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Viernes, 10 Agosto 2012 02:00

Sindicalismo

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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“La vida del treballador era molt dura en les noves viles industrials. Vivien en condicions infrahumanes perquè el creixement urbà no es corresponía amb el nombre d’inmigrants. En una habitació de pocs metres quadrats, obscura i poc ventilada, vivien una o dues famílies, que passaven fam, duien roba vella i sols teníen un comú en tot l´edifici d’habitacions, quan n´hi tenien. Les condicions de treball encara eren més dures. Salaris baixos i una jornada laboral molt perllongada, quasi inhumana, en fabriques insalubres. Els nens i les dones també treballaven en les mateixes condicions que els homes, però amb un salari més pobre. No tenien cap prestació quan s’accidentaven, enmalaltien o eren massa vells per a treballar

 


Dicho relato de las condiciones de vida del movimiento obrero se refieren al Siglo XIX. Han pasado ya dos siglos y dicen que el Movimiento Obrero ha conquistado  a base de lucha y defensa de la dignidad humana. Un Movimiento obrero que tuvo que pasar por la larga  “represión franquista” que se basó en la persecución, el exterminio y la cárcel: “La persecució es dirigí en contra de les persones i de les seves organitzacions. Es prohibí el dret del lliure associació i, per tant, foren proscrits els sindicats obrers i els partits obrers i els partits d’esquerres. A mesura que les tropes franquistes avançaven anaven confiscant la documentació d’aquestes entitats i del seu patrimoni…” Pero que además “la persecució contra els treballadors s’aplicà sota unes formes molt variades: consells de guerra, execucions, empresonaments arbitraris o per ordre judicial, multes, desterraments, o la integració en els batallons de treball dedicats a la reparació dels danys de guerra foren algunes de les mesures aplicades”.

La historia nos ha devuelto a la realidad ya que al Movimiento obrero nadie le ha regalado nada. Todos los derechos económicos y sociales los ha tenido que conquistar en grandes batallas, como la de la Huelga General de Vitoria en 1976 donde la policía (saltándose el derecho de asilo en la Casa de Dios) acabó matando a seis obreros. Por desgracia tienen que ocurrir hechos luctuosos como este para que aparezcan obras de arte -como son Campanades a Mort- La Dictadura acabó con el sindicalismo y creó un Sindicato Único. Pero la realidad es conflictiva y por tanto cuando no existen sindicatos se crean.

Ninguna dictadura puede “enterrar” el conflicto, la armonía es imposible. Durante más de cuarenta años también en las dictaduras stalinistas se pretendió esconder el conflicto – allí por otras razones-. Pero la realidad era conflictiva. Ya en 1980 hubo el último intento de instaurar la libertad sindical. Un Sindicato nuevo, Solidaridad, nos decía: “La historia nos ha enseñado que no hay pan sin libertad. Queremos también la justicia, la democracia, la libertad, la legalidad, la dignidad humana, la libertad de opinión, la reconstrucción de la república, y no solamente pan, mantequilla o salchichón

Ni que decir tiene que las palabras no tienen el mismo significado en la Polonia stalinista o en la Dictadura franquista. Mientras que los sindicatos de clase españoles pedían la  “democracia representativa (burguesa)” o el “pluralismo político, el sindicato de Solidaridad hablaba de planificación democrática de la economía. Ya en el primer punto de su programa exigían  “la introducción de la autogestión”, como medio de reunir plan, autonomía y mercado. Y además en su punto 5º exigía el control social de la economía.

Por consiguiente ¿qué es un sindicatoAntonio Baylos en su último libro nos dice que el sindicato es una  “asociación voluntaria y permanente”. Esto significa que precisa de la adscripción libre y voluntaria de los trabajadores asalariados. Y que esto es un derecho universal  reconocido por las instituciones internacionales (ONU). Baylos continua diciendo: “sabemos que el sindicato se basa en la unión de los trabajadores para la mejora de sus condiciones de trabajo y de empleo, y que para ello utiliza medios típicos de tutela del interés del grupo”.

Es verdad que este derecho puede ser cercenado en las distintas correlaciones de fuerza. Tomemos el ejemplo de la Constitución de 1978. En aquella existe dos prohibiciones que en muchos lugares de Europa no sucede: dicha constitución prohíbe taxativamente las huelgas políticas y las huelgas de solidaridad. Son cesiones de la izquierda en el Pacto Constitucional.

Pero además es que hoy día tampoco se dan las condiciones político-económicas de la postguerra. Hoy ya no existe el  “pacto keynesiano”, la burguesía europea no lo necesita. La internacionalización del capital (la mal llamada mundialización capitalista) permite el chantaje al movimiento obrero mediante figuras como la deslocalización que supone el traslado de fábricas a países del Tercer Mundo donde los salarios son bajísimo (pueden llegar a ser de 0’60€ al día), y donde los trabajadores pueden ser niños. Estos días tenemos dos ejemplos. El primero una de las grandes superficies alimentarias (Mercadona) que con una empresa mixta está esquilmando el banco de pesca del pueblo Saharaui en el Aiun. Otros empresarios, en España sólo tienen los puntos de ventas, mientras las fábricas están en otros países, donde sacan una gran plusvalía que han convertido en una de las grandes fortunas mundiales. Os dejo el enlace:

www.elmundo.es/elmundo/2012/01/14/galicia/1326541713.html

MoralejaLos derechos se conquistan y luego hay que defenderlos.

Bibliografía:

Varios, Hstòria del moviment obrer als països catalansEl Temps. 2001

Antonio Baylos, ¿Para qué sirve un sindicato? Catarata. Madrid 2012

El Programa de Solidaridad

 

Javier Méndez-Vigo

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