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Lunes, 07 Marzo 2016 20:19

Acoso y derribo

Escrito por  El editor
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Asistimos tras los últimos acontecimientos electorales a la pataleta final de un sistema lastrado tanto por la corrupción como por la general incompetencia de la mayoría de sus miembros: el que valía se dedicaba a ganar dinero en la empresa privada, y el que no, a ganarlo en la política, que ahí entraba cualquiera. Pero ahora, gente distinta ha decidido entrar en política. Nótese que no decimos ni mejor ni peor, decimos distinta. Además, no nos referimos al honrado regidor que intenta mejorar su pueblo, sino al que pretende vivir de su pueblo, aunque este tenga cinco mil habitantes.

Esta obscena definición, un tanto exagerada, no deja de inquietarnos cuando se intenta deslegitimar que un determinado porcentaje de la población (bastante alto para su reciente llegada a la arena política) decida su voto por posiciones más alejadas de las tradicionales. El miedo de los conservadores (encabezados por la dirección del PP y por la baronía del PSOE mayoritariamente) ha tenido como reacción un todo vale contra la principal de estas fuerzas, que representan en principio algo distinto al modelo imperante los últimos 30 años. ¿Es esto malo por sí mismo? No, pero si intentan venderlo como una personificación del mal.

Olvidan estas fuerzas reaccionarias, en gran medida herederas ideológicamente de los crímenes perpetrados contra la II República, que las urnas son soberanas. Que la democracia tal y como está montada en este país no es sacar más votos que las otras fuerzas, sino representar a más gente, y para ello son totalmente válidos los pactos, faltaría más.

Porque si se tratara de otra época, el ruido de sables asustaria ya a la mayoría de una población que no entiende de grandes economías, sino de pequeñas economías que naufragan, no hay que callar una verdad. No hay capital que pueda asustar al poder de las urnas, porque si llegamos a ese nivel, que los poderes económicos decidan que gobiernos son válidos y cuáles no, no hará falta un ejército para dar un golpe de estado: lo habrán dado desde el como salón de sus mansiones. Y no tendremos que plantear una elecciones, sino un contragolpe y la resistencia.

Recomendamos pues a la sociedad civil estar atenta. A los gobernantes, hacer política. Y a los políticos, empresarios, periodistas y lameculos conservadores de este país que no hagan más el payaso, y que permitan a los dignísimos representantes de dicho oficio (cómicos o titiriteros)  ejercer sin censuras ni amenazas, en lugar de meterlos en la cárcel por buscar un titular y atacar a un gobierno legítimo. Una cárcel donde sin lugar a dudas, deberían mandar a muchos de sus compañeros de partido y a más de un “honrado” empresario de la patronal.

Modificado por última vez en Martes, 15 Marzo 2016 16:27
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