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Lunes, 17 Diciembre 2012 01:00

¿NUEVOS PROLETARIOS? (1)

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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En el espacio que va de la transición del siglo XX al XXI la sociología nos ha hablado sobre el “hecho” de la desaparición de la clase obrera. Era la época del “fin del trabajo”, que teorizaba J. Rifkin (asesor del B. Clintón) diciéndonos que el futuro se encontraba en la autoactividad de los individuos. Hoy, casi treinta años después, nos encontramos con el “desempleo masivo” y una crisis sistémica del capitalismo.

No era la primera vez, ni supongo que será la última, en que veamos esta ideología. Ya en la década de los 60 del siglo pasado, un pensador ecologista como André Gorz publicaba un libro que llevaba por título Adiós al proletariado. El “progreso” del capitalismo en la etapa de los años gloriosos de la postguerra en Europa se hablaba incluso del “pleno empleo”. Pero en el primer tercio del siglo XXI este castillo de naipes ha caído ante nuestros ojos.

Baste recordar que esto fue posible a dos condiciones políticas: 1) Un pacto social (keynesiano) basado en la demanda, y que fue posible gracias a la existencia del “enemigo” (el bloque soviético); 2) pero al mismo tiempo existía una explotación por parte de occidente de los grandes recursos en los países coloniales. Estas dos condiciones permitían que el centro de los países occidentales tuvieran dicha prosperidad, y que al mismo tiempo aquella burguesía repartiera las migajas entre su clase obrera con derechos económicos y sociales que en el resto del mundo no existían.

¿Qué ha sucedido para que en la actualidad derechos que creíamos sagrados desaparezcan o estén a punto de desaparecer? ¿Qué el trabajo ya no sea un derecho? ¿Qué el trabajo en algunos momentos sea una quimera? ¿Cómo es posible que demonice a los sindicatos por el hecho de que tengan “liberados”, cuando resulta que la CEOE tiene el triple como mínimo de liberados más? ¿Dónde está hoy día el “salario diferido”? Derechos que al fin y al cabo se encuentran en la basura y que solo la lucha de la clase obrera podrá de nuevo conquistar en un futuro…

Hoy, lo primero que hay que afirmar es que la “Ideología” del Fin del trabajo fue una trampa que consiguió imponer una nueva política -la del neoliberalismo. ¿Cómo y en qué condiciones? El neoliberalismo tuvo entre otros principios dos que a mi modo de ver son fundamentales para comprender nuestra realidad presente: El Estado es un obstáculo, y el control de la economía era una aberración. Dos dogmas que han permitido el desmantelamiento de todas nuestras conquistas sociales. Por una parte, cualquier “rigidez” que no dé libertad al mercado ha de ser abolida. Por otra, el Estado sólo sirve para favorecer dicha libertad de mercado.

Y todo lo dicho había de permitir un nuevo período de acumulación de capital. Por tanto, había que haber una transferencia de rentas de la clase obrera a la clase burguesa, mediante el abaratamiento de costes. Ahora bien, que quiere decir la burguesía cuando habla de abaratamiento de costes: abaratar la mercancía que la burguesía compra Y no nos olvidemos, la burguesía la mercancía que comprar para iniciar el “proceso productivo” no es otra que la mano de obra, o para utilizar la terminología marxista: la fuerza del trabajo. Y abaratar costes de dicha mercancía significa entre otras cosas el hecho de rebajar salarios. Pero al mismo tiempo, también se puede abaratar dicha mercancía mediante la reducción o casi desaparición del salario diferido (lo que en economía se denomina “cuota social”, o también la privatización de la sanidad.

Pero aún queda algo más: demonizar a los sindicatos. ¿Por qué? Es verdad que los sindicatos se burocratizan, es verdad que las direcciones sindicales pueden convertirse en apéndices del Estado. Pero el trabajado, la clase obrera no puede olvidar que los sindicatos son el único instrumento que tiene la clase obrera para defenderse de la explotación y al mismo tiempo para conseguir los derechos económicos. Por su parte, para la burguesía es clave en su proyecto de acumulación de capital el demonizar y en su caso acabar con el sindicalismo. No me resigno a quedarme aquí y quisiera citar a un Catedrático de Derecho del Trabajo y colaborador de CCOO: “El sindicato tiene como objetivo fundacional y como razón de ser defender a los trabajadores asociados o afiliados al mismo. Los medios de los que se dota el sindicato para la defensa de los intereses de los trabajadores son muchos, pero los más importantes son la negociación colectiva y la huelga. La negociación colectiva para conseguir condiciones salariales y laborales para todos los trabajadores en su conjunto, sin tener que someterse a un acuerdo individual o a la imposición de las mismas unilateralmente por el empresario. La huelga como medida de presión para que el empresario acepte negociar colectivamente las condiciones salariales y de empleo de los trabajadores de una empresa o de un sector productivo” (Antonio Baylos).

Acabar con los sindicatos (cosa que pretende la burguesía) supondría una “derrota” del movimiento obrero. El intento de acabar con los derechos sociales y económicos supone volver a las relaciones sociales del siglo XIX. La burguesía pretende individualizar las relaciones de producción con lo que introduce la competitividad dentro de la misma clase obrera, dividiéndola entre trabajadores fijos y parados, entre precarios y excluidos; entre los semiproletarios y el lumpen. Y para esto estratifica a la misma clase obrera, apareciendo actualmente la figura de los nuevos proletarios.

Bibliografía

Antonio Baylos, ¿Para qué sirve un sindicato? Catarata. Madrid 2012

Javier Méndez-Vigo

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