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Jueves, 31 Mayo 2012 02:00

Cuervo ingenuo aún vuela

Escrito por  anónimo
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No dudamos desde esta columna que Pablo Iglesias y sus colegas tuvieran a bien fundar un partido según los principios que el socialismo implica. Tampoco dudamos que en sus dirigentes hay personajes que van desde personas que creen en el socialismo moderno a aquellas que solo creen en su cuenta corriente. “Si no le gustan mis principios, tengo otros” que decía el otro Marx.

No vamos a atizar a la directiva, ya se atizan bastante ellos con su incompetencia demostrada. No, el fundamento de esta reflexión es la masa que dice llamarse socialista y que enseguida se apropia, como si fueran sinónimos, el ser de izquierdas. Y francamente no saben de lo que hablan.

 

Quizás fuera una moda en los ochenta. El socialismo molaba. Felipe era de largo el mejor político del país, y en esta tierra tan acostumbrada a seguidismos ciegos, millones de personas se subieron al carro ganador. No se plantearon lo que significaba ser de izquierdas, simplemente querían participar de la victoria. Fue su pequeña revolución.

Pero como toda revolución, un enemigo le aguarda, el tiempo. Este pasó irremediablemente y pronto muchas de esas personas se vieron enfrente de unas ideas que para nada hubieran aceptado de saber que eso era ser izquierda. Aborto, divorcio, matrimonio homosexual, adopciones, seguridad social para todas las personas…ser de izquierdas es, entre otras cosas poner al ser humano por delante de su origen, raza, estudios o compromiso. Creer en la humanidad por encima de todas las cosas, pero en una humanidad solidaria y fraternal.

También es ser de izquierdas no rechazar el progreso, aunque suponga abandonar costumbres arraigadas, y reconocer los errores propios y ajenos, asumiendo responsabilidades pero no culpabilizando. Hoy en día, en la masa social que vota PSOE a nivel estatal, autonómico y local nos encontramos con mucha gente que parte de supuestos de derechas, que es de derechas, que actúa y piensa como gente de derechas.

Todo esto volvió a reproducirse en la época de Zapatero, con los efectos que ahora padecemos: la victoria aplastante de Mariano Rajoy y el mismo neoliberalismo que debíamos combatir. La ambigüedad de las bases del PSOE no solo es perjudicial para la izquierda de este país, si no para el PSOE mismo. Más valdría tener menos votos, pero más concienciados. Es este tipo de persona, más común de lo habitual, la que hace que cuando hablamos del Partido Socialista Obrero Español, pongamos en duda lo de que es socialista y es obrero.

Pero esto no es nuevo, para muestra un botón del año 1986.

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