Error
  • Error de carga de datos de alimentación
  • Error de carga de datos de alimentación
Jueves, 13 Septiembre 2012 02:00

FIGURAS: LA BOHEMIA

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
Valora este artículo
(1 Voto)

javi


En 1850 Marx se encontraba ya en París, expulsado de Prusia. Allí entra en contacto con el Movimiento obrero y con los socialistas utópicos. Pero en París se movía cierta intelectualidad que había luchado en la Revolución de 1830, se movían en los ambientes conspiradores. Esto sobrevino a raíz de las primeras luchas proletarias. Conspiradores que son “colocados en ese círculo vital que en París se llama la boheme”.

La Revolución de 1848 (primera revolución proletaria) fracasa. Y los aires que soliviantaron los Imperios Austro-húngaros y el Otomano eran pasados por las armas. El problema nacional aparece en escena en un momento en que ese “derecho democrático y burgués” ya no puede ser solucionado por el capitalismo. Una época que Marx analiza en obras como El 18 brumanio de Luis Bonaparte, o La Lucha de clases en Francia; una época en la que Engels junto a Marx tratan el problema de la unificación alemana y por tanto el triunfo del militarismo en su Revolución y Contrarrevolución en Alemania.

Mientras tanto,  poetas como Baudelaire se sumergen en el ambiente de la boheme y describe ese nuevo modo económico que es el capitalismo. Además ya de entrada se acercan a los conspiradores y defienden nuevos estatus como el de los traperos. En un poema que lleva por título  “El vino de los traperos” destila provocación: “Dicta leyes sublimes y presta juramentos,/ a las víctimas alza y abate a los malvados,/ y bajo el firmamento, tal dosel suspendido,/ le embriaga el esplendor de su propia virtud”.

Es la época de la I Internacional: blanquistas, anarquistas y comunistas [Liga de los Justos] luchan por una nueva sociedad. El manifiesto aparece antes del 1848, precisamente como bandera que levantaría al proletariado. Pero la Revolución fracasa. La barricada es el instrumento de la  “violencia de los de abajo”. Es el instrumento del que se sirven los excluidos para entrar en la historia. Baudelaire en  Les Fleurs du mal evoca las barricadas y llega a recordar sus  “mágicos adoquines, que como fortalezas se alzaban a lo alto. C’est Paris, los mismos adoquines que un siglo más tarde fueron capaces de poner en solfa a todo el sistema.

Pero en el transcurso del reflujo después de la derrota de la Revolución los “traperos” aparecen en las grandes urbes. De tal manera que esta figura iba a significar un hito. Ya W. Benjamin en su estudio sobre Baudelaire nos dice que “el trapero fascinó a su época y, así, las miradas de los primeros investigadores del pauperismo cayeron sobre él como hechizadas con la pregunta tácita de donde se halla el límite de la miseria humana”. Lo que poco después vino a denominarse: Des clases dangereuses.

El canto a la Revolte es otro de los hitos de la “Boheme”. Mientras los triunfadores de la reacción llaman a los de abajo como “clases peligrosas” Baudelaire las denomina los  “hijos de Caín”. Por su parte, Marx arremete contra este tipo de teorías que llegan a ser racistas y que fueron desarrolladas por la reacción bonapartista”. Es la raza que de “los que no poseen otra mercancía que no sea su desnuda fuerza de trabajo”.

Baudelaire introduce el termino de satanismo: “Oh, el más sabio y hermoso, tu, de todos los ángeles,/ Dios sin loas y por la suerte traicionado// ¡Apiádate, oh Satán. De mi larga miseria”. Satán, confesor de los conspiradores que protestan contra el  “orden burgués”. Metáfora y/o alegoría de los excluidos, de los sin techo, de los de abajo.

Por último existe otra figura que es la del fláneur [callejero], que es el que se encuentra a sus anchas en la urbe, el que compone la multitud. Aquél que se ampara en la masa, es el paseante de la ciudad, el que investiga. Se encuentra en uno de los poemas más famosos de Les Fleurs du mal: “Aullaba en torno mío la calle. Alta, delgada,/de riguroso luto y dolor soberano,/ levantando el festón y el dobladillo al vuelo;//ágil y tan noble, con su pierna de estatua./Yo bebía, crispado como un loco, en sus ojos, cielo lívido donde el huracán germina, la dulzura que hechiza y el placer que da muerte”.

 

Javier Méndez-Vigo

 

Visto 1325 veces Modificado por última vez en Domingo, 30 Diciembre 2012 12:14

Deja un comentario

Noticias económicas

Noticias Conciertos