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Lunes, 20 Mayo 2013 18:34

HABLEMOS DE DERECHOS [LABORALES]

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Cuando hablamos de Derechos humanos nos encontramos con distintas interpretaciones, que responde a diferentes concepciones de la vida y del mundo. ¿Qué es prioritario el derecho a la existencia o bien el derecho a la propiedad? ¿Qué es prioritario el derecho o el deber a trabajar? Estamos defendiendo una perspectiva, nos colocamos en lado frente/contra el otro. Hay que terne en cuenta que en el término de Derechos humanos nos encontramos en primer término con el ius (Derecho) que se refiere a normas, a ordenamientos jurídicos… y que esto conlleva el uso de la fuerza. Por otro Humano (Humanidad) que nos lleva al ideal, a algo abstracto.

Los Derechos Humanos requieren de un sujeto político. Por consiguiente algo que es individual no puede conseguirse más a partir de una práctica colectiva (desde el feminismo, hasta el derecho al trabajo). Los Derechos humanos aunque pueden llegar a ser  “universales”, son al mismo tiempo contradictorios, es decir existe una relación conflictiva y dialéctica entre distintos derechos.

Cualquier Constitución actual reconoce el derecho al trabajo, pero este en última instancia se ha convertido en un deber. Pero al mismo tiempo podemos hablar de un  “derecho al trabajo”  desde la perspectiva del movimiento obrero, como de un  “derecho al trabajo” desde la perspectiva capitalista.

Esto lo vemos claramente cuando miramos el transcurso histórico del Reino de España. Hay que tener en cuenta que hay que esperar a la 2ª República para ver instituido y reconocido el “derecho al trabajo”. Así el art. 46 de aquella Constitución “reconoce el trabajo, como obligación social que debía gozar de la protección de las leyes”. Al mismo tiempo en el art. 39 se reconoce el  “derecho a la libertad sindical”. Mientras que el mismo año del inicio de la 2ª República se decreta la Ley de Contrato de trabajo.

Luego vendría la  “larga noche” en la que los derechos fueron enterrados. Sólo a partir de la Luchas sociales de la década de los 70 del siglo XX y de la aparición de un “nuevo tipo de sindicalismo” [CCOO], el movimiento obrero recupera su dignidad y sus derechos (dejándose atrás la vida….). Fruto de estas luchas, que dejaron nombres como Granada 1970, Vigo 1972, Ferrol 1973; fruto de un potente movimiento obrero que puso en jaque al Antiguo Régimen se consiguieron fuertes subidas salariales, y se conquistaron derechos históricos como el de huelga, la seguridad en el trabajo, o el de asociación. Es en este sentido que se aprueba en 1975 La Ley de Conflictos Colectivos y la Ley de Relaciones laborales, hasta llegar al Estatuto de los Trabajadores.

Pero en la mal llamada Transición se produjo una lucha que iba a marcar a toda una generación de luchadores – la de Vitoria. Una ciudad industrial que en la década de los 70 dio un ejemplo de lucha y de solidaridad de la clase obrera. Lucha que terminaría con el asesinato de cinco obreros por parte de la Policía Nacional en la Catedral (siendo Ministro de la Gobernación Manuel Fraga). Un movimiento que recuperaría las tradiciones del Movimiento obrero, como bien nos relata Arturo Val del Olmo:  “La huelga de Michelin fue total en torno a sus representantes. Se formaron varias comisiones de trabajo. Una para informar a otras empresas, que se reunían en Arana y a la que asistían trabajadores de otras factorías. Otra mantenía contactos con Michelin de Lasarte, de Aranda y con Clemont Ferrand, y una tercera era responsable de la Caja de Resistencia que se distribuía a través de las Asistencias sociales de barrio. Una última tenía que garantizar la información a la plantilla. Como método de lucha se utilizaron las concentraciones, las asambleas diarias y los piquetes de autodefensa en la puerta de la fábrica para evitar la entrada de  “esquiroles”. ¡Cómo cambian los términos!, gracias al reflujo de las luchas y al papel del reformismo dentro de la clase obrera. Hoy a los esquiroles se les denomina “trabajadores que tienen derecho a trabajar”. ¡Hasta en el lenguaje se produce la lucha de clases!.

Pero el Derecho al trabajo desde la perspectiva del capital tiene otro objetivo y otro significado que consiste en  “la obtención y conservación de la mano de obra”. Objetivo que trata de conseguir a partir de a) pagar salarios muy bajos para que el obrero soporte largas horas, b) el trabajo infantil y c) constitución de un  “inmenso ejército de reserva”. Algunos podrán decir que el segundo ya no existe. No existe en Europa. Pero las multinacionales españolas (Zara o Mango) como otras multinacionales (como Adidas o Nike) utiliza grandes masas de niños en los países del Tercer Mundo, con “salarios miserables” y con condiciones  “infrahumanas”. Ahí queda lo ocurrido en Blanga Desh donde ya van más de 500 niños asesinados.

Y en el Reino de España desde los famosos Pactos de la Moncloa se comienza a reducir derechos laborales. Unos Pactos que atacan los derechos conseguidos durante la lucha contra el franquismo y donde a partir de 1977 se ataca frontalmente al movimiento obrero. Hay que tener en cuenta el hecho de que “el objetivo último de un pacto social es la derrota de los trabajadores. Con él la burguesía no sólo pretende recuperar sus beneficios hoy a costa del poder adquisitivo de los salarios, sino también garantizar que en el futuro la explotación continuará efectuándose sin problemas porque las relaciones de fuerza entre trabajadores y burguesía se ha alterado a favor de esta última. En resumen, un pacto social se propone como objetivo prioritario dividir a los trabajadores, romper su solidaridad desmoralizarlos y colocarlos en mejor posición para ser explotado” [La aplicación del Pacto de la Moncloa. Tribuna Sindical]

En el Reino de España, desde los Pactos de la Moncloa se han llevado a termino 52 [Contra]Reformas Laborales a partir de la crisis del 73 y sólo a partir de 1978 comienza el reflujo que permite a la burguesía el  “recorte” de los derechos sociales. Se realiza un cambio de modelo productivo y se pasa a la mundialización. Se termina un “ciclo histórico” y con la nueva división internacional del trabajo aparece el término de flexibilidad. El objetivo de la burguesía siempre ha sido el incremento de la “tasa de explotación” de la fuerza de trabajo. El término de flexibilidad se recoge en la Reforma de 1994. Una ley que va precedida de la constitución de las ETTs  que sirve, desde entonces, como instrumento de la patronal y que desvirtúa el Derecho al Trabajo. Con ella se afianza en la desregulación del mercado de trabajo, pero al mismo tiempo se institucionaliza la precariedad laboral que consiste en un aumento de la vulnerabilidad del trabajador pues conlleva: 1) una inseguridad laboral; 2) una degradación y vulnerabilidad de la situación de trabajo; 3) una reducción paulatina de los salarios; 4) una reducción de la protección social para el trabajador.

[Contra]Reformas que han inclinado la balanza del lado del Capital y mediante las cuales los “derechos”[laborales] han ido desapareciendo poco a poco hasta retrotraernos a lo que relataba Ch. Dikens o a la crítica llevada a cabo por Victor Hugo en su obra inmortal: Los Miserables.

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