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Martes, 31 Julio 2018 19:14

El pithos de Hollywood.

Escrito por  J. Aguinaga
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Que Hollywood es el bardo que canta al mundo las bondades del americanway of life no presenta, a estas alturas, ninguna duda. Siempre a las órdenes del Tío Sam, la industria Hollywodiense solo olvida a su único y verdadero DIOS (el dólar) por cumplir con su patria a muerte. Podemos recordar cómo en la Segunda Guerra Mundial, cuando el gobierno decidió cual era el bando ganador, animaba a alistarse a su juventud con la invención del genero bélico. Cómo en época de crisis del sistema neoliberal, cuando deben utilizar al denostado estado para salvar los muebles de sus ricos, abundan producciones simpáticas y musicales donde todo puede acabar de color de rosa. Cómo después de los atentados del 11 de septiembre, una salvajada igual a la que sus tropas cometen por todo el mundo, las barras y estrellas ganaron planos en todas las producciones cinematográficas.

Por otra parte, el producto cinematográfico ha resultado de influencia mundial, consiguiendo que el anteriormente comentado americanway of life se convierta en cultura mundial Su vestimenta, comida o estilo musical es hegemónico no solo en todo el mundo occidental, si no en lugares con sustrato cultural distinto. El imperialismo cala sobretodo en las nuevas generaciones, los ciudadanos del futuro, que con su capacidad de aprendizaje se deja seducir por una forma de existencia más rápida, más brillante y que te hace más feliz, aparentemente. El sistema es astuto y oculta sus miserias bajo el brillo del neón. Decadente y glamuroso como la prostituta de PrettyWoman, un ejemplo a seguir.

Pero este armamento que persigue sobretodo el enriquecimiento económico, la supremacía norteamericana del poder e instaurar, como hicieron los romanos con la romanización, una norteamericanización imperialista de toda la Tierra ha cruzado sutilmente un límite peligroso. De forma inconsciente, casi podríamos decir que, sin querer, pero ha desatado los mismos peligros de la caja de Pandora que azotaron durante más de 50 años el siglo XX. El cine, sus producciones, merchandising y las noticias, se han llenado de unos personajes creados originalmente para las viñetas, y que han explotado como un filón gracias al desarrollo de las nuevas tecnologías: el cine se llenó de superhéroes.

Pero ¿qué es un superhéroe? Un superhéroe es una persona que, por causa de nacimiento o poderío económico, o por accidente, se reviste de unos poderes especiales. Unos poderes que le permiten estar por encima de la legalidad, y hacer lo que él considera el bien, a cualquier precio. Investido de esos poderes especiales, no responde más que ante sí mismo, o ante sus iguales. Dado su poderío, forma una clase superior al resto de los mortales, que le deben estar agradecidos y alegrarse de su piedad, sus acciones y su trabajo por lo que él, y solo él, considera un bien común. Las personas normales (el resto) no son especiales, no pueden cambiar las cosas y están a merced de estos seres superiores, que por derecho de nacimiento (Superman o Thor), poderío económico (Ironman/Tony Stark o Batman/Bruce Wayne) o accidente y tecnología (Spiderman/ Hulk) obtienen la responsabilidad de luchar por nosotros. El pueblo debe abandonar su individualismo para apoyarles en sus guerras, conflictos o discusiones, al precio que sea.

¿Es diferente esto de la estratificación social de la edad media? ¿Difiere del derecho divino de los monarcas absolutos? ¿Son estas cualidades sobrehumanas distintas de las que argumentaban los nazis para implementar el III Reich? Peligrosamente, el modelo que estamos presentando a nuestra juventud y a la ciudadanía poco acostumbrada al análisis crítico a través de este tipo de espectáculos es el de la caída de la democracia, lo inservible que es una sociedad entre iguales y la espera a la aparición de un líder todopoderoso y salvador. Estas generaciones de población en su subconsciente albergan la esperanza que alguien investido de poderes extraordinarios venga a salvarlos, porque ellos como sociedad no se pueden salvar. Este modelo, antisocialista y posiblemente utilizado como medio de control social de las fuerzas conservadoras mundiales (como el Club Bilderberg) intentando impedir un mejor reparto de la riqueza, los medios y el poder, resulta un modelo peligroso ya utilizado por esas mismas fuerzas en el siglo XX. Un modelo peligroso que entonces pensaron que podrían contener y que reventó con millones de muertos en todo el mundo. Un modelo que nos acerca al fascismo.

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