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Sábado, 16 Noviembre 2013 18:16

Editorial XXI

Escrito por  Editor
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Todos los que tenemos ya cierta edad no muy alta recordamos a esa gran estrella de Hollywood empuñando un fusil y asegurando que solo se lo arrebatarían de las manos cuando el frio de la muerte le aflojara los dedos.

Afortunadamente no vivimos en un país como EE.UU. que permite libremente el tráfico de armas entre sus ciudadanos. No obstante, es relativamente fácil en ciertos círculos que se muevan en el mercado negro armas cortas, lo cual puede resultar alarmante, pero no es la tónica general.

Lo cierto es que no ocurre por igual con las armas destinadas a la caza. Ahora mismo que ciertas vedas están abiertas no es extraño ver a un hijo acompañar a su padre a cazar, con perros y armas de fuego. Tampoco es extraño que en la soledad del coto, sea el menor el que dispara el arma bajo la supervisión del progenitor.

Queremos llamar la atención sobre dos cuestiones al respecto: el control de las licencias y la responsabilidad de los padres. Porque estamos hablando de armas que pueden ser mortales en malas manos.

No tenemos claro que el control sobre las armas de caza sea efectivo. Somos testigos habituales de personas con historiales violentos, de problemas psiquiátricos o delictivos que son aficionados a la caza y disponen de varias escopetas, por poner un ejemplo. Las fórmulas para burlar a la ley son tan escandalosas como conocidas por todos.

Por otra parte, los padres deben ser conscientes que por más afición que tengan, las armas de fuego son, como su nombre indica, peligrosas. Por lo tanto, pueden producir con relativa facilidad (mucho más que una flauta o un lápiz) catástrofes y tragedias de las que todos solemos lamentarnos, pero de las que muy pocos somos conscientes.

Por lo tanto hacemos desde esta página un llamamiento a la conciencia y responsabilidad del cazador para el uso de las armas, porque los accidentes existen, pero deben ser conscientes de los riesgos que corren y evitar la imprudencia.

Para otra ocasión dejaremos la curiosa a la par que escandalosa paradoja que se restinga la caza en “parany” por no ser selectiva y se permita la caza “selectiva” con escopeta… En ambos casos, el instrumento de caza es tan selectivo como lo desee su manipulador, que suele ser nada.

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