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Lunes, 18 Febrero 2013 17:24

POBREZA Y EXCLUSIÓN

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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El último informe de la EPA ya sitúa a España en el umbral de los 6 millones de parados, mientras que el último informe de Caritas habla de cerca de 8 millones de pobres. Por otra parte nos encontramos a una Juventud sin trabajo y sin perspectiva de tenerlos. Jóvenes que ya no entran el  mercado de trabajo. De nuevo ha hecho su aparición la cuestión social después de más de treinta años, después de la crisis de 1973. Y nos adentramos en una crisis que es sistémica y que parece que no tenga perspectiva de salida.

A diferencia de la crisis de 1973 [que fue una crisis clásica del capitalismo] nos hemos sumergido en una crisis en donde la hegemonía la lleva el capital financiero y a la que se supedita todo lo demás. Pero esto ha traído como consecuencia la aparición de la exclusión de grandes masas de trabajadores, que han sido expulsados del mercado de trabajo y que quizás ya no vuelvan. Para algunos esto puede significar que el capitalismo puede existir sin el proletariado. Pero pensar esto es olvidar el marxismo y adentrarse en la ideología dominante, que no hace mucho, afirmaba que había llegado el  “fin de la historia”.

Sin embargo, la pobreza tiene su base en las relaciones de producción. Si olvidamos esto abrimos la puerta a las tesis neoliberal: aquella que defiende que “el que no trabaja es porque no quiere”. Este capitalismo senil y salvaje culpabiliza al trabajador, por lo que para presionarle se le quita cualquier tipo de “subsidio”. Pero esta tesis esconde la realidad de la lucha de clases y desarma al movimiento obrero. Vayamos por partes.

Esta sociedad tiene su propia estructura de clases: “La clase dominante, en efecto, se articula ella misma según dos polos estructurales, que se pueden designar respectivamente como el polo del mercado y el polo de la organización. Y he ahí dos polos de hegemonía política que domina en alternancia las cúspides del Estado” (Jacques Bidet). Estos dos polos de la estructura de clases dan dos tipos de contractualidades: la central y la interindividual. La pobreza y  la exclusión es la consecuencia de cómo se afianza la interrelación entre estas contractualidades. Y en última instancia todo lo dicho no se puede entender si abandonamos el concepto de explotación que se produce en el capitalismo y de cómo se constituye el trabajo en dicho sistema económico. El trabajo siempre es social y constituye una parte esencial del ser social (por utilizar la conceptualización del último G. Lukács). El problema es aquello que constituye una categoría central de la ontología del ser social, se encuentra enajenado y es alienante en el sistema capitalista. Pues dicho sistema está “enteramente gobernado por las relaciones mercantilistas, relaciones que no buscan el  “bien común” sino tan sólo buscar el máximo beneficio para el capital. Partiendo de dicha concepción el capitalismo sólo puede entender y aceptar aquél trabajo que produzca un valor. Pero habiendo convertido primeramente dicho trabajo en trabajo asalariado, es decir, en una mercancía que da un valor que ya no es suyo pues pertenece al capital.

Esta mercancía [trabajo asalariado] es contratada mediante una relación interindividual, pero siempre está supeditada a una centricidad que institucionaliza la relación interindividual  Antes de continuar, si nos remitimos a Marx veremos que el concepto de pobreza aparece bajo dos denominaciones distintas.

La primera en el sentido de pauperismo, es decir como una tendencia al  “pauperismo absoluto” [concepción que a principios del siglo XX una pensadora como Rosa Luxemburgo desarrollaría en obras como Introducción a la economía política, o en La acumulación del Capital], o bien a una regresión real del nivel y las condiciones de vida.

Una segunda manifestación específica de la pobreza la encontramos en el concepto de “ejército de reserva”: “como el capitalismo se desarrolla por ciclos recurrentes y por mutaciones tecnológicas sucesivas, el mercado de las  “fuerzas de trabajo” tienden a hincharse o deshincharse por tirones siempre renovadas” [Jacque Bidet]. ¡Detengámonos en este segundo sentido!

Paul M. Sweezy en su Teoría del desarrollo capitalista  vincula este concepto al proceso de “acumulación capitalista y recurre a Marx para definirlo como  “los obreros desocupados que, mediante su competencia activa en el mercado de trabajo, ejercen una presión continua a la baja en el nivel de salario”. En dicha definición de Sweezy falta una segunda parte, ya que el capitalismo se sirve de dicho ejército de reserva en momentos de crisis para chantajear a los trabajadores fijos obligándoles a bajar el salario y las condiciones de vida. Tomemos el ejemplo último en el Estado español (que se está convirtiendo en un país periférico del núcleo duro del Euro), sobre todo el acuerdo firmado en la empresa Nissan. Por un lado se deslocalizan en Europa (Inglaterra, Holanda) cerrando, las fábricas, y despidiendo a miles de trabajadores. Se traslada la producción a un país (con bajos salarios, y con sindicatos débiles) y se divide al movimiento obrero: ya que los trabajadores que entre nuevos no serán fijos y cobraran un 20% menos de salario. Mientras tanto las direcciones sindicales aceptan el chantaje y aplauden que el nuevo modelo venga a España…Pero no dicen nada de los despidos en Europa.

Pero además todo lo dicho se ha agravado a partir de la década de los 90 del siglo pasado. La anexión de Alemania del Este por la República Federal Alemana (que por cierto pagó la Unión Europea) y la caída / derrota del stalinismo ha abierto un nuevo “mercado de trabajo” más disciplinado y con bajos salarios. Al abrirse esta puerta el capitalismo europeo se ha encontrado con más de 20 millones de obreros que en el proceso de reestructuración capitalista de la Europa del Este se convirtieron en inmigrantes al ser  despedidos de sus empresas y pretendieron buscar el “paraíso capitalista”. Todo este proceso ha hecho que el capitalismo senil europeo se encuentre con el hecho de que le sobran trabajadores… Pero sobre esto volveremos en otro momento.

Bibliografía

Jacques Bidet, Divisions et richesses de la “Classe Fondamentale. En Novelles Fondations 2007/3 nº 7-8, pp. 148-152.

Jacques Bidet, La pauvreté dans la forme moderne de societé; en Alain Leroux (ed.), Leçons de philosophie économique IV: La pauvreté dans les país riches, Economica, 2009.

Paul M. Sweezy, Teoría del desarrollo capitalista (cap. 5), Hacer Editoria Barcelona 2007.

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