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Viernes, 21 Diciembre 2012 15:42

¿NUEVOS PROLETARIOS? (2)

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Rosa Luxemburgo en su Introducción a la economía política nos dice que “para que la fuerza de trabajo aparezca siquiera como mercancía no basta que el hombre pueda trabajar si se le entregan medios de producción, sino que hace falta que pueda trabajar más de lo necesario, para la producción de sus medios de existencia. Tiene que poder trabajar no sólo para su propia manutención, sino también para el amo, comprador de la fuerza de trabajo”. Perdón por recurrir a un clásico, pero a veces es necesario no ya ante el olvido sino incluso de la derrota de las ideas. Pero a pesar de esto la realidad es cruda en la periferia de Europa, cuando según las últimas citas oficiales 2 millones de niños pasan hambre y cuando ya existen 12 millones de pobres en el Reino de España.

Es verdad que en la anterior Recesión generalizada (1980-1982) algunos pensadores –como André Gorz-  hablaban de que el proletariado había desaparecido. Más de treinta años después la situación parece muy distinta. Este mismo año una pensadora reactualiza la situación y habla de  “nuevos proletarios”. Sarah Abdelnour considera que la aparición / reactualización del concepto se debe sobre todo al  “estallido de las clases populares” que se concretan en dos puntos: 1) el retroceso de la afiliación sindical y 2) el ascenso del populismo y de los partidos fascistas.

¿Cuándo se produce la reactualización? Hoy ya sabemos que es precisamente la Recesión generalizada (1980-1982,) la que permite el triunfo de la hegemonía neoliberal, la que introduce nuevas  “figuras” en el mercado de trabajo. No olvidemos que 1982 es el año del primer gobierno de Felipe González, en el que su Ministro de Economía M. Solchaga inicia el proceso de Reconversión Industrial (que en la práctica fue un “desmantelamiento” de nuestras industrias, ante la exigencia del Mercado Común). Es la época en la que la Nueva Economía (neoliberal) introduce los términos de precariedad y flexibilidad. Es el término de precariedad  el que se impone. Y la misma Sarah Abdelnour nos señala tres características de la misma: 1) la inseguridad material o económica, la discontinuidad o la debilidad de las rentas; 2) la inseguridad estatutaria, es decir, el déficit de protección social; 3) el estigma de la indignidad social que va vinculada a la situación de ser un precario

Pero a la vez la precariedad nos lleva a un nuevo paradigma sociológico que es el de la exclusión social. En el tránsito de un siglo a otro nos encontramos con la siguiente triada socioeconómica: Paro-precariedad-Exclusión socialEntendiendo la exclusión como la ruptura del vínculo social.

¿Cuál ha sido el método que ha permitido la aparición del precario? No ha sido otro que el de la “generalización de la subcontrata”. Si nos remitimos al mercado de trabajo del Reino de España nos podemos encontrar con una serie de testimonios que nos hablan del trabajo por días, por horas, o por semanas. Un proceso que conlleva el cambio de las condiciones de trabajo:  “las consecuencias alcanzan igualmente s las condiciones de empleo y trabajo, menos favorables de las que se beneficiaban los trabajadores de las empresas que no toman estas órdenes, en términos de salarios y de estallido de la relación del trabajo”.

La precariedad conlleva incertidumbre e inestabilidad, pero al mismo tiempo retrotrae a épocas pasadas ya que ha permitido la individualización de la relación contractual. La relación institucionalizada es entre el individuo y el empresario como  “hombres libres e iguales”. Ahora bien, en esta relación donde se nos hace creer que los sindicatos sobran, ya que entorpecen la relación individual, la situación no es de igualdad, sino asimétrica. Se olvida (o no se quiere recordar) que la contractualidad inter-individual  (libre e igual) entre empresario e individuo que trabaja presupone una contractualidad central que impone las leyes que institucionalizan la relación social entre trabajador y empresario.

Pero la Crisis sistémica actual todavía ha añadido un antagonismo más: el problema de la inmigración. Mano de obra barata para el sistema e instrumento de chantaje para el proletariado nativo. Como bien dice  Sarah Abdelnour  “la inmigración además es pensada frecuentemente como un problema, y esto ya que si la mano de obra inmigrada es buscada durante los períodos de crecimiento económico, se transforma muy rápidamente en chivo expiatorio en período de recesión”.

Lo que se ha producido no es un  “adiós al proletariado” sino más bien una degradación del empleo que ha permitido la  “toma de control de la mercancía [fuerza del trabajo] por el capital. Lo que se ha producido es la “sumisión real del trabajo al capital” que permite incluso apropiarse de la manera misma en que se ejecuta el trabajo. Y ha permitido también el chantaje e introducir la competitividad entre los propios trabajadores, convirtiendo a cada uno en un “enemigo” del otro.

Podemos concluir con André Bilbao que la profundización de la lógica mercantil con la  “expulsión” del papel del Estado ha supuesto: 1) una ruptura de la solidaridad entre los trabajadores; 2) la crisis de los sindicatos, impulsada desde arriba por una contractualidad central que pretende excluirlos, y desde dentro al individualizar la relación salarial. Y el eje de todo ha sido la aparición de la subcontrata, que ha sido institucionalizada en las  “Reformas Laborales” llevadas a cabo en la década de los 80 del siglo pasado.

Bibliografía

Sarah Abedelnour, Les nouveaux prolétaires. Textuel, Paris 2012

Andrés Bilbao, El empleo precario, Catarata, Madrid 1999

Rosa Luxemburgo, Introducción a la economía política, Siglo XXI Madrid 1974

 

Javier Méndez-Vigo

Modificado por última vez en Domingo, 30 Diciembre 2012 12:27

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