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Viernes, 15 Junio 2012 02:00

Precariedad y crisis

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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La semana pasada el Informe Anual de la ONU afirmaba que “sólo en año hay 205.000 niños más que viven en hogares donde tienen ingresos por debajo del umbral de la pobreza” y añadía que en España ya “existen más de 2 millones de niños que viven en familias que no pueden cubrir los gastos mínimos de alimentación”. La pobreza se está instalando en el Reino de España y esto no se soluciona con la palabra mágica que nuestros dirigentes políticos han convertido en un fetiche: Austeridad.

De los casi 6 millones de parados que tenemos en el Reino de España ya nos encontramos con más de un 50% de jóvenes. Pero las directrices del último informe de la OCDE sólo tienen una receta: aumento de la edad de jubilación (a 67/ /70años), privatización a gran escala y planes de pensiones privados.

Pero esto no es nuevo, llevamos ya 35 años con la misma política. Con la salvedad de que lo que no aparece en los “medias” no existe. Primero fue la desindustrialización de los países del sur de Europa (España) entre otros a cambio de nuestra entrada en el Mercado Común (antecedente de la UE). En los años 80 del siglo XX el Mercado Europeo exigió al gobierno de Felipe González el desmantelamiento de Altos Hornos de Sagunto (cuando según los informes económicos de aquella época era la Industria que mejor producción tenía en lamidos en frío) y todo por la sencilla razón de que Francia también tenía una Industria en Marsella….

Ya en aquella época se produjo un ataque al salario y se hizo después de una lucha política e ideológica. Se concibe que el trabajador no arriesga y que por tanto el parado es un vago. A partir de dicho axioma (neoliberal) se considera que el “subsidio” desempleo ha de desaparecer.

Al mismo tiempo se ataca el concepto de “trabajo fijo”. Esto era una ventaja (para el movimiento obrero era una conquista). Desde los 80 comienzan a hablar de flexibilidad. Pero detrás de dicha terminología lo que había era un torpedo en la línea de flotación del Estado de Bienestar. Había que terminar con ciertos derechos. Para la burguesía internacional de lo que se trataba era volver al mercado puro; aquél del que nos hablaba el liberalismo económico y que tanto criticó Marx.

El capitalismo siempre ha defendido que es el mercado el que consigue el equilibrio. Siempre ha entendido que existe una armonía en las relaciones sociales. En los 80 la austeridad sirvió para domesticar a las direcciones sindicales y a los partidos de izquierdas. Esa izquierda que asumió el lenguaje de la derecha y que aplicó políticas liberales. Pero que olvidan que lo que fue válido en la postguerra ya no es válido en las condiciones de un capitalismo senil.

En un mundo globalizado, donde existen 6.000 millones de trabajadores que esperan trabajar algún día, el sistema capitalista se puede permitir el chantaje a todos aquellos trabajadores que tienen un empleo fijo. Austeridad y privatización

Y por consiguiente, aparecen dos nuevas figuras en ámbito político y económico: Exclusión y Precariedad. Si nos remitimos a la primera nos encontraremos con el hecho de que el parado de larga duración, aquél al que se le quita el paro y se le criminaliza ya no tiene necesidad de hacer política ¡bastante tiene con buscar trabajo! Un trabajo que quizás nunca vuelva a encontrar. Con lo que se rompe el vínculo social.

Pero luego nos encontramos con la Precariedad. ¿Qué es ser precario? ¿qué es la precariedad? “Es el desarrollo actual de empleo precario”. Son los contratos basuras, sin derechos. La sociología expresa mejor lo que son las relaciones sociales en el trabajo actualmente: “Desde la perspectivas laborales, el inicio del siglo XXI se caracteriza por el mantenimiento del paro estructural y el paso del empleo estable al contrato temporal. Cuando se observa atentamente la realidad laboral, se percibe la consolidación de un fuerte autoritarismo empresarial, que está engendrando el denominado acoso moral en el trabajo, es decir, nuevas formas de chantajismo para reforzar la dominación de los trabajadores

Por consiguiente, la precariedad conlleva a los trabajadores a una vulnerabilidad y una indefensión ante las condiciones de trabajo. Indefensión ante la imposibilidad de tener derechos ya que el chantaje pasa por el miedo al despido. El precario es una mano de obra barata con salarios bajos y que no tiene conciencia de clase. Se encuentra fuera del núcleo de la clase trabajadora. Existen distintas modalidades de contrato temporal, por lo que han devenido en ser llamados contratos basura.

Algunos autores ven detrás de todo lo dicho lo que Marx y Engels ya descubrieron cuando analizaron el capitalismo en el siglo XIX: la precarización generalizada de la vida humana. Es el sistema capitalista el que instala la división, la incertidumbre y la competitividad en el seno de la misma clase trabajadora. Ya que “es el capital [mediante la precariedad] el que trastorna permanentemente las condiciones de empleo y trabajo de los asalariados”.

Javier Méndez-Vigo


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