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Viernes, 22 Mayo 2015 17:48

Editorial XXXVIII

Escrito por  El Editor
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Llegados estamos en este mes de mayo a la cita electoral, tanto en autonómicas como en las elecciones locales. Nos centramos en estas últimas, en concreto en las que se celebraran en la localidad de Bechí. Unas elecciones que, siendo críticos como se espera de esta sección, tampoco pasaría nada si no se celebraran.

Afirmamos lo anterior porque, aparte que todos los partidos firmarían otros cuatro años de paz, servilismo y tranquilidad (además de pagas por asistir a plenos a sonreír) no existe verdaderamente una opción alternativa que pueda presentar una vía distinta. Aunque se presenten con distintas caras y modos, no hay proyecto que se salga de las líneas maestras marcadas por la idiosincrasia local, una cierta dosis de caciquismo y el costumbrismo tradicionalista que embarga a todos los partidos concurrentes. Un pueblo conservador, con ideas conservadoras y con candidaturas conservadoras en el 95% de sus propuestas.

Ningún partido apostará por un diferente modelo productivo, ni a gran ni a pequeña escala. No se alterarán por el fracaso escolar, ni por la falta de oportunidades. No se resignarán, porque lo verán como algo tradicional, al cambio de roles del que tanto adolece nuestra sociedad. No descubrirán al vecino violento que pega a su mujer, al drogadicto que poco a poco cava la tumba de su familia por su adicción, o al camello que se enriquece sin trabajar paseando en BMW sin ingreso. Si levantaran la mano, ellos serían los culpables de romper la falsa armonía de esta hipócrita sociedad.

Tampoco levantaran el dedo ante los abusos de la secta mayoritaria, si no que aplaudirán la cada vez más numerosa presencia de santos, santas y demás imaginería en el callejero, en los actos festivos y en las plazas. Las actividades lúdicas y festivas seguirán teniendo como mayor atractivo el consumo de alcohol, ya que nada más se fomenta como se debe. Por supuesto seguirán siendo opacas a la hacienda y al pago de impuestos, con lo que nos estaremos robando un poco a todos y un poco más a los locales que paguen sus licencias y sus impuestos.

Nadie se quejará, si no que acudirán prestos a las inauguraciones de obras y reformas innecesarias mientras los miserables sigan siendo un poco más miserables, y las zonas abandonadas y marginales de la localidad sigan perdiendo inversiones en favor de las zonas acomodadas. Por supuesto que las zonas tradicionales seguirán recibiendo las actividades molestas, en horarios intempestivos y posiblemente incumpliendo no pocas leyes (incluso alguien podría hablar de prevaricación) ante la indiferencia del resto: “son solo unos días sin dormir y es en las afueras” dirán.

Tampoco se preocuparán de la integración de los seres humanos que habiten en la localidad, pues en el fondo siguen pensando aquello de que son forasteros al no tener los ocho apellidos bechinenses, y seguro se escandalizan antes por recordar el nombre histórico de la localidad (revisen documentos medievales a ver si encuentran un “TX”) que por el maltrato animal, la modernización de asociaciones o la suciedad de las calles o el empleo precario. Que unas son tradiciones (como si esto fuera un cheque en blanco) y las otras se deben cambiar.

Ante todo lo anterior, si ustedes se plantean que a las preguntas que deben hacerse antes de decidir su voto, alguien les contesta afirmativamente con sus propuestas y creen que lo cumplirá, les animamos a depositar su voto en él. Por nuestra parte, habiendo unas opciones que en el fondo son solo una, preferimos recomendar abstenerse de votar o votar nulo.

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