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Lunes, 13 Noviembre 2017 19:28

VAMPIROS ANTES DE DRÁCULA (I): EL LORD RUTHVEN DE POLIDORI

Escrito por  Vicente José Nebot Nebot, La Taberna, nº LVIII, ISSN: 2255-0828.
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La figura del vampiro en la literatura se remonta a mucho tiempo antes de la aparición de la célebre novela de Bram Stoker, publicada en 1897. Desde la leyenda popular, con sus múltiples tradiciones, el mito vampírico fue configurando sus atributos característicos, cuya representación más conocida y perdurable en nuestros días es la del conde Drácula, retrato maestro de esta misteriosa y terrorífica criatura. Sus antecedentes más inmediatos hay que buscarlos en la literatura decimonónica, como se recoge en una antología de relatos titulada Vampiros, realizada por Rosa Samper y Óscar Sáenz e ilustrada por Meritxell Ribas (Barcelona, Mondadori, 2011). Los autores seleccionados dan cuenta del prestigio y repercusión del mito: Baudelaire, Byron, Conan Doyle, Dumas, Gautier, Gógol, Hoffmann, Le Fanu, Maupassant, Poe y Polidori.

El vampiro (1819) de J. W. Polidori, bajo la pulsión romántica, supone la primera puesta en escena de un nuevo personaje, asimilado del folclore y de su posterior tradición culta, tanto de literatura de ficción como erudita. Su creación suele adscribirse a aquellas noches de tormenta gótica en la mansión suiza de Lord Byron, Villa Diodati, en la que se puso sobre la mesa el reto de escribir un relato de terror. Entre los invitados del Lord se hallaban Percy y Mary Shelley, que pergeñaría Frankenstein, y el mismo Polidori, cuya amistad con el anfitrión se debía más que a su condición de escritor, a médico, a secretario, a biógrafo y a su hermosa juventud. El caprichoso destino de esta historia quiso que el menos dotado por el genio romántico, escribiera la obra que habría de infundir el mito del vampiro a través del siglo y más allá. (Tan solo un año después de su publicación, y probablemente causa de su trascendencia en su momento, Charles Nodier realizó una versión teatral de la narración de Polidori.)

El protagonista de El Vampiro, Lord Ruthven, es ni más ni menos que trasunto de Lord Byron. No resulta difícil -menos para sus coetáneos- imaginar al dandi de leyenda satánica como inspirador de esta novela. Así, el vampiro de Polidori se perfila como un ser aristocrático, enigmático, maligno, bello… Su figura se hace notoria, pues es “un noble que destacaba más por sus peculiaridades que por su rango”, e irrumpe con fascinante misterio en la sociedad londinense exhibiendo su palidez -se cuenta que Byron bebía vinagre para palidecer-, sus ojos inertes, sus ideas extravagantes… La atracción que ejerce Lord Ruthven en su compañero, el joven Aubrey, es inevitable y destructiva. Este, en primer lugar, decide escribir sus tormentos en una carta -¿quizá aquí la idea de una narración epistolar?- y cuando puede relatar y desvelar el misterio del vampiro -¿quizá aquí la idea de una entrevista?- es demasiado tarde. La sed de sangre ya había sido saciada. Los asesinatos con la marca de colmillos en la garganta culminará de forma trágica para Aubrey y su hermana, ya para siempre la difunta esposa de Lord Ruthven…

Poco tiempo después de la aparición de El vampiro, Polidori se suicidó injiriendo ácido prúsico. Cuando circularon las falsas atribuciones de la obra a Byron, Goethe afirmaría que El vampiro representaba lo mejor de la escritura del Lord. 

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