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Martes, 29 Mayo 2018 21:38

ASTERIX Y OBELIX Y EL HUERTO ECOLÓGICO

Escrito por  El jubilado soñador
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El alcalde, el popularísimo A. Remolar, está recibiendo en este último tramo de legislatura un aluvión de peticiones que La Taberna está en condiciones de asegurar que son las más insólitas y aparentemente disparatadas que un dirigente haya podido recibir jamás. Algunas de ellas, por su interés, serán analizadas y comentadas ampliamente según nos vaya informando la amable oficina de prensa del ayuntamiento. La primera la firma el concejal Delgado, de Izquierda Unida:

Este concejal de serios andares, severa expresión de adusta nobleza, mirada impasible y sobrada dosis de sumisión política, hace unos días tuvo un accidente cayéndole el alcalde sobre su cabeza mientras lo llevaba en volandas junto al concejal Rius y ser embestido camino del huerto ecológico por un automovilista distraído en la Avenida Joaquín Dualde, pide:

-          Ser relevado de “procurador” del huerto ecológico urbano de la C/ Virgilio Oñate, porque no quiere seguir siendo la muleta del alcalde.

-          Tampoco desea ser el colaborador necesario para el fortalecimiento del equipo del gobierno.

Este jovial y comunicativo concejal, tras el golpe involuntario del alcalde, le recordó la veracidad de la profecía de Isaías: “los ojos de los ciegos algún día serán abiertos”. Desde ese día iba con los ojos más curiosos y bien abiertos, no quería seguir siendo recompensando con la dirección de este huerto debido a su lealtad, ni ser parte de esa tapadera ecológica. El golpe fortuito del bueno de Javier le rescató para la realidad con ojos y mente renovados. Empezó a sospechar que muchos de los productos “Horts per a la gent” en realidad eran ”Horts per al Bloc” que eran utilizados para cocinar el brebaje de aquellos legendarios, invencibles y simpáticos galos de la tribu de Astérix y Obélix que ganaban una y otra vez en todas las batallas, haciendo que la vida de sus poderosos adversarios romanos del año 50 (A.C.) no fuera sencilla gracias a la pócima mágica de su venerable druida Panoramix, ya que, el polifacético meritorio botánico y entusiasta senderista local Remolar -que hace unos meses escribió un estupendo libro, “Arboles, arbustos y plantas de Betxí”, de muy recomendada lectura y obligado conocimiento para los escolares- parece ser que habría encontrado en los archivos palaciegos un antiguo tratado chino que detallaba la pócima mágica de aquellos indomables guerreros del N. De Francia. En los últimos tiempos, a nuestro venerable botánico se le ha visto entrando en el huerto durante el ocaso de la tarde y con el ligero brillo de la luna con pasos misteriosos, junto con algunos cachorros del Bloc, con exóticas cestas de mimbres de sauce, recogiendo distintas especies: brevas por San Juan, melocotones rosados por San Pedro, los higos napolitanos por San Roque Peregrino, en la Candelaria las primeras habas y alcachofas, fresas y alcachofas en el florido mes mariano, tomates y pimientos en los días calurosos, peras oliveras en octubre, nabos en adviento y castañas en navidad.

También se le ve por la intemperie de los barrancos campestres recoger los primeros brotes de espárragos silvestres por la resurrección de Cristo. En el bonito Calvario, callado y fervorosamente, bellotas de alcornoques. En el parque Canyaret los ciclistas suelen verlo el Domingo de Ramos cuando repican las campanas llamando a misa recogiendo flores del álamo temblón. En la ermita de Sant Antoni, con frente pensativa, subiendo con diligencia la empinada cuesta moras del arbusto de la zarzamora, en el parque Jaume I, con plena erudición y extrema educación, las flores aromáticas del paraíso y en la escuela Cervantes con andares cautelosos, candorosos mimos y graciosa alegría las flores de color lila del cimamono.

También tiene constancia nuestro honrado y serio concejal Delgado, que en las noches negras y tenebrosas -en dónde la luna se esconde prudentemente cuando los roncos truenos dan lugar a la desatada lluvia bajo la nobleza protectora del pararrayos de la puntiaguda torre de la iglesia- al simpático botánico se le veía entrar de forma muy sigilosa por la puerta del coqueto jardín para dirigirse a la cocina del Castillo con el gorro cónico del profesor Dumbledore y con la varita mágica de Harry Potter para remover el brebaje, una ancha y larga capa parda de paño y un estrafalario paraguas negro escoltado por el valeroso concejal Rius con la porra de Pedrín -el ayudante del famoso detective Roberto Alcazar-, el gallardo subinspector Alexiandre con media docena de sus mejores agentes bien equipados. Pronto el denso humo de la chimenea originaba pavorosas nubes negras que las furiosas gotas de agua apenas disolvían los oscuros pensamientos de los vecinos. Finalmente, nuestro querido concejal, claramente deducía que todas estas especies cocinadas y sabiamente mezcladas y suministradas a dosis adecuadas, convertían a todo este moderno y amable Bloc de Astérix y con el fortachón concejal Rius de Obélix -que no recibe dosis puesto que de pequeño cayó dentro del caldero mágico- para mantener a raya a todo aquel que se acerque con aviesas intenciones al poblado del majestuoso, valiente y muy respetado por sus guerreros, el rey galo Abraracurcix, Alfred I el invencible.

Modificado por última vez en Martes, 29 Mayo 2018 21:57

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