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Jueves, 04 Abril 2019 18:55

Carta II a Ramón

Escrito por  El editor
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Querido compañero Ramón.

Espero que esta mi segunda misiva sea tan bien recibida como la primera, como bien expresaste en tu enriquecedora respuesta, pese a que era totalmente innecesaria. Gracias por tan inspiradoras palabras, que me permití leer en voz alta al resto de nuestros camaradas, para la gratificación general.

Sobre la duda que me trasladas, ese fascismo rural al que me refiero constantemente en mi carta es nuestro primer enemigo en la lucha revolucionaria para el campesinado. Ajenos al sacrificio realizado por padres, madres, abuelos, abuelas, y demás camaradas antecesores, las nuevas generaciones han caído en sus garras, o más bien se han entregado. Quizás sea nuestra culpa, por tratar tema tan importante de forma desenfadada en el núcleo familiar. Quizás lo sea, por solo tratarlo en el núcleo familiar, en lugar de poner en valor la historia común, reduciendo lo luchado y lo logrado a las “batallas del abuelo”. Nada se hizo por acusar al oligarca, ni por defender al revolucionario de las acusaciones del explotador, y así, simplemente, perdimos nuestro lugar.

Nuestros camaradas más jóvenes, que deberían nutrir la lucha en las próximas generaciones, han abandonado antes de empezar. No es que no quieran luchar, es que no saben que es la lucha. Instigados por movimientos populistas de carácter fascista, que se ha aprovechado de las puertas que les dejamos en nuestra sociedad para perpetuarse en la historia, y hacer olvidar todo el mal que causaron. No solo eso, si no que han mutado consiguiendo que a ojos de las nuevas generaciones, sean equiparables sus atrocidades a nuestra lucha. Sorprendente, si no fuera para hacérselo mirar y de vergüenza.

¿Como podemos explicar si no que nietos de inmigrantes, acusen al inmigrante de lo mismo que acusaron a sus abuelos cuando llegaron a estas tierras?¿Como se explica que la riqueza cultural, cuya influencia beneficia el desarrollo de la personalidad, sea visto con recelo cuando no como una amenaza?¿Como el proletariado mira con envidia las ayudas al camarada necesitado, renegando de quedar exento de dichas ayudas en lugar de lamentar que sean necesarias? ¿Quien explica a nuestros camaradas más antiguos que sus nietos prefieren que les mande un ladrón a un igual, para sentirse culpables de sus propias limitaciones? o, ¿Quien puede defender que se espere la caída del que se esfuerza y se premie socialmente al vago egoísta que solo prima su beneficio en lugar de buscar el beneficio de toda la comunidad, dejando totalmente de lado el sacrificio y el esfuerzo?

Solo un fascismo rural, alimentado por la oligarquía que jamas terminamos de derrocar y por nuestras propias incompetencias para nuestros jóvenes puede explicar dichas situaciones. Nuestros jóvenes no se convierten al fascismo capitalista, que tan bien sabemos combatir en las ciudades. Se expatrían en un fascismo rural, vestido de tradición y folclore, que les convierte en fracasos humanos a sus ojos, y como tales, en instrumentos para exportar dicho fracaso social a sus iguales, en lugar de buscar una mejora común. Prefieren robar al que no tiene, en lugar de sumar fuerzas con él, para conseguir recuperar lo que el oligarca les roba: el fruto de su trabajo.

Esa es la lamentable situación de nuestra lucha. El campo no se ha perdido: nunca se ganó para la lucha. En él sobreviven los elementos básicos de dominio social de la oligarquía, que en tiempos de conflictividad proletaria, casi siempre proveniente de las ciudades, se transforma gracias al fantasma del miedo, ese arma siempre utilizada por el capital, en un fascismo rural que todo lo infecta.

¿Que podemos hacer frente a eso? resistir, luchar y golpear dicho fascismo, que rechaza cualquier cambio y evolución. Una revolución del campo es necesaria. ¿Pero con que argumentos nos ganamos al campesinado, esa fuerza descomunal y miedosa? No quieren escucharnos.

Salud y republica, camarada.

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