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Sábado, 05 Enero 2019 22:19

EL MARXISMO DE GRAMSCI

Escrito por  Javier Méndez-Vigo Hernández
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El libro que tenemos entre las manos pareciera un libro de historia (que lo es), pero al mismo tiempo, es un ensayo actual de filosofía política que centra el debate sobre la estrategia y la táctica; partiendo de dos conceptos fundamentales: el de la revolución permanente (Leon Trotsky) y el de hegemonía (Gramsci).

Tampoco hay que ovidar el contexto biográfico del autor. Juan Dal Maso, teórico marxista, de procedencia argentina y militante de la izquierda revolucionaria. Por tanto, detrás de este diálogo/ confrontación entre dos teóricos y dirigentes revolucionarios de la Internacional Comunista, se encuentra otro objetivo: aclararnos ante el populismo de izquierda. Un populismo cuyo teórico no es otro que Ernesto Laclau que en su “revisionismo” vacía el concepto de Hegemonía de su referencia clasista.

Ya en su primer capítulo Juan Dal Maso realiza un recorrido biográfico, desde Turin y los Consejos Obreros hasta el papel de Gramsci en el comunismo italiano y en la Interancional Comunista. Gramsci, que intervino en los debates de la Internacional Comunista, terminaría inclinándose con la dirección, pero negando la represión contra a Oposición. Así en una Carta (1926) “señala su solidaridad con la política de la mayoría [Stalin] y su condena a la política de la Oposición, pero reivindica el rol de “maestros” que sus referentes habían jugado en el pasado y manifiesta su preocupación por los métodos de la mayoría en la lucha contra la Oposición” Carta que, por cierto Toggliatti (representante del comunismo italiano ante la Internacional), prefirió guardarla.

En Gramsci encontramos una relación permanente entre filosofía y política. Relación fundante de los Cuadernos de la cárcel; lo que le permite construir una concepción del mundo donde lo “cultural” será uno de sus ejes.

Además en los Cuadernos de la Cárcel parte de dos ejes: la crítica al idelaismo de Croce y al sociologismo de Bujarin. Junto a estos dos ejes aparece el estudio de la Historia de Italia (su revolución y la restauración) y la apropiación teórica de Maquiavelo, a partir del cual teorízaría el papel del Partido como el “Príncipe moderno”. Con respecto a Croce señala “una tendencia conservadora en la historiografía crociana, que procede a través de la exaltación de las restauraciones como momento de predominio ideológico- cultural de las clases dominantes y considera que esta concepción tendenciosa tiene la finalidad de crear un movimiento conservador contra el “jacobinismo”, cuya “forma actual” sería el bolchevismo”.

HEGEMONÍA

Todo el resto del libro es un estudio sobre la relación o no del concepto gramsciano con la teoría de Trotsky. Aquí también entra a debate la concepción del Estado y el papel que desempeñan conceptos como burocracia (Trotsky) y el de cesarismo (Gramsci). No podemos olvidar tampoco el papel que tuvo la noción de hegemonía en la década de los 70, no sólo en el Eurocomunismo, sino incluso en un Partido de la izquierda revolucionaria española como fue la Organización de Izquierda Comunista (OIC) que, antes de su unificación con el Movimiento Comunista (MC) teorizaba la necesidad de un Bloque Histórico Anticapitalista.

Mientras Trotsky (al estudiar la degeneración del Estado soviético) nos habla del Estado y de la burocracia, en pricipio delimitando el papel de la burocracia sindical en el Estado burgués, hasta concebir dicha burocracia como “el principal instrumento de la opresión en el Estado burgués”. Gramsci nos va a hablar de dictadura + hegemonía. De dicha forma Gramsci concibe el Estado de forma integral.

Juan Dal Maso nos explica que quiere decir Gramsci con dicho axioma: “El concepto hace referencia a una característica distintiva de los Estados “occidentales” modernos: la búsqueda de una “base de masas”, en una sociedad de masas. Asimismo, permite establecer una relación “orgánica” entre sociedad política y sociedad civil. Asociada con frecuencia la primera con la dominación y la segunda con el consenso, la categoría del Estado integral plantea una unidad en la que ambos aspectos son indivisibles y no pueden ser ubicados unilateralmente en uno de los polos: la sociedad política también incluye el consenso y la sociedad civil, la represión

A partir de lo dicho Gramsci emprende el estudio de la sociedad de masas y el totalitarismo. Para Gramsci este tipo de formación (el totalitarismo) es “propia del periodo de entreguerras, se caracteriza por una política totalitaria, impone la hegemonía y la “guerra de posición” como forma de lucha predominante tanto a escala europea como en la URSS”.

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El libro continúa explicando los conceptos de guerra de posición, guerra de movimiento. Aquí es importante la noción de Revolución pasiva que es clave en los Cuadernos: “Con este concepto busca analizar procesos bastantes disimiles, como el Risorgimento, el Americanismo/Fordismo, el fascismo y la evolución del Estado burgués moderno después de 1848 en general”. Es la dialéctica entre revolución- restauración. Donde es clave el concepto de Hegemonía que en ningún momento abandona su referencia clasista. A diferencia del populismo, Gramsci intenta construir la hegemonía popular, nunca la construcción de algo tan etéreo como es el pueblo. A fin de cuentas el pueblo no es algo uniforme, sino que esta formado por estratos y fracciones, donde una de ellas al final tendrá la hegemonía. Ni que decir que para Gramsci sólo una fracción (de eso que los populistas llaman pueblo) debe ejercer la hegemonía.

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