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Lunes, 17 Marzo 2014 19:17

El valor de la educación.

Escrito por  El editor
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Asistimos impávidos al desmantelamiento de la educación y todo lo que comporta ello para el futuro de nuestra sociedad. No es tan solo la vejación sufrida a manos de los políticos, que no hacen otra cosa que generar tantas reformas educativas como asesores nombran, además de renunciar al sistema público en favor de la siempre dudosa gestión privada.

Por si esto fuera poco, existe además un desprestigio de la labor educativa, propiciada en gran parte por muchos de los que ocupan plazas de “maestro” en primaria o de “profesor” en secundaria, por no hablar ya de la universidad. Chupópteros que más allá de dudosas vocaciones, solo pretenden obtener un trabajo cómodo, sin muchas preocupaciones, con amplias vacaciones y bien remunerado. Obviar que hay muchos de estos “okupas” en puestos que han ganado, no sin esfuerzo pero sí sin vocación, es obviar el daño que en el fondo producen a una ocupación que necesita de fuertes cimientos personales para cumplir eficientemente con su labor, ya que la educación nunca es una empresa ni tiene horarios. Es una vocación.

Pero otro mal aún más grave se cierne sobre la labor educativa: la desesperanza. Durante generaciones, la única posibilidad de medrar socialmente y alcanzar un futuro mejor fue el estudio sacrificado: el abuelo pastor se sacrificaba para que el padre agricultor supiera leer y escribir y pudiera ayudar al hijo a repasar las matemáticas que le convertirían algún día en administrativo para que el nieto, una vez licenciado obtuviera un porvenir insospechado para sus ancestros. Todo con su parte de sacrificio y esfuerzo. Todo con la esperanza de un futuro mejor.

Pero hoy en día, en muchos casos, esto se ha perdido. El modelo divulgado por la sociedad capitalista de la desinformación, el fracaso escolar oculto de las estadísticas y  arrastrado por muchos progenitores o la simple desidia social neoliberal, junto con el interés de la más rancia derecha clasista y el egoísmo sembrado por el capital, han provocado que muchas familias proletarias (por qué aunque lo duden, existen aunque las llamen de otra forma) deseen a sus hijos un trabajo temprano y que abandonen su formación, por que trabajar les será más provechoso que estudiar.

Y esta mentira, junto con la que defiende que no todos sirven para estudiar (cuando lo que falta es disciplina, tiempo e interés) lo único que provoca es la falta de esperanza en un futuro mejor y unos futuros parias sociales a los treinta años: gente sin esperanza y sin margen de mejora que desea para sus hijos una educación que creen que no tiene valor.

Pues tienen una parte de razón, la educación no tiene valor, ni tampoco precio.

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