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Viernes, 16 Enero 2015 21:21

Editorial XXXIV

Escrito por  VJMonC
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Los que hayan visto la película o sobre todo leído la obra cumbre de Umberto Eco “El nombre de la rosa” sabrán a que me refiero. Todo el mal que se cierne sobre la abadía, está relacionado con un libro supuestamente perdido y que lleva a la locura, cegado por el fanatismo religioso, a un monje católico.

¿Y de qué trata ese libro maldito? ¿Es quizás una obra alquímica? ¿Un tratado militar? ¿Algún libro que revela secretos misteriosos y poderosos? Pues tan solo es un hipotético libro dedicado por Aristóteles a la comedia. Según contextualiza la novela, el Estagirita dedica uno de sus libros de reflexiones a la borla, la risa, la bufonada, la comedia, el chiste… ¿Por qué tanto miedo a la risa? Como bien explica el venerable Jorge, ciego más por la fe que por la ceguera de sus ojos, porque la risa ridiculiza a Dios, hace perder el miedo, y por lo tanto, se pierde el temor a Dios. Así pues, cualquier fundamentalista que base su fe en el miedo, odia la risa. Podemos encontrar ejemplos más actuales en los regímenes totalitarios del siglo XX (Franquismo, Nazismo, Fascismo, Stalinismo…todos censuraron y castigaron la comedia relacionada con sus regímenes) en las actuaciones de algunos personajes oscuros (J. Edgar Hoover y el FBI por ejemplo) o en los movimientos ultra religiosos.

 

Recientemente hemos vivido como algunos fanáticos, seguidores de un credo distinto al del venerable Jorge de la novela, pero igual de ciegos ante la realidad, han causado dolor a personas por el mero hecho de ejercer su libertad de expresión y hacer reír. Es un acto abominable que no tiene perdón, y desde esta publicación nos sumamos (en la medida que lo permite nuestro calendario) a la condena de estos hechos. Eso sí, no caeremos en el recurso igualmente fanático y ciego de culpabilizar a un credo religioso de la acción de unos pocos, pues donde ahora unos salvajes gritan allahu akbar!, otros no menos salvajes antes gritaron Deus vult illud!

Todos, los que gritaban antes y los que gritan ahora, tuvieron fe donde deberían haber tenido conocimiento.

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