el folclore y la ignorancia frente al saber enciclopédico. Y doscientos años más tarde, ahí seguimos, luchando con lestrigones y cíclopes mientras dejamos que nos gobiernen ignorantes, a cambio de pan y circo.

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