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Viernes, 19 Enero 2018 19:23

MARXISMO Y ANARQUISMO

Escrito por  Javier Méndez-Vigo Hernández
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Marxismo y anarquismo” es la lectura que traemos hoy a colación. Junto a una segunda parte que lleva por título “Marx contra Bakunin”.  Escritos por el pensador marxista y dirigente de la CMI, además de editor de la Web “In Defence of Marxism”.

Alan Woods junto a Ted Grant tiene una obra fundamental publicada el año del centenario de Engels que lleva por título  “Razón y Revolución” que es un compendio de filosofía marxista escrito desde la perspectiva de la Ciencia moderna y contemporánea. Pero quizás el proyecto más importante llevado a cabo por este pensador haya sido el que acaba de publicar Lucha de Clases. Después de 10 años de reunir textos- hasta hoy no publicados- y de depurar la primera edición, Alan Woods edita la obra póstuma de León Trotsky: Stalin  (la biografía).

Pero volvamos al texto que tenemos en nuestras manos. La primera parte del libro Alan Woods delimita las dos posturas filosóficas y políticas y lo hace partiendo de la actualidad: partiendo de la crisis global del capitalismo, ya que “El escenario está listo para un resurgimiento general de la lucha de clases y, de hecho, este proceso ya ha comenzado”. La globalización capitalista ha agudizado la lucha de clases hasta el punto que nos hemos adentrado en una crisis sistémica. Ni que decir tiene que esta tesis se comenzaba a ver con la caída del muro de Berlín y, en particular con la desintegración (y la barbarie que nos trajo) de la Yugoslavia de Tito. Barbarie que se afianza con la crisis de 2008-2009.

El libro comienza refiriéndose a la “irrupción de las masas” en la política. Esa irrupción que “ocupó las plazas” tanto en Grecia como en España, precisamente contra los gobiernos que se denominan socialistas (recordemos la claudicación de Syriza o la reforma del 135 llevada a cabo por el segundo gobierno de Zapatero). Una irrupción completamente espontánea. Aquí radica la esencia de estos movimientos: “esto demuestra un instinto revolucionario correcto. Los que se burlan del movimiento por ser “meramente espontáneo” muestran su ignorancia de la esencia de la revolución, que es precisamente la intervención directa de las masas en política”.

Ahora bien, movilizar a las masas tiene sus límites ya que en si mismo no es suficiente. Quizás por eso- refiriéndome al caso español (15M) podemos concluir la existencia de dos almas en el mismo. Pero ¿por qué este levantamiento espontáneo? Alan Woods considera que aquél tiene su origen:

“Estos movimientos espontáneos son la consecuencia de décadas de degeneración burocrática de los partidos y sindicatos tradicionales….Movimientos como los indignados en España  surgen porque la mayoría de los trabajadores y los jóvenes sienten que nadie les representa.

Estos nuevos movimientos son una expresión de la profunda crisis del sistema capitalista. Por otro lado, los nuevos movimientos por si mismos no han comprendido la seriedad de la situación”.

Que está diciendo Alan Woods. Simplemente que la espontaneidad no es suficiente, se necesita una dirección, una organización ya que “sin organización no podemos lograr nada, los sindicatos pueden estar lejos de ser perfectos, pero es todo lo que tienen los trabajadores para evitar que los capitalistas les aplasten”. Sin organización es imposible la lucha. A partir de aquí nos describe la historia de la IWW y de su papel durante la Primera Guerra Mundial.

Precisamente en la organización es en lo que se diferencian los marxistas de los anarquistas y lo que permite tener una estrategia (en el sentido militar) pues “hay muchos paralelismos entre la lucha de clases y una guerra entre naciones. Con el fin de derrocar a la burguesía, la clase obrera y su vanguardia deben poseer una organización poderosa centralizada y disciplinada”. Dicha concepción necesita de la teoría pues para los marxistas la realidad es dialéctica y por tanto algo que es “embrionario” como un movimiento social no puede quedar desorganizado. Al fin y al cabo, la lucha de clases no es un juego de niños”. Un movimiento sin organización es pacto de las llamas. Y sin embargo, a pesar de todo, los marxistas han de estar con las masas. Por eso refiriendo a uno de estos movimientos Alan Woods nos dice: “los marxistas apoyamos entusiásticamente el movimiento Occupy y la búsqueda colectiva de soluciones a la crisis del capitalismo. Este representa una nuevo despertar social y se refleja en un renovado interés en las ideas y la teoría”.

La teoría y la práctica del anarquismo es otra. El anarquismo se inclina por la Huelga General, que es un buen instrumento pero que se queda en la fantasía si no se plantea la “toma del poder”. Pues todo Huelga General plantea la cuestión del poder. “Una huelga general indefinida – en contraste con una huelga general de un día, que en realidad no es más que una manifestación- plantea la cuestión del poder. Plantea la cuestión: ¿quién dirige la sociedad: ustedes o nosotros? Por lo tanto, lógicamente, debe conducir a la toma del poder por la clase obrera, o de lo contrario terminará en derrota”.

El libro de Alan Woods continúa poniendo ejemplos para diferenciar el marxismo del anarquismo. Recurre incluso al anarquismo español  en la época de la Revolución donde encuentra una excepción: Buenaventura Durruti “un luchador revolucionario extraordinario que organizó un ejército basado en las milicias obreras. Este ejército entró en Aragón y libró una guerra revolucionaria contra los fascistas, convirtiendo cada pueblo en un bastión de la revolución. Pero Durruti sólo pudo lograr estas cosas en la medida en que rompió con los viejos dogmas anarquistas y se acercó, en la práctica, al marxismo revolucionario: al bolchevismo”.

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