Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Martes, 01 Mayo 2012 02:00

Democracía y Economía

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
Valora este artículo
(2 votos)

Javier Méndez-Vigo

 

Son malos tiempos para la “alegría” y la “música”. Es el tiempo de la Austerida. viejo estribillo que ya en la mal llamada “transición” nos vendieron unos políticos que poco hicieron. Hoy viejos “aprendices de brujos”, que incluso no respetaron ni el derecho al asilo en las Iglesias, como en Vitoria (1976) han muerto con “honores democráticos”. Austeridad vieja palabra que vuelve a sonar de nuevo como en 1976-80, pero que en aquella época venía de la mano del reformismo de la socialdemocracia felipista y del eurocomunismo carrillista (que daría su primer mitin legal en la plaza de toros de Valencia juntando la bandera roja con la bandera rojigualda). Se hacía todo por la patria... Luego ante un golpista se cedería y se rebajarían los techos autonómicos refrendando la LOAPA y cambiando el País por la Comunida bajo un magnolio de Benicasim. ¡Eran los padres de la Patria! Y mientras el pueblo tenía que apretarse el cinturón, pues como decía el canciller socialdemócrata alemán (Helmunt Smicht) “el sacrificio de hoy serviría para crear empleo mañana”.

      Austeridad  precioso término que utilizan las élites cuando quieren que la crisis recaiga sobre las espaldas de los trabajadores. Pero todavía en aquella época podía haber el Estado de Bienestar y un Estado como el español (a pesar de salir de una férrea dictadura) podía disfrutar de unas conquistas sociales. Era el pacto keynesiano, mediante el cual era posible la democracia en el capitalismo. 

     Hoy las cosas han cambiado, se utiliza la misma palabra. Pero es imposible el pacto. La ceguera de la izquierda reformista, o de los sindicatos de clase reside en pensar que es posible volver a la Años gloriosos del pacto keynesiano.

      El pacto keynesiano es producto de una correlación de fuerzas. En la postguerra los tanques rusos llegan a Berlín derrotando al nazismo, Europa se divide en dos bloques y el movimiento obrero tiene esperanzas en las conquistas sociales que el estalinismo ha institucionalizado en las llamadas democracias populares. Ante esto la burguesía europea llega a un pacto social con el  “reformismo socialdemócrata”, mediante el cual el movimiento obrero consigue una serie de derechos económicos y sociales a cambio de que los partidos reformistas no cuestionen el sistema capitalista. La Socialdemocracia europea, y en particular la alemana, consigue una serie de prerrogativas como son el control de las empresas (lo que en el movimiento sindical se conoce como la cogestión).

      Hoy – sobre todo a partir de la primera crisis del petróleo- las cosas han cambiado. Por un lado la burguesía ha conseguido la hegemonía política y cultural. Pero por otro lado, han cambiado dos cosas fundamentales. 1) la deriva socialdemócrata que cada vez se ha  “derechizado” más, abandonando el barco. Ha aceptado el lenguaje neoliberal, y también la política neoliberal (gobierno de Solchaga que realizó la reconversión industrial) o la tercera vía del Primer ministro Blair. Una política que como colofón le hace abrazar la política norteamericana y acepta el imperialismo. 2) la derrota del estalinismo que ha permitido la  expropiación forzosa de sus economías mediante los “ajustes estructurales” y el problema de la deuda.

      Ya no hay alternativa en la que se mire la izquierda. Por tanto la burguesía se puede permitir el rebajar derechos. En última instancia siempre se puede recurrir al chantaje de inmenso ejército de reserva que supone la mano de obra barata y disciplinada de aquellos países (estalinistas) a los que se les ha expropiado y enviado al tercer mundo.

      Hoy la Austeridad ni siquiera en el pensamiento (ni como fetiche ideológico con posibilidad de ser utilizado por cualquier tipo de reformismo) puede prometer el trabajo de mañana. Entre otras cosas porque este capitalismo senil puede permitirse el lujo de no invertir por un cierto tiempo. Lo que funciona es el capital especulativo (D-D') que no permite la inversión necesaria para que haya crecimiento. Pero al mismo tiempo esto es contradictorio con el funcionamiento  “normal” del capitalismo que se basa en el crecimiento y para ello necesita de una mercancía que no es otra que la fuerza del trabajo.

     Pero esta contradicción sólo tiene salida mediante la correlación de fuerzas, es decir de la lucha de clases. 

 

Javier Méndez-Vigo

Visto 3504 veces
Más en esta categoría: Adios al bienestar »

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos