Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Jueves, 29 Marzo 2018 17:20

EL JUBILADO SOÑADOR

Escrito por  Vicente Nebot Nebot
Valora este artículo
(0 votos)

En un pueblo no muy pequeño del Levante valenciano vivía nuestro protagonista, un jubilado sufridor del 0,25, un romántico soñador que todavía sueña con un mundo mejor. Su vida transcurría plácidamente en una vieja Avenida junto a su familia y un vecino al que todos querrían tener.

En una hermosa noche que invitaba a soñar despierto, gustosamente paseaba con la preciosa y cariñosa perra de su hijo. Empezó a recordar con nostalgia el entorno donde vivía: una antigua carretera, centro neurálgico del pueblo, donde los adolescentes y jóvenes se reunían a la caída de la tarde para pasear. Centenares de ellos se entrecuzaban yendo y viniendo con miradas furtivas que muchas veces terminaban en la vicaría. Eran tiempos difíciles y felices donde el pequeño pero valiente generalísimo imponía la unidad de España y la misa dominical, manteniendo bien lejos a políticos y “pateras”. 

La ansiada y temida democracia trajo nuevos aires, nuevos diseñadores a la Avenida y se expropiaron terrenos, casas, inmuebles, etc. Se proyectó una nueva Avenida con su antigua carretera incomunicada por dos jardines con setos, y a su lado había dos viales que servían para estacionar los vehículos y pasear los peatones, resultando una preciosa, espaciosa y ancha Avenida donde su seguridad y su belleza eran admiradas en todas partes. Actualmente está vieja y descuidada -pues hace muchos años que sus cuidadores la dejaron a la puerta de un convento-, pero todavía conserva el encanto y el aroma de las cosas bien hechas. Cansado de tantos recuerdos, nuestro jubilado siente el aroma aletargador del sueño, se siente cansado y sus sentidos se le dilatan. Esa noche va a tener un sueño muy extraño. Sueña con un joven ciclista circulando por un camino rural, angosto y bacheado, cuando deviene lo inevitable, una caída espantosa que le produce un golpe en la testa que el casco evita males mayores. Como el ciclista parece fuerte y vigoroso, se levanta dolorido, con fuerte dolor de cabeza y apenas puede llegar a casa. Tras la ducha reparadora, sentado en su mesa, el jubilado atina ver con asombro al joven ciclista: era el alcalde de su pueblo. Un Guillermo Tell del siglo XXI, un populista que enamora con sus flechas certeras y dulzonas. El alcalde siente unos deseos irresistibles de proyectar algo. Pronto aparecen los primeros garabatos sobre el papel; se siente como uno de los jinetes apocalípticos a los que les arden las herraduras en su frenética galopada hacia el acantilado. Poco a poco va dando forma a su proyecto: se trataba de una vieja avenida. En su frenesí creador se angustiaba y mareaba, le entraba el vértigo de lo maravilloso o tal vez el mareo de la horrorosa sinrazón. Pues el versátil dibujo convierte la fantasía en realidad. Terminado el boceto asentía levemente con la cabeza: sin ninguna duda, se creía el Norman Foster del diseño urbanístico. El día de la inauguración, el alcalde encabezaría la comitiva a caballo desde un Palacio-Castillo, joya arquitectónica de la villa, situado al inicio de la Avenida. En su profundo sueño el jubilado ve al diseñador visitar las caballerizas del Palacio para elegir el corcel. Desdeña de inmediato un poderoso podenco percherón marrón de doble herradura -un descendiente del que utilizó D’Artagnan en su entrada triunfal en París en la película de George Sidney-, pues su Mano derecha, en las numerosas inspecciones a las vías rurales, le había destrozado y bacheado los caminos. Con buen criterio al fin, eligió un caballo de ardiente raza andaluza. De repente siente un irrefrenable impulso de inspeccionar la nueva Avenida sin esperar la comitiva oficial. Inicia el recorrido al paso con el precioso caballo de arrogantes curvas, sacudiendo sus largas y cuidadas crines negras. Se sentía satisfecho, pues rivalizaba con su bonito pelo negro intenso, rizado, que le confería una gran majestuosidad. Parecía la pintura ecuestre de Carlos V, salida de los brillantes pinceles del gran Tiziano, inspirando a M. Machado: “recorre su dominio, el orbe entero, / con resonantes pasos, y seguros”. De pronto, en su sueño aparecen a cada lado de la vía unas espectaculares paradas de “Bus” -pues desde que un tenaz investigador local había descubierto que doña María Colón y Toledo, nieta del gran Descubridor, pasaba los veranos en el Palacio, las visitas guiadas se habían multiplicado-. En su andadura por la vía derecha hacia el norte va contemplando la joya del diseño: una bonita y coqueta medianera, un jardín encerrado en dos pequeñas columnas paralelas con losetas marmóreas en claroscuro que le devenían una gran personalidad y belleza. En su interior albergaba unas preciosas palmeras verde oliva de tallo finamente podado que le conferían elegancia y altura. Entre las palmeras había un exótico florido de olorosas y frondosas flores: rosas, lirios, camelias, azucenas, alhelíes y algún tulipán. También se distinguían espectaculares malvas reales adornadas por unas bellas mariposas blancas que graciosamente revoloteaban a su alrededor.

