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Viernes, 18 Septiembre 2015 15:13

DÉFICIT DEMOCRÁTICO (y 2)

Escrito por  Javier Méndez-Vigo
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Charles Tilly en su libro sobre La Democracia nos dice que “un régimen es democrático en la medida en que las relaciones políticas entre el Estado y sus ciudadanos se demuestran con consultas mutuamente vinculantes, amplias, iguales y protegidas”. ¿Qué lejos de esta definición se encuentra el Régimen del 78? Un régimen que no prescribe el Referéndum de una forma “vinculante” y que además no permite las “huelgas políticas y/o de solidaridad”. Pero es que además dicho régimen no permite la elección democrática de la Jefatura del Estado.

Dicen que la democracia de dicho régimen se encuentra cimentada en un consenso de las fuerzas políticas. ¡Si se levantara Rousseau e incluso el mismo Tocqueville! ¡Cómo juegan los burócratas de turno con el lenguaje!  Lo que ocurre en la modernidad es una cosa muy distinta al término de consenso; sería mejor hablar de correlación de fuerzas. Si de verdad hubiera existido ese consenso que nos restriegan por la cara, aquella Constitución sería inamovible. Simplemente por poner un ejemplo: ¡qué lejos queda la definición del sistema económico! [Economía social de mercado]. Dónde está el derecho a la existencia, o el derecho a la vivienda que si son reconocidas por nuestra Carta Magna.

Nuestra democracia [representativa] no es más que prodecimentalismo con unas reglas basadas en el juego de mayorías y minorías. Donde las relaciones entre el Estado y los ciudadanos parecen basarse en un mero “mercadeo” donde vender un determinado producto. 

Después de 37 años dicho Régimen se encuentra en plena crisis. Entre otras cosas porque existen dos problemas fundamentales sin posible solución dentro del sistema económico en el que vivimos: el problema nacional y la cuestión social. Una Constitución donde a raíz del 23F se devaluó el problema nacional y se constituyó el “café para todos”. Con una Ley de mal fario como fue la LOAPA. Después de 37 años el problema continúa enquistado y sin visos de solución.

El  Régimen del 78 pretendió emular a la socialdemocracia europea e intentó construir un Estado del bienestar basado en unos derechos económicos y sociales. Pero el problema fundamental de dicho Régimen reside en esto lo intenta en el mismo momento en el que en el resto de Europa está triunfando una ideología completamente antagónica: el neoliberalismo. Mientras que el pacto keynesiano se basa en la demanda y en la política pública, con la particularidad de conceder derechos para que los sindicatos cogestionen la economía “sin poner en duda” su sistema. Por su parte el neoliberalismo se basa en una política monetarista y en la defensa de un Estado mínimo (que solo sirviera para defender los intereses de una clase social).

Si además, con el paso del tiempo, nos encontramos con que la ideología neoliberal hegemoniza culturalmente la sociedad, nos damos cuenta de   que dicha ideología se convierte en el humus que riega cualquier tipo de organización. De ahí que la socialdemocracia devenga en social-liberalismo y en que la cogestión se transforme en componendas  y corruptelas (como las tarjetas blak).

Y uno acaba preguntándose: ¿en una democracia representativa y elititas como la del Régimen del 78 donde queda la participación del pueblo?

Modificado por última vez en Miércoles, 30 Septiembre 2015 17:55

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