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Miércoles, 25 Febrero 2015 19:21

Editorial xxxv

Escrito por  El editor
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Se da una curiosa situación en algunos hogares y en la actitud de algunas personas que es, más que curioso, preocupante.

Pongamos un ejemplo: imaginemos un infante que, llegado el momento de sus calificaciones estivales, aprueba todas las asignaturas, si bien sus notas son simplemente buenas. Nada extraordinario, nada insuficiente. Simplemente buenas. Dejando de lado interpretaciones pedagógicas basadas en principios psicológicos en continua discusión sobre refuerzos al desarrollo positivo, ¿merece el sujeto en cuestión un premio o mención por sus resultados?

No ha realizado nada extraordinario, tan solo ha cumplido con el objetivo mínimo requerido. No hay nada que destaque ni que esté por encima de lo esperado. Tan solo, ha cumplido con lo que se esperaba de él. ¿Merece una felicitación por ello? La respuesta para este redactor es que no. No merece una riña, ni un castigo, pero la exigencia debe ser mucho mayor para conseguir un beneficio o un aplauso.

Si transformamos el ejemplo a otro tipo de situación, como pueda ser la gestión política o los resultados de una empresa, podemos realizar el mismo paralelismo que con el estudiante. Por realizar su labor con eficiencia, no se merece más recompensa que la normal. Un comercial, administrativo o empleado de una línea de producción que desempeñe las funciones que le son propias a su cargo eficientemente no merece otra recompensa que su sueldo y estatus merecido. Las conocidas “retribuciones por objetivos” son tan solo una forma que tiene el capital de enmascarar una bajada de sueldo, pues no siempre un esfuerzo obtiene justa recompensa, ya que influyen múltiples factores ajenos al control del empleado o del empleador.

Caso aún más significativo es el del político. Gustan estos personajes de presentarse como “servidores públicos”, lo cual es un grave error. Un político es un gestor de lo público, y como tal, se requiere de su persona el trabajo para el que ha presentado su candidatura y ha sido elegido. No merece mayor aplauso, mención o gratitud por cumplir su labor que un estudiante o un trabajador por cuenta ajena, salvo que realice una función por encima de las demandas de su puesto, ante lo cual, sin duda, la mención estará más que justificada.

Pero si tan solo se cumple con los mínimos necesarios para el correcto cumplimiento de sus cargos o responsabilidades y se les premia, recompensa o muestra gratitud por ello, estamos fomentando la incompetencia antes que lo extraordinario, premiando lo sencillamente necesario.

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