Los coches parecían más brillantes que nunca, pulcramente estacionados en ambas vías en batería con una correcta inclinación de 45 grados que le daban un ordenado estacionamiento de entrada y salida. En su recorrido su ego iba in crescendo. Los maestros -ese día fue declarado fiesta en el pueblo- montaron a los niños encima de los coches para que mejor vieran a su héroe. Al llegar al final de la Avenida, a la vista de la monumental Rotonda, a la entrada Norte del pueblo, el alcalde lloró de emoción, empleando varios minutos en rodearla. Enfilado por la otra vía en dirección al punto de partida, ya a galope corto, los sollozos iban en aumento al contemplar las graciosas palmeras traídas de un exótico oasis del misterioso Egipto, que a su paso se contorneaban como si fueran lascivas bailarinas. Verdaderamente parecía el emperador Augusto de caudalosos proyectos, de sonrisa fácil y afable. El espejo hechicero donde se miran sus feligreses laicos. Terminado el recorrido se fue raudo a su Castillo con el corazón henchido, retumbando como un tambor, en busca de su bella Cleopatra.

A todo ello, un gran “bloque” con el “compromiso” de jóvenes, activos en las redes sociales, grandes defensores de su Paladín, vociferaban en una especie de plegaria seglar: “el día que nos falte nuestro césar nos sentiremos como un náufrago en alta mar a la espera de un barco salvador o un Moisés que anhela ser salvado por una princesa piadosa”.

