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Jueves, 17 Abril 2014 15:31

REIVENTAR LA POLÍTICA

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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En el 2007 comenzaba la crisis, primero de los neocons, con la quiebra de ENRON y el robo de los ahorros de millones de personas. Luego vendría la crisis de las subprimes mediante la que volverían a aparecer nuevos escándalos a nivel mundial. Algo que en el Reino de España vendría a ser trágico. Ya que nuestra burguesía, dependiente y senil basó la “década prodigiosa” el boom inmobiliario. Todos a vivir por encima de las posibilidades, algunos más que otros. Los vencedores porque robaron y destrozaron las distintas autonomías(en particular la Comunidad Valenciana). Otros, los derrotados, los engañados y estafados por las preferentes o por la letra pequeña de los  “contratos hipotecarios”.

pequeña de los  “contratos hipotecarios”.

Pero todo esto escondía la verdadera crisis sistémica: una crisis de sobreproducción que nos está llevando a un “capitalismo plano” además de senil. Miles de excluidos de expulsados del sistema, que puede que no vuelvan nunca a la inserción. Y mientras tanto los keynesianos -de derechas o de izquierdas- pretenden que volvamos al gran pacto de postguerra. ¡Miopes! Oferta pública, dicen algunos, volver al ladrillo dicen los demás. ¡No han aprendido nada! Y encima que el pueblo esté callado, que para eso están sus  “representantes” que pactan por ellos durante cuatro años en los distintos Parlamentos. Y cuando hay alguna Iniciativa Popular, lo mejor es criminalizarlos. Y a esto lo llaman democracia.

El artículo 47 de la Constitución de 1978 nos dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho….” ¡Qué bonitas son las palabras!. Pero los derechos son “conquistas sociales” que te pueden quitar. Si no entendemos bien lo dicho caeremos en el peor de los reformismos. Hoy la neolengua neoliberal nos domina y nos manipula diciéndonos que todos los derechos tienen el mismo nivel de universalidad. ¡Qué diferencia con los burgueses revolucionarios del siglo XVIII! Y aquí mientras tanto el proletariado prefiere el suicidio antes que entregar la casa. Si no fallan las cuentas ya llevamos cerca de 2 mil suicidios y los medias esconden este hecho. Pero la realidad es muy cruda.

Esta burguesía senil y decadente no reconoce ya ni siquiera aquello por lo que lucharon sus antepasados. Ya el gran Robespierre afirmaba que el derecho a la propiedad debía quedar supeditado al de la existencia. Por eso mismo afirmamos que los derechos son contradictorios e históricos. Afirmamos que ya es necesario la conquista de un nuevo derecho: el derecho a la renta básica (precisamente una de las mayores reivindicaciones que sonaron por el Paseo de Recoletos el 22M). Se nos podrá decir que es un  “derecho burgués”, pero añado: un derecho burgués que la burguesía ni puede ni quiere conceder y que habrá que arrancárselo. Derecho burgués, como el derecho al Sufragio Universal que en la 2 República les arrancamos y que “el primer Presidente democrático” ejecutó. Porque como decían los revolucionarios como Thomas Paine o Robespiérredespués de una expropiación masiva de un derecho (la tierra) era necesario defender la existencia de las grandes masas expropiadas. O como decía Robespierre en uno de sus discursos: “¿Cuál es el primer fin de la sociedad? Mantener los derechos imprescriptibles del hombre. ¿Cuál es el primero de esos derechos? El de existir. La primera ley social es, pues, la que asegura a todos los miembros de la sociedad los medios de existir; todas las demás se subordinan a esta...”.

Durante estos ya casi siete años de crisis sistémica la burguesía, junto a sus aliados; nacionalista o española, con ayuda del socialiberalismo o con el apoyo y la firma de esquerras republicanas ha realizado un ataque frontal a nuestros derechos sociales primero, y ahora a los derechos políticos. Una burguesía que ha cercenado la democracia y camina a pasos agigantados hacia un Estado autoritario que nos devuelve a antiguas leyes (orden público), aunque las cambien de nombre (Ley de Seguridad Ciudadana). Nos han querido hincar de rodillas en el suelo con la bota en la cabeza. El miedo y la humillación nos han inundado, vendiéndonos la resignación.

Burguesía senil que se olvida de que el Movimiento hay una cosa que no va a ceder nunca: la Dignidad, pues, como decía alguien, “se prefiere morir de pie…”. Primero fue el 15M, la recuperación del Agora,la vuelta a las Asambleas. Con sus problemas, que los tuvo, con su confusionismo. Pero después del 15M nada iba ser igual, entre otras cosas porque el pueblo aprendió, por fin, la “democracia real”. No, no nos representan aquellos políticos que no den la cara, aquellos que basan su representatividad en criminalizar a todo aquél que piensa de distinta forma.

Pero faltaba algo y ese algo ha sucedido: El Movimiento Obrero ha hecho acto de presencia. Ha comenzado a recuperar la Dignidad. El 22M se ha convertido en el 15M obrero. Y ya nada puede volver a ser igual. Ver bajar hacia Atocha a Gamonal victorioso al grito del “Sí  se Puede”, al grito de  “Viva la Lucha obrera” y detrás de una pancarta cuya consigna era “Nos estáis obligando a sentir cada vez más odio” hace que el miedo se vaya por el precipicio. La experiencia de Gamonal o la experiencia de la PAH hacen que el Movimiento obrero recupere su historia de democracia y solidaridad.

Nada volverá a ser igual. Pero hay que dar un paso más. Realizar el salto cualitativo hacia la verdadera política, hacia la democracia de clase. Frente a la criminalización del movimiento por parte de la burguesía senil y decadente, ¡Organización! Sin organización no somos nada. Frente a la criminalización el movimiento obrero debe recuperar una de sus mejores tradiciones: establecer un servicio de orden que sirva para poder expulsar a los provocadores de la policía o de la patronal infiltrados. Aquí radica una de las mayores responsabilidades de la mayoría de las organizaciones de la clase obrera. Ya que de la criminalización el siguiente paso de esta burguesía senil puede ser otro muy distinto.

Pero la Organización ha de dejar paso a una Autoorganización del Movimiento: de lo que se trata es de “levantar” una Plataforma de Organización Obrera y Popular que pueda desde los ayuntamientos, autonomías, desde el Estado dar un giro de 180º y que pueda terminar con esta pesadilla de sistema económico.

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