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Miércoles, 23 Julio 2014 17:30

Editorial XXIX

Escrito por  VJMonC
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Ahora que no son pocas las organizaciones ciudadanas que, ejerciendo por primera vez en este país lo que viene denominándose acción civil o ejercer la ciudadanía activa, protestan por la falta de recursos del estado para ayudar a nuestros vecinos más necesitados, querría desde estas líneas recuperar una idea largamente reflexionada, y que a su vez ya ha sido tratada alguna vez en alguna de nuestras secciones.

¿Cómo puede el estado, en algunas de sus ramificaciones (Comunidades autónomas, diputaciones, ayuntamientos o Gobierno) gastarse las cantidades indecentes de dinero que se gastan en cualquier tipo de festejos? Y me sirve cualquier tipo de festejo, desde el más humilde teatro de calle a la más ruidosa verbena musical. ¿Es que no hay ciudadanos, y por lo tanto miembros del estado, que necesitan ayudas públicas que el estado, en cualquiera de sus ramificaciones le niega por falta de fondos? Es de hipócritas mantener esa actitud, porque de manera latente, se está gestando un problema mayor: el desarraigo, la delincuencia y la conflictividad social (y no me refiero a nuestros amaestrados sindicatos precisamente).

Y habrá voces, siempre hay “inteligentes”, que dirán que los festejos son una forma de riqueza, y que hay empresas que viven de ellos, y sus trabajadores tienen derecho a vivir…y yo les digo, ¿queremos un país de pandereta? ¿Un país donde solo se nos conozca por la fiesta y el desmadre? Las bases de una sociedad moderna, no son el jolgorio. El ocio es importante, pero para una sociedad moderna en crisis, no una base ponderable ni un destino aceptable para los fondos. Porque un estado, además de servir a la ciudadanía, debe gestionar y redistribuir la riqueza entre todos sus miembros, y no malgastarla. ¿Cómo le explicamos a un niño que tiene que acudir a un comedor social que no podemos darle un trabajo o generar una ocupación para sus padres desde el estado, pero sí gastarnos una fortuna en festejos taurinos? ¿Cómo se le explica a una madre que debe rebuscar en un contenedor alimento para los suyos, que podemos pagar una orquesta para irnos de fiesta? ¿Cómo le explicamos a una familia sin recursos, abandonada a su suerte y a la caridad, que no puede pagar la guardería pública para poder ir a trabajar y malvivir, que sí podemos como ayuntamiento pagar unos festejos? Solo siendo unos hipócritas inconscientes.

Y una vez realizada la reflexión, aprovechamos este editorial que quiere llamar a la conciencia de los lectores para felicitar a uno de nuestros redactores, que tras mucho esfuerzo, sacrificio y trabajo (valores desterrados por nuestra sociedad de consumo y nuestros gobernantes) ha alcanzado finalmente la culminación de su doctorado. ¡Enhorabuena responsable!

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