A los primeros rayos de sol nuestro jubilado se levanta feliz, el sueño no le parecía del todo mal, y presuroso y medio dormido baja a la calle y un rodillazo contra un BMW negro le acaba de despertar. Se queda estupefacto al comprobar que el bello jardín que separa las dos vías durante la noche el mago Merlín lo había hecho desaparecer. Pero lo que más le horrorizó fue que otro mago, el mago Yunke, le había también robado su calle. Su Avenida ya no existía, el genio diseñador que había retrasado el reloj de la plaza y el entorno para recuperar antiguas tradiciones, desterrando los coches de sus vías, incomprensiblemente había adelantado el reloj en la Avenida, convirtiéndola en el aparcadero del siglo XXI, arrebatándonos nuestras calles. ¡Qué genialidad! El jubilado cada vez se siente más perplejo: la enorme parada de “Bus” de su sueño se convierte en una discreta e insólita parada, obstruyendo el vado del inmueble más antiguo del barrio. En su viacrucis particular, al jubilado también le pareció que las ampulosas aceras habían encogido, pues los coches la invadían a menudo, golpeando a los frágiles arbolillos. También descubrió que las dos inofensivas líneas continuas blancas que se erguían en mitad de la calzada, originaban dos vías tan anchas como los de un circuito de Moto GP. Los coches, con giros imposibles, salían y entraban en el aparcadero, los frenazos chirriaban en su odo﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽﷽ban en el aparcadero los frenazos chirriaban en su oencogido,dntra un bmw nwgroorrido, se fue raudo a su castillo con ído y los peatones cruzaban por todas partes. Un sagaz octogenario apuntaba: “en esta Avenida hay futuro para un taller de chapa y pintura”. Empezaba a sentirse como una oveja esquilada. En su devenir, dolorido y aturdido, se sentía enjaulado en un carro de bueyes como el bueno de Alonso Quijano al regresar de sus aventuras. Un coche estacionado intenta acceder a la Avenida, cuando es embestido por otro que circulaba por la vía. ¡Qué pena! Un buen y simpático maestro muy sagaz apuntaba: “Hacen faltan “gorrillas” en esta Avenida”. Ciertamente, a los vecinos se nos ha destrozado el “hábitat”; pues como bien señalaba el gran poeta Antonio de Zayas: “solicitan las aves el calor de sus nidos”. Hasta los descarados gorriones piaban con fuerza a su paso, como si se sintieran incómodos en los pequeños arbolillos. Un simpático octogenario muy amigo del “Astro Rey” -desde sus jóvenes años patrióticos africanos-, entre sentidos sollozos, musitaba: “¡Ay Señor, Señor! ¿Por qué estás tanto tiempo desaparecido, por qué nos has abandonado? Solo faltaba que el alcalde instalara paneles solares en toda la Avenida y me privara del sol”. Otro octogenario taurino muy socarrón señalaba: “Este maestro diseñador nos ha hecho lo que hacía el genial Curro Romero con un manso morlaco: ¡un bajo estoconazo!” También aprecia nuestro jubilado que la grandiosa Rotonda de sus sueños a la salida del pueblo, la había construido el “Hombre enmascarado” para sus valientes y leales pigmeos de Bangalla. El jubilado seguía sin entender nada. Al regresar por la otra acera, un aguerrido profesor sesentón de pelo algo más que canoso, con una gorra obrera adquirida en Lavapiés, como un bravo novillo andaluz a punto de embestir le espeta: “¡El Alcalde es un engañiza! Prometía una Avenida para las personas y nos quita dos carriles casi peatonales, por las aceras apenas se puede pasear y convierte la Avenida en una pista de Fórmula Uno”. Al regresar al punto de partida unos paneles luminosos en la Torre del Castillo añadieron más confusión a su mente. Se podía leer: “Debido a la conspiración maléfica de los magos Yunke y Merlín en el diseño de esta Avenida, La Alcaldía se ve obligada a derogar las vigentes ordenanzas viales. Peatones y automovilistas deberán atenerse a las nuevas normas”:

“Peatones”

1) Deberán circular por el interior de la acera, pues el Ayuntamiento no se hará responsable de los daños rotulianos.

2) Los peatones que circulen por el exterior de la acera deberán enderezar los frágiles arbolillos golpeados por los coches.

3) Se declara zona de paso cebra en toda la Avenida.

4) Se autoriza el Pipi-Can en la zona verde de los árboles en toda la Avenida.

“Automóviles”

1) Los coches podrán circular por la derecha e izquierda, preferentemente por la derecha.

2) Los coches que circulen por la derecha de la vía podrán cruzar las dos rayas continuas para aparcar en sentido contrario y viceversa.

3) Dado el limitado espacio del estacionamiento, se habilita la invasión de los coches en la acera hasta 1/3 de su longitud.

4) Los coches estacionados podrán cruzar las rayas continuas para incorporarse a la vía que consideren oportuna.

5) Podrán aparcar en la parada “Bus” los coches que exhiban en sitio visible algún instrumento musical. Exentos tambores y cornetas.

6) En aras de la fluidez del tráfico, la carga y descarga de objetos y mercancías se realizará en el patio de Palacio.

Finalmente, el abatido jubilado se declara insumiso para entender esta Torre de Babel del siglo XXI. Se derrumba, solo implora el regreso de los confines de la tierra del protector mago Gandalf a lomos de Sombragrís, su veloz caballo blanco, para que con su varita mágica restablezca el “status quo” en la Avenida. Ahora nuestro jubilado, destrozado, se siente como el faraón bíblico, a quien se le rompió el corazón a causa de la última plaga que le envió el justiciero “YAHVÉ”. Pues el jubilado también ha sido herido en el corazón al contemplar el vulgar diseño de la obra del Alcalde. Una Avenida poco amable y simpática, desprovista de encanto y señorío, altamente caótica y peligrosa y donde los coches imponen su ley con rotundidad.

Postdata: Esperamos que nuestro buen regidor no sufra nuevas caídas, pues no sabemos qué es capaz de proyectar, diseñar y construir.

Modificado por última vez en Martes, 17 Abril 2018 13:08

Deja un comentario

Noticias España

Noticias económicas

Noticias Conciertos