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Sábado, 08 Julio 2017 16:44

ESCULPE, LIMA, CINCELA: UNA ANTOLOGÍA DE POESÍA PARNASIANA

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna, nº LVI, ISSN: 2255-0828.
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“Los propios dioses fenecen, / mas nunca los soberanos / versos que se inmortalizan / con más fuerza que los bronces. // ¡Esculpe, lima, cincela, / y que tu sueño inasible / sellado quede por fin / en el bloque resistente!”. La poética de Théophile Gautier fue la más renombrada del parnasianismo. Publicada en L’Artiste en 1857 -formaría parte de Esmaltes y camafeos en su edición de 1858-, representaba la síntesis de un nuevo ideal literario avant la lettre que venía proclamándose en años anteriores por el mismo escritor y por Théodore de Banville. La poesía parnasiana, a menudo simplificada a una aspiración formalista, ha sido subestimada o incluso denostada, frecuentemente mal comprendida y escasamente estudiada en profundidad. La recuperación definitiva llegó gracias a Yann Mortelette y su magnífica Histoire du Parnasse (2005). En el ámbito hispánico, celebramos al fin un estudio que huye de consabidas estimaciones y nos ofrece, con motivo de una selección de poemas traducidos, un análisis experto sobre las líneas estéticas del parnasianismo: Antología de la poesía parnasiana, edición bilingüe de Miguel Ángel Feria, Madrid, Cátedra, 2016.

Nacida como reacción al romanticismo último y el exacerbado sentimentalismo de sus epígonos -entre otros factores-, la lírica parnasiana resulta fundamental para entender la génesis de la modernidad. La teoría del “Arte por el Arte”, la búsqueda de la belleza como único fin, fue su primer estandarte y resonaría durante todo el fin du siècle. Oscar Wilde asimilaba esta tradición esteticista y provocadora con la moral burguesa en su prefacio al Retrato de Dorian Grey (1890): “Todo Arte es completamente inútil”, que nos remite al prólogo gauteriano de Mademoiselle de Maupin (1835), una obra sobre lo Bello, según el escritor irlandés.Y Baudelaire reconocía el magisterio de Gautier al dedicarle sus “flores enfermizas”…

            La denominación de parnasianismo se debe a la antología editada por Alphonse Lemerre en 1866 titulada Le Parnasse contemporaine, con dos series más publicadas en 1871 y 1876. Aunque desdeñados por la crítica, los poetas parnasianos partieron de las revistas y los cenáculos para conformar un auténtico manifiesto en una antología que marcó un hito en la literatura francesa y europea. El citado estudio de Feria precisa algunos rasgos determinantes de la escuela parnasiana, necesitados de una dilucidación importante. En una sumaria reunión de dichos rasgos, en buena medida interrelacionados, podríamos citar: la aversión por la realidad contemporánea; su lirismo impersonal, su impasibilidad y su “objetividad”; el renovado tópico ut pictura poesis, la metáfora del poeta-escultor y la plasticidad de los procedimientos descriptivos; el culturalismo y la perfección formal.

            Los autores seleccionados y traducidos por Feria representan los nombres más significativos de la Escuela: Gautier, Banville, Leconte de Lisle, Albert Glatigny, Catulle Mendès, José María de Heredia, François Coppée, Sully-Prudhomme, Armand Silvestre y Léon Dierx. Se trata de la primera antología española dedicada exclusivamente al parnasianismo francés. Tan solo en 1913 figura algo parecido con La poesía francesa moderna de Enrique Díez-Canedo y Fernando Fortún, donde se le dedicaba un capítulo, claramente inferior en extensión e importancia que el otorgado al Simbolismo. La amplia muestra de poemas que presenta ahora la editorial Cátedra (cinco de cada poeta) supone, en gran parte, la traducción por vez primera al español. La escasez de ediciones hispánicas de estos autores hace de la antología un hecho insólito de rehabilitación literaria.

            La evolución poética francesa de la segunda mitad del siglo XIX, trascendental para el devenir de la literatura occidental, relegó a la estética parnasiana a un segundo plano con el triunfo simbolista, que asimiló lo mejor de la renovación de sus antecesores para elevarse a propuestas más innovadoras. De las polémicas y divergencias entre ambos y de la particular evolución estética, dan buena cuenta la deserción de tres jóvenes “parnasianos”: Verlaine, Rimbaud y Mallarmé. Hacia el final de siglo los “poetas malditos” nada tenían que ver con los reputados parnasianos, quienes, lejos desu anterior lema épater le bourgeois, ocuparon los sillones de la Academia. De forma expresiva lo rotula Feria en su estudio: “De la bohemia a la Academia”. Cuando Sully-Prudhomme recibe el primer Nobel de la historia en 1901, tanto su prestigio social como su escritura nada debían a aquella religión del Arte del Parnasse

            En la contemplación estética parnasiana vibraba oculto el misterio que habría de subyugar las sugerencias emocionales simbolistas. De ahí la sabia elección de los textos de Feria -aunque, como toda antología, pueden inquirirse ausencias-, que nos descubre algunos poemas parnasianos de trascendencia crucial en el fin de siglo. Me refiero a procedimientos, hallazgos estéticos, temáticas o, en suma, el despertar afectivo de una nueva sensibilidad. Por ejemplo, la teoría de las correspondencias y la sinestesia en “Sinfonía en blanco mayor” de Gautier, la femme fatale decadentista en “Cleopatra” de Banville, el malditismo en las historias legendarias de “Pan” y “Caín” de Leconte de Lisle, la transposition d'art y el tema del cisne en “Beato Ángélico” y “El cisne” de Sully-Prudhomme, los sonetos impecables del galo-cubano José María de Heredia, admirados por ambas generaciones de poetas…

            Un colofón ilustrativo de la adscripción en sus inicios literarios de grandes nombres del simbolismo a la escuela parnasiana, lo formarían no solamente bellísimos poemas, sino auténticas poéticas. Léase a tal efecto “Epílogo” de Verlaine, texto que cierra sus Poemas saturnianos, rebosante de cinceles obstinados y mármoles perfectos, o algunas flores baudelairianas como “La Belleza” u otras publicadas en Le Parnasse contemporaine. Por cierto, en el santuario de la Decadencia, el duque Des Essientes acomodaba lujosamente sobre el maravilloso canon de iglesia tres poemas de Baudelaire, uno de ellos, “La muerte de los Amantes”, publicado en una de las antologías parnasianas…

            “Revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte”. La aserción es de Wilde, no de Gautier o de uno de sus discípulos parnasianos…